Nicolás, taxista: «No tenemos miedo, pero sí mucha inseguridad»

Los taxistas de Madrid defienden su compromiso con el servicio público frente al coronavirus

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Nicolás, taxista madrileño no tiene miedo, pero si inseguridad
Nicolás, taxista madrileño no tiene miedo, pero si inseguridad

Uno de los colectivos con fuerte riesgo de contagio por coronavirus es el de los taxistas. Ellos ofrecen un servicio público que les lleva a pasar muchas horas en contacto con personas desconocidas, en un espacio pequeño y fácilmente contaminable. No pueden usar servicios de protección, dado que ponerse guantes y mascarilla podría afectarles en la captación de clientes.

«Yo no me subiría si el conductor lleva mascarilla» reconoce el taxista Nicolás Cano. Él cree que estos equipos generan mala imagen (de enfermo) y que los taxistas necesitan generar confianza en sus usuarios, a los que notan intranquilos. «En este tipo de negocio no puedes dar pie a que la gente piense que pasa algo, hay que dar cercanía».

Para Nicolás, la situación es especialmente sensible puesto que, entre otras dolencias, padece una artritis crónica que le deja sin defensas. «Yo es que pillo un catarro a la mínima», nos dice. Le preocupa contagiarse con el coronavirus, no sólo por su salud, sino por si pudiera afectar a su familia, especialmente a su madre, una mujer de 85 años.

Natalia Viñas, su mujer, está también preocupada por la salud de su marido. Por eso están cuidando mucho la higiene de las manos, usando desinfectante al entrar en casa. «Si nos ponemos malos cualquiera no pasa nada, pero él es más delicado», nos dice Natalia. Tienen un hijo de diecisiete años y una hija de seis, que se han visto afectados por la suspensión de clases por parte de la Comunidad de Madrid.

Ahora no tienen muy claro qué hacer con la pequeña. «Igual a Natalia la permiten hacer teletrabajo, pero si no, nos tendremos que turnar», nos dice Nicolás. No quieren cargar en exceso a los abuelos, pero tampoco puede dejar parado el taxi, porque eso implica no tener ingresos.

Una de las mayores preocupaciones para los taxistas es la económica. Si paran no cobran, pero la vida sigue corriendo a precio corriente. En el caso de Nicolás, está más tranquilo que otros compañeros, porque Natalia también trabaja, y aunque tengan hipoteca, ya han pagado el coche y la licencia. Pero para los compañeros que viven más al día, la situación puede ponerse problemática.

Les preocupa caer enfermos, no por miedo al coronavirus, sino por tener que parar de trabajar y reducir sus ingresos. Por lo que les informan por radio, la Federación Profesional del Taxi de Madrid está pensando en pedir ayudas para el sector, dado que hay taxistas que hablan de una reducción de hasta el cincuenta por ciento en sus ingresos.

NIcolás es taxista en Madrid. No tiene miedo pero si mucha inseguridad
Nicolás Cano, taxista, y su mujer, Natalia Viñas

Descenso de trabajo

Después del comunicado de la Comunidad de Madrid, Nicolás notó un descenso de trabajo. «Por momentos la cosa va parada, en tráfico y en clientes», nos dice. «Pensé en ir al aeropuerto, pero como estaban suspendiendo vuelos, me fui a trillar», es decir, a dar vueltas por las calles buscando clientes.

La semana pasada los taxistas ya empezaron a notar los efectos del coronavirus, tanto en el trabajo como en el tráfico de la ciudad. El viernes ya fue «regulero tirando a malo». Nicolás nota que las calles están más vacías de coches. Cree que «la gente se queda más en casa, no va al cine, ni al teatro; eso nos afecta».

«La gente siempre suele hablar de la noticia más importante y desde el lunes pasado hablan de esto; el coronavirus es el monotema». Por su parte, los taxistas no tienen miedo, pero sienten inseguridad. ¿Y mientras esto pasa, qué hacen? «Como siempre, seguir trabajando y con el día a día, uno no puede parar por estas cosas, la vida sigue, aunque tengamos más cuidado».

Habito entre la información y el arte, como el niño que baila entre la filosofía y la poesía. Creo en el compromiso, pero no en los dogmas, y más que la verdad, busco las perspectivas, aunque siempre trato de recopilarlas de forma fiel y rigurosa. Dicen que hay un tal Zule que publica con mi voz, pero yo creo que simplemente somos dos jugadores de un mismo juego: el que cree en la palabra y su poder transformador, así como en la responsabilidad de usarla honradamente.

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