«Nébeda» una novela de Emilio Silva

Cuando estalla la memoria

Emilio Silva, periodista y sociólogo presidente de la ARMH (Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica) ha publicado en mayo del 2025 su primera obra de ficción, Nébeda, que tenía escrita desde hacía tiempo.

En un reciente viaje a Madrid el mes pasado he podido adquirirla y leerla. Comparto pues mi reflexión con nuestros lectores.

Como cuenta a menudo el autor, se decidió por fin a dar ese paso hacia la ficción publicando una obra que se nutre de su emoción y de sus investigaciones sobre los crímenes del franquismo, sobre los desaparecidos asesinados y enterrados en fosas comunes y muy particularmente de su propia historia: la búsqueda de la fosa en donde se encontraban los restos mortales de su abuelo (Emilio Silva Faba) y de otras doce personas asesinadas por los franquistas en 1936 en Priaranza del Bierzo.

La novela narra la historia de dos ancianos que tras un largo exilio en Argentina regresan a su pueblo, Pereje, allí donde en 1936 los dos amigos se echaron al monte para vengar los crímenes y vejaciones cometidos por los pistoleros falangistas en los primeros meses de la insurrección militar.

Los recuerdos de infancia del autor y lo aprendido por boca de su padre y de su abuela se entrelazan en esta ficción con muchos otros hechos e informaciones que Emilio Silva ha ido acumulando desde hace ya veinticinco años en su trabajo de investigación y de fundación de la ARMH.

El abuelo asesinado lleva aquí el nombre de Arsenio Faba, los otros personajes son un compendio de personas y de hechos verídicos transfigurados en el relato literario. Una historia, como se dice en el cine, inspirada o basada en hechos reales.

La narración de Emilio Silva nos mantiene en vilo, con emoción y suspense, librándonos una novela escrita con sus entrañas, como una necesidad absoluta de concluir ese proceso de duelo tras la desaparición de su abuelo, una suerte de terapia contra el silencio, contra el miedo y el olvido.

En su prólogo que contextualiza previamente el relato literario, el autor nos dice que al hallar la fosa común en donde fue enterrado su abuelo, ahí en su pueblo de Pereje, «nació y murió su silencio».

La fundación de la ARMH fue consecuencia de ese trabajo personal de Emilio Silva, que empezó con un artículo escrito en la prensa española con el título: «Mi abuelo también fue un desaparecido».

Una referencia a los «desaparecidos» en las dictaduras latinoamericanas, mientras que en España se sigue negando o minimizando la existencia de miles de civiles desaparecidos, víctimas de la venganza mas abyecta por los militares franquistas y los pistoleros falangistas cuando ocupaban pueblos y ciudades aterrorizando a una población que había votado libremente por la segunda república española.

Emilio Silva Faba fue el primer desaparecido exhumado de una fosa común por médicos forenses y arqueólogos en el Estado español el 21 de octubre del 2000, con verificación científica de su ADN, un hallazgo resultado de muchos años de investigación documental, que abrió las puertas a la ruptura del silencio por decenas de familias de víctimas del franquismo.

Familias de esa galaxia de perdedores de la guerra, en las que durante varias décadas al igual que en la familia Silva se nos decía en voz baja «de eso no se habla fuera de casa», por temor a las más atroces represalias.

A través de los recuerdos de esos dos exiliados que regresan al pueblo muchos años después, vamos descubriendo en esas historias personales todo el pasado, pero también el presente de ese Estado español que ha ocultado la realidad de la represión franquista mediante una ley de amnistía en 1977, que permitió al mismo tiempo proteger la impunidad de los asesinos y torturadores.

En este relato emocionante y poético, Nébeda es algo así como la magdalena de Proust para el autor, esa menta o planta aromática que alucina a los gatos y cuyo olor perfumando un plato de castañas cocidas evocan los recuerdos de sus personajes. Un hilo que va hilvanando sus reflexiones y sus deseos, su nostalgia y su tristeza en un viaje a través del tiempo. La memoria estalla e invita al lector a no aceptar el silencio, a recusar la servidumbre voluntaria que fue mantenida a base de terror y hoy a base de ignorancia.

Frente a las teorías que reivindican en nuestros días la «equidistancia» o «la concordia» entre las víctimas de la guerra civil, esta novela pone de relieve que todos esos desaparecidos no murieron en las trincheras, sino cobardemente asesinados por pura ansia de venganza. Más de 114.000 desaparecidos enterrados en fosas comunes en las cunetas de sus pueblos, que constituyen lo que en derecho internacional se denomina crímenes de lesa majestad, o crímenes de guerra.

Desde su aparición en mayo del año pasado, esta novela, publicada por Alkibla Editorial, ha sido presentada por su autor a lo largo y a lo ancho del Estado español[1], en reuniones y debates para divulgar o dar a conocer esa memoria ocultada, no con ánimo de revancha, sino simplemente reclamando justicia y reparación.

Optar por esa pequeña editorial fue para el autor una voluntad deliberada, ya que Alkibla tuvo en el pasado problemas con la censura. Un proceso fue incoado a su cofundador, el fotógrafo Clemente Bernard, por haber intentado filmar las misas franquistas celebradas en el tristemente célebre valle de los caídos para un proyecto de documental relacionado con la memoria histórica.

Un trabajo docente en colegios y universidades, así como en los medios informativos, se impone hoy como una necesidad absoluta para romper el denominado «pacto de silencio», un deber de memoria en estos tiempos que corren en donde la grave situación bélica internacional da alas y envalentona a los nostálgicos del fascismo.

Bienvenida pues Nébeda, la buena literatura como el arte y la cultura son una excelente vacuna contra la peste parda.

Esperemos que, de este lado de los pirineos, en Francia, encuentre también editorial y un buen traductor.

  1. Enlace con una presentación de su obra por Emilio Silva en la Vorágine en Santander, en septiembre de 2025.
Julio Feo Zarandieta
Periodista profesional en Francia desde 1976. He trabajado durante 35 años como periodista (Responsable de edición y critico de cine) en el servicio en castellano de Radio Francia Internacional. Pero también como corresponsal en París de diversos diarios y semanarios españoles y critico en Cine Classics (canal plus). Jubilado desde el 2013, escribo ahora en Periodistas en español y en Aquí Madrid. Miembro del Sindicato Francés de la critica de cine y de Fipresci, he cubierto numerosos festivales de cine internacionales, muy especialmente Cannes y San Sebastián. Militante antifranquista en los años sesenta, resido en Francia desde 1974, fecha en que me acordaron el asilo político. Hoy en día tengo la doble nacionalidad hispano francesa.

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