La tradición catalana de los calçots conquista a los madrileños

Los calçots, una de las delicias más tradicionales de Cataluña, están conquistando los paladares madrileños. Este plato, típico de la región de Tarragona, ha logrado abrirse paso fuera de sus fronteras y es cada vez más popular en la capital española.

Restaurantes especializados han incorporado la experiencia de la calçotada a su oferta gastronómica, permitiendo que un público más amplio disfrute de esta tradición culinaria.

¿Qué son los calçots?

Los calçots son los brotes tiernos de una cebolla blanca, característicos por su sabor suave y textura jugosa. Se cultivan principalmente en Tarragona, donde se emplea un proceso especial conocido como «calzar», que consiste en cubrir la cebolla con tierra a medida que crece para provocar que sus brotes se alarguen hacia el sol.

Una vez recolectados, se asan a la parrilla hasta que la capa exterior se quema, dejando el interior tierno y listo para ser degustado. Tradicionalmente, se acompañan de salsa romesco, elaborada con tomate, ñoras, almendras, avellanas, ajo y aceite de oliva.

Un plato que cautiva a los madrileños y madrileñas

Hace unos años, los calçots eran casi desconocidos fuera de Cataluña, pero su popularidad ha crecido notablemente en Madrid. Cada vez más restaurantes los incluyen en sus cartas, y la tradición de la calçotada ha sido adoptada con entusiasmo.

Los primeros establecimientos que ofrecieron calçots en la capital recuerdan anécdotas curiosas sobre los comensales que desconocían cómo comerlos. Algunos intentaban utilizar cuchillo y tenedor, sin saber que la técnica tradicional implica sujetar el calçot por la parte superior, pelar la capa exterior quemada y sumergirlo en la salsa antes de disfrutarlo.

Hoy en día, muchos madrileños ya dominan este ritual, que suele incluir el característico babero para evitar manchas.

Su popularidad no solo ha crecido en los restaurantes, sino que Madrid ha encontrado la manera de hacer de los calçots toda una celebración. Prueba de ello es el Calsotada Fest, donde centenares de personas se reúnen al aire libre para ponerse el babero, pringarse las manos de romesco y disfrutar de este manjar como manda la tradición.

Pero la fiebre por los calçots no se queda solo en los eventos, cada vez más tiendas de alimentación los ofrecen en sus estanterías, es el caso de Frutas Charito, quienes con su servicio de reparto a domicilio, los acerca a los madrileños para que puedan organizar su propia calçotada sin salir de casa.

La tradición de la calçotada

La calçotada no es solo una comida, es toda una experiencia. Más allá del deleite culinario, es una tradición que reúne a familias y amigos en un ambiente festivo. Se trata de un ritual que ha pasado de generación en generación, donde no solo se disfruta de los calçots, sino también de las brasas humeantes, las largas sobremesas y las risas compartidas.

Su encanto también reside en la autenticidad y el respeto por los productos locales. Cultivados con mimo y en la temporada adecuada, los calçots son un ejemplo de sostenibilidad gastronómica. Pero si hay algo que define una calçotada, además de su característico babero, es la generosidad: no hay calçotada sin compañerismo, sin el gesto de pasar la salsa romesco al de al lado o de compartir la última tanda.

Y, por supuesto, la diversión está garantizada, con las manos llenas de tizne y la boca pintada de romesco, la calçotada es una de esas tradiciones que convierten una simple comida en un recuerdo inolvidable. No es de extrañar que distintas regiones del país hayan caído rendidas ante esta costumbre catalana, un evento para quienes disfrutan de la buena mesa y las reuniones con sabor a fiesta.

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