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La ONU ante los desafíos humanitarios: las grandes declaraciones no llenan los estómagos

Voluntarios de MSF en Tigray Etiopía

Naciones Unidas necesita 41.000 millones de dólares para socorrer en 2022 a 183 millones de personas víctimas de la hambruna principalmente, pero también de las consecuencias del cambio climático, y la ONU hace un llamamiento urgente ante los desafíos humanitarios, porque «las grandes declaraciones no llenan los estómagos».

Como todos los años por estas fechas, la Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) publica su informe del balance sobre el estado del planeta y los sufrimientos de muchos de sus habitantes, junto al plan de acción para los próximos doce meses, con el consecuente llamamiento pidiendo donaciones a los más ricos aunque no ignora que conseguir las cantidades necesarias va a ser más difícil que nunca, porque en los dos últimos años los países ricos han vaciado sus arcas para ayudar a sus economías, y a las de sus ciudadanos, tan afectadas por la pandemia de la COVID-19, y apenas debe quedar nada para destinarlo a ayuda humanitaria.

Según sus estimaciones, uno de cada 29 habitantes de la tierra necesitará ayuda en 2022, lo que representa un 17 por ciento más que en 2021,  que ya había sido una cifra récord. Mediante una treintena de planes de actuación en 63 países, la ONU y sus colaboradores habituales esperan poder ayudar a 183 millones de personas, para lo que necesitan 41.000 millones de dólares (36.000 millones de euros).  

De los 38.000 millones que la OCHA pidió para este año de 2021, hasta mediados del pasado mes de noviembre tan solo habían llegado 17.000, «lo que ha puesto a prueba a las agencias humanitarias a lo largo de todo el año, especialmente cuando ha sido necesario intensificar la respuesta frente a urgencias como las de Afganistán y Etiopía», subraya la ONU en su informe. 

«Los desafíos son inmensos, y el horizonte es sombrío»

Pero no todo ha sido negativo. Para el diplomático británico Martin Griffiths, ex enviado especial de Naciones Unidas a Yemen y desde hace unos meses secretario general adjunto de asuntos humanitarios, «los resultados conseguidos por los trabajadores humanitarios hacen honor a la determinación y la competencia de nuestros sistema», los  equipos onusionas «han salvado vidas», y la organización ha prestado este año ayuda alimentaria, médica y educativa, a 107 millones de personas. 

Cada año, en los informes de la ONU aparecen los mismos países –Siria, Afganistán, Haití, República Democrática del Congo, Etiopía… pero ahora la pandemia ha conducido al mundo «al borde del precipicio» –como señalaba a finales de septiembre pasado el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, al sumarse a los conflictos armados y las catástrofes naturales y climáticas «cada vez más severas». 

Por eso, en este momento lo más importante es evitar que desaparezcan décadas de progresos en materia humanitaria: «Algunos avances conseguidos en materia de empleo, seguridad alimentaria, educación y acceso a la salud, se han borrado. La pobreza extrema está aumentando de nuevo tras veinte años de retrocesos- subraya el informe de la OCHA que, entre los efectos indirectos de la pandemia, menciona la disminución de los análisis, diagnósticos y tratamientos del Sida, la tuberculosis y el paludismo, y la disminución en un 43 por ciento de las consultas médicas prenatales. 

Sin embargo, para los trabajadores humanitarios la mayor urgencia es la lucha contra la hambruna, que amenaza a 45 millones de personas en 43 países, según las últimas estimaciones del Programa Alimentario Mundial, lo que significa tres millones más que hace un año, procedentes esencialmente de la crisis de Afganistán generada por el conflicto armado y la peor sequía de los últimos veintisiete años, donde 24 millones de habitantes necesidad ayuda urgente. 

Aparte de Afganistán, el país que más preocupa a las organizaciones internacionales humanitarias es Etiopía, «donde el conflicto entre el poder central y los rebeldes del Frente de Liberación del pueblo de Tigray y el Ejército de liberación Oromo, iniciado hace un año, amenaza a todo el país: Es terrible tener que elegir entre países con necesidades tan enormes, pero creo que Etiopía es hoy el más preocupante», ha dicho en rueda de prensa Martin Griffiths, quien ha estado allí hace unas semanas y ha podido comprobar, en un centro de acogida de mujeres maltratadas, que lo que más les preocupa es lo que van a comer cada día: «Su horizonte es la supervivencia, no el futuro».  

En una carta abierta publicada este 1 de diciembre de 2021, una quincena de organizaciones internacionales: Acción contra el hambre, CARE International, Oxfam, Save the Children…, y cerca de un centenar de organizaciones humanitarias de países afectados por la hambruna, han pedido a los dirigentes mundiales que actúen: «Las promesas del G7  no se han cumplido. Y está claro que, desde entonces, la situación no ha hecho más que empeorar. Las grandes declaraciones no llenan los estómagos vacíos».

Periodista, libertaria, atea y sentimental. Llevo más de medio siglo trabajando en prensa escrita, RNE y TVE; ahora en publicaciones digitales. He sido redactora, corresponsal, enviada especial, guionista, presentadora y hasta ahora, la única mujer que había dirigido un diario de ámbito nacional (Liberación). En lo que se está dando en llamar “los otros protagonistas de la transición” (que se materializará en un congreso en febrero de 2017), es un honor haber participado en el equipo de la revista B.I.C.I.C.L.E.T.A (Boletín informativo del colectivo internacionalista de comunicaciones libertarias y ecologistas de trabajadores anarcosindicalistas). Cenetista, Socia fundadora de la Unió de Periodistes del País Valencià, que presidí hasta 1984, y Socia Honoraria de Reporteros sin Fronteras.

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