Un tercio de las familias de personas con diversidad intelectual se siente sobrecargada a causa de la COVID-19, según una encuesta realizada por Plena Inclusión Madrid a 1052 personas que señalan vivir estrés y grandes dificultades emocionales, especialmente en las familias monoparentales.

Necesidad asistencial

La mayoría necesita un respiro, es decir, pasar un par de días sin tener que atender a sus familiares. Hemos de entender que estas personas asisten a sus familiares a tiempo completo, lo que, sumado a las rutinas laborales y domésticas, resulta muy estresante.

Por eso, aunque un tercio de las encuestadas señala haberse adaptado bien, el 81 por ciento expresa la necesidad de retomar la cotidianeidad. Necesitan que se reinicien las actividades para personas con diversidad intelectual. 

Además, cuatro de cada cinco personas de las que reciben recurso escolar necesitan refuerzos en este sentido. No es fácil educar, y mucho menos a personas con necesidades especiales: les faltan herramientas y ayuda para educar en casa.

Necesidades económicas

Las familias de personas con diversidad intelectual viven una sobrecarga económica cotidiana. Los gastos en asistencia tienden a significar un sobreesfuerzo económico. Plena Inclusión ha calculado estos gastos en una media anual de sofreesfuerzo económico de más de 24 mil euros. Y la cifra pueden ascender a los 47 mil en los casos con mayores necesidades de apoyo.

De tal manera, no resulta extraño que el 43 por ciento de las encuestadas se haya visto «bastante» o «muy afectada» por la crisis de COVID-19. Sus gastos familiares han aumentado en el 30 por ciento de los casos, y en familias monoparentales la cifra asciende al 40 por ciento. Así, una de cada ocho familias se encuentra en una situación económica preocupante. 

Además, una de cada cinco personas se encuentra en situación de ERTE, y el 37 por ciento señala que su situación laboral ha empeorado. El 12 por ciento de los encuestados son autónomos, y ha visto reducidos o perdido completamente sus ingresos. 

En resumen: a los gastos se suma la inestabilidad de ingresos, lo que se añade al cansancio mental de la asistencia el estrés por la subsistencia. De hecho, una de cada cuatro familias ha tenido que dejar su trabajo o reducir su jornada para poder cuidar de sus familiares. Las personas con diversidad intelectual o del desarrollo necesitan intensos y frecuentes apoyos y una gran dedicación. Por eso, tres de cada cinco personas que trabajan, sea presencial o telemáticamente, manifiestan dificultades en su conciliación laboral.

Necesidades familiares

Las valoración familiar es positiva por lo general. Dos de cada tres declaran estar viviendo la situación «razonablemente bien». El cinco por ciento califican la situación como complicada y el nueve por ciento considera que la prolongación de la cuarentena dificulta la convivencia, aumentando la tensión y el cansancio.

Las familias de personas con diversidad intelectual sienten incertidumbre hacia el futuro. Viven ansiedad ante la idea de reincorporarse a sus puestos de trabajo sin que su familiar con diversidad intelectual se adapte. Si les es difícil conciliar con una situación adaptada, en una situación normal la cosa se puede volver imposible.

Habito entre la información y el arte, como el niño que baila entre la filosofía y la poesía. Creo en el compromiso, pero no en los dogmas, y más que la verdad, busco las perspectivas, aunque siempre trato de recopilarlas de forma fiel y rigurosa. Dicen que hay un tal Zule que publica con mi voz, pero yo creo que simplemente somos dos jugadores de un mismo juego: el que cree en la palabra y su poder transformador, así como en la responsabilidad de usarla honradamente.

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