
Las primeras grabaciones de sonido fueron piezas musicales que se hicieron en soportes de cilindros de cera muy vulnerables, por lo que para su conservación se introducían en botes de lata que los protegían de los peligros a los que estaban expuestos.
Este procedimiento dio lugar a la expresión «música enlatada». Aunque algunos autores atribuyen la expresión a Manuel de Falla, fue un músico y director de bandas norteamericano, Philip Sousa, autor de «The Stars and Stripes» entre otras marchas militares, el primer músico que empleó la expresión «música enlatada» («canned music» en inglés), un término que hizo fortuna y aún se emplea para designar a toda la música que no se hace en directo.
La Biblioteca Nacional de España muestra su propio patrimonio de esta tecnología (posee uno de los archivos sonoros más importantes del mundo hispano) junto a otras piezas que son préstamos de particulares e instituciones en una exposición que recoge todos los procedimientos utilizados para captar y conservar el sonido a lo largo de la historia.
Son alrededor de 150 piezas y aparatos y otras tantas reproducciones de documentos y de material gráfico de todos los periodos desde que apareció el primer registro sonoro.
La exposición se titula «Máquinas parlantes» porque este fue el primer término que se utilizó a finales del siglo diecinueve para designar los primeros aparatos capaces de grabar y reproducir sonidos, el fonógrafo primero (para reproducir cilindros de cera) y el gramófono poco después (para reproducir discos de pizarra). El acontecimiento fue uno de los grandes inventos de la humanidad porque cambió la vida cotidiana y las formas de escuchar música.
El recorrido de la exposición invita a reflexionar sobre un fenómeno que revolucionó el mundo de la cultura y democratizó la forma de escuchar música, que hasta entonces era una expresión cultural efímera y minoritaria.
A partir de la música grabada nacieron nuevas maneras de compartirla más allá de los teatros y los espacios en los que se interpretaba en directo. Como una nueva forma de divulgarla aparecieron los gabinetes fonográficos, que reunían en sus espacios tiendas, laboratorios y salones de escucha.
El acceso a las nuevas tecnologías reproductivas fue un privilegio de las clases adineradas hasta que con el abaratamiento de los reproductores y de los propios soportes, la música se hizo accesible a otras clases sociales.
La exposición se divide en seis espacios temáticos organizados de forma cronológica desde los orígenes de la grabación en cilindros de cera y discos de pizarra que reproducían los fonógrafos de la época hasta las últimas tecnologías del siglo veintiuno.
A lo largo del recorrido se pueden escuchar las grabaciones de época y contemplar los documentos y la publicidad de cada momento (también grabaciones publicitarias sonoras) relacionada con el fenómeno musical, para entender el contexto social, cultural e histórico.
Muchos de los documentos se exponen por primera vez desde hace más de un siglo, desde aparatos musicales, soportes sonoros y partituras hasta fundas ilustradas y cajitas para guardar las agujas de los aparatos reproductores.
Cilindros de cera, discos de pizarra, vinilos, casetes, CDs, archivos digitales que la Biblioteca Nacional no sólo conserva sino que además restaura y digitaliza en una labor impagable gracias a la que no se han perdido importantes documentos sonoros que han transformado la sociedad y la historia de la cultura.








Entre los hitos de registros sonoros reproductivos, el gramófono significó un procedimiento revolucionario que permitió sustituir los cilindros de cera por los discos, más fáciles de manejar y menos vulnerables.
El gramófono favoreció la escucha de música no sólo en los hogares sino en locales de ocio, fiestas, verbenas, sobre todo desde la aparición de los aparatos portátiles en los años veinte. La música se convirtió en una compañera constante en todos los ámbitos. Y las grabaciones fueron también un importante elemento del sistema educativo al facilitar, por ejemplo, la grabación de cursos de idiomas.
En otra sección se muestra la evolución de las técnicas de grabación desde el sistema acústico con las trompetas de latón a las que los cantantes tenían que acercar la boca, a la grabación eléctrica con micrófono desde 1925.
Después del gramófono la evolución tecnológica se producía cada vez más a mayor velocidad. Pronto aparecieron el vinilo, la cinta magnética, el casete y el CD, procedimientos cada vez más importantes no sólo para la escucha sino también para la conservación y difusión. Con la aparición de la radio, los documentos sonoros de músicas y palabras fueron una presencia constante en los hogares.
En la época de internet, los podcast y las plataformas digitales, asombra la contemplación de aquellos procedimientos que conservaron los sonidos de la música y de la palabra. Sobre todo en el momento actual, en el que el acceso a la música ya no se hace prioritariamente a través de objetos físicos sino en plataformas que reproducen el espacio infinito que conserva los tesoros que se mantienen gracias a aquellos primitivos procedimientos.
- TÍTULO. Máquinas parlantes. El arte de atrapar el sonido
- LUGAR. Biblioteca Nacional. Madrid
- FECHAS. Hasta el 8 de febrero



