
El Defensor del Pueblo: Madrid, epicentro de las quejas
El último informe del Defensor del Pueblo confirma a Madrid como la comunidad con mayor número de quejas en materia educativa. Más de 8000 reclamaciones proceden de la región, el doble que la siguiente comunidad en el ranking.
Las principales denuncias se centran en la falta de plazas de FP, la atención a la diversidad y el deterioro de las infraestructuras. El organismo alerta de una pérdida de confianza ciudadana en la capacidad de la administración regional para garantizar derechos básicos.
Servicios complementarios: comedor, transporte y exclusión administrativa
Las becas de comedor y transporte siguen marcadas por umbrales de renta restrictivos y una burocracia que penaliza a las familias con menos recursos digitales. En una región con un alto coste de vida, miles de hogares quedan fuera por márgenes mínimos.
La externalización del transporte escolar ha generado conflictos laborales y problemas de calidad del servicio, afectando especialmente al alumnado más vulnerable.
Universidades públicas: asfixia presupuestaria y expansión privada
La situación es aún más crítica en la enseñanza superior. Madrid ocupa el último lugar en inversión pública por estudiante universitario, con cifras que no alcanzan los 7000 euros anuales, muy lejos de comunidades como Cantabria o La Rioja.
Las seis universidades públicas madrileñas alertan de una asfixia financiera sostenida, que limita la contratación de personal, el mantenimiento de instalaciones y la renovación de laboratorios. Los rectores han reclamado al menos 200 millones de euros adicionales para garantizar el funcionamiento básico, una cifra que los presupuestos actuales no cubren.
Mientras tanto, la oferta universitaria privada no deja de crecer. Desde 2016, los másteres privados han aumentado más de un 60 por ciento, frente al retroceso de la oferta pública. El riesgo es claro: un sistema universitario dual, donde la excelencia queda cada vez más asociada a la capacidad de pago.
Percepción social de la educación
Además del diagnóstico estructural y financiero, la percepción social de la educación también revela un malestar amplio entre la ciudadanía. Según el I Barómetro EducAcción sobre la educación en España 2025, una mayoría significativa de la población considera que el sistema necesita una transformación profunda, y una amplia mayoría valora el estado de la educación como «malo» o «muy malo».
El estudio identifica preocupaciones persistentes en torno a la insuficiencia de recursos, la falta de motivación en las aulas, el abandono escolar y la sensación de rigidez del sistema, así como la percepción de que la financiación educativa es insuficiente para garantizar calidad y equidad.
Estos datos señalan que la insatisfacción con el sistema educativo no es solo una queja técnica o sectorial, sino un sentimiento compartido por familias, docentes y opinadores públicos, que refuerza la idea de que los déficits estructurales descritos —tanto en inversión como en oportunidades— tienen un correlato claro en la opinión pública sobre la educación en España.
Marco jurídico: cuando el desarrollo autonómico entra en conflicto con la ley estatal
La crisis educativa en la Comunidad de Madrid no se explica únicamente por decisiones presupuestarias o modelos de gestión, sino también por una tensión jurídica persistente entre el marco legal estatal y su desarrollo autonómico. No se trata de un conflicto competencial abierto —la Comunidad ejerce formalmente sus competencias—, sino de un desajuste material entre los objetivos fijados por las leyes estatales y su aplicación efectiva en el territorio madrileño.
En la práctica, Madrid no deroga ni impugna las normas estatales, pero las desarrolla de forma restrictiva o las vacía de contenido mediante decisiones reglamentarias, organizativas o presupuestarias. El resultado es un sistema que cumple formalmente la ley, pero frustra sus fines.
LOMLOE y red educativa: cumplimiento formal, incumplimiento material
La Ley Orgánica de Educación (LOMLOE) establece como principios rectores la prioridad de la red pública, la reducción de la segregación escolar y la garantía de gratuidad real en los centros sostenidos con fondos públicos. Sin embargo, la política educativa madrileña ha seguido una dirección distinta.
La planificación de plazas no prioriza de forma sistemática la creación de oferta pública, incluso en zonas con suelo disponible, mientras se consolida la expansión de la red concertada. Al mismo tiempo, la Comunidad carece de un sistema eficaz de control del cobro de cuotas en centros concertados, pese a que la normativa estatal refuerza la obligación de gratuidad. Esta inacción administrativa convierte las aportaciones «voluntarias» en un mecanismo de selección socioeconómica, contrario al espíritu de la ley.
El conflicto no es jurídico en sentido estricto, pero sí político y material: los objetivos de equidad y cohesión social que persigue la LOMLOE no se traducen en políticas efectivas en la Comunidad de Madrid.
Formación Profesional: el derecho de acceso frente a la insuficiencia de oferta
La Ley Orgánica de Formación Profesional concibe la FP como un pilar estratégico del sistema educativo y establece el principio de acceso universal en condiciones de igualdad. En Madrid, sin embargo, la falta estructural de plazas públicas deja cada curso a decenas de miles de solicitantes fuera del sistema.
Aunque la ley no prohíbe la existencia de centros privados, el modelo madrileño ha convertido esta vía en sustitutiva y no complementaria, trasladando el coste de la formación a las familias y limitando el derecho efectivo reconocido por la norma estatal. Se trata de un conflicto por omisión de planificación, que no vulnera formalmente la ley, pero sí su finalidad.
Universidad pública: la LOSU frente al modelo madrileño
La Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU) fija objetivos claros: financiación suficiente, reducción de tasas, estabilidad del personal docente e investigador y refuerzo de la autonomía universitaria. La Comunidad de Madrid se sitúa, sin embargo, muy lejos de estos estándares.
La inversión universitaria permanece por debajo de los niveles recomendados y la compensación por la bajada de tasas llega tarde e incompleta, obligando a las universidades a sostener el sistema con recursos propios. A ello se suma el proyecto de Ley de Enseñanzas Superiores de la Comunidad de Madrid (LESUC), percibido por amplios sectores universitarios como una amenaza a la autonomía universitaria y una puerta de entrada a lógicas mercantiles incompatibles con la LOSU.
Aquí el conflicto es más explícito: un marco estatal garantista frente a un desarrollo autonómico orientado al mercado.
La propuesta de Ley de Enseñanzas Superiores ha encendido todas las alarmas en la comunidad universitaria. Sindicatos y estudiantes denuncian una privatización encubierta y una mayor penetración de intereses mercantiles en la gobernanza universitaria.
Inclusión educativa y atención a la diversidad: una zona de riesgo jurídico
La normativa estatal y los compromisos internacionales de España obligan a garantizar una educación inclusiva y a dotar a los centros de recursos suficientes para atender al alumnado con necesidades específicas. La insuficiencia de personal de apoyo, las dificultades de acceso a servicios complementarios y la segregación de facto sitúan a la Comunidad de Madrid en una zona de riesgo jurídico, donde el derecho existe, pero no se garantiza de forma efectiva.
Salud mental y servicios complementarios: el conflicto por omisión
En ámbitos como la salud mental escolar, el comedor o el transporte, el conflicto no se produce por contradicción normativa directa, sino por falta de desarrollo autonómico. La ausencia de una red sólida de enfermería escolar o de protocolos homogéneos deja sin contenido real principios básicos de protección del menor y de igualdad de oportunidades reconocidos en el marco estatal.
Un conflicto de modelo, no de legalidad formal
En conjunto, el caso madrileño ilustra una tensión recurrente entre legalidad formal y justicia material. La Comunidad de Madrid no incumple abiertamente las leyes educativas del Estado, pero utiliza el margen autonómico para desactivar sus objetivos centrales, priorizando la lógica de mercado frente al derecho educativo como servicio público esencial.
Esta brecha entre ley y práctica no solo tiene consecuencias educativas, sino también políticas y sociales: erosiona la confianza institucional, alimenta la conflictividad y consolida un modelo donde el acceso a una educación de calidad depende cada vez más de la renta y del código postal.
Conclusiones: un modelo educativo en tensión permanente
El sistema educativo madrileño no sufre una crisis puntual, sino una crisis de modelo. La combinación de infrafinanciación pública, expansión privada y falta de control sobre la segregación ha generado un escenario de desigualdad estructural.
Las movilizaciones docentes, las protestas de familias y el récord de quejas ante el Defensor del Pueblo son síntomas de un sistema que ha dejado de responder a las necesidades reales de su comunidad educativa.
Sin un giro claro en las prioridades presupuestarias y políticas, Madrid corre el riesgo de consolidar un modelo donde el origen social y la renta familiar pesen más que el talento, debilitando no solo la educación pública, sino la cohesión social de toda la región.
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