La organización ecologista Greenpeace escenificó este 10 de marzo 2026 en la Puerta del Sol de Madrid una acción pública de gran visibilidad para respaldar el movimiento «No a la guerra», una iniciativa que el Gobierno de España ha impulsado para denunciar la escalada militar protagonizada por Estados Unidos e Israel en Oriente Medio.

Activistas de la ONG desplegaron una pancarta gigante con ese mensaje en uno de los espacios más emblemáticos de la capital, con el objetivo de exigir el fin inmediato de las hostilidades y reclamar el regreso a la diplomacia internacional.

La protesta recupera el lema que movilizó a millones de personas en España contra la invasión de Irak en 2003. Según explicó la organización ecologista, el mensaje pretende recordar que las soluciones militares agravan los conflictos y provocan un sufrimiento masivo en la población civil.

La acción se produjo en un contexto internacional marcado por el aumento del gasto militar, el debilitamiento del multilateralismo y el incremento de los conflictos armados. Desde Greenpeace advierten que la comunidad internacional afronta «una peligrosa dinámica de escalada militar» que amenaza la estabilidad global y socava los mecanismos de cooperación internacional.

Una pancarta por la paz en el corazón de Madrid

La intervención de Greenpeace se desarrolló durante la mañana del 10 de marzo, cuando varios activistas descendieron desde una gran estructura publicitaria situada en la Puerta del Sol para desplegar una enorme pancarta con el lema «NO A LA GUERRA». La escena, visible para miles de peatones y visitantes, buscó enviar un mensaje directo a los líderes políticos internacionales.

La organización explicó que el gesto pretende alertar sobre la grave escalada militar que se vive en Oriente Medio tras el ataque lanzado por Estados Unidos e Israel contra Irán, una ofensiva iniciada el 28 de febrero y que ya ha provocado miles de víctimas civiles, entre personas fallecidas, heridas y desplazadas. Los bombardeos han alcanzado infraestructuras civiles como hospitales, viviendas o escuelas, entre ellas más de 150 niñas de una escuela infantil en el sur de Teherán.

Desde Greenpeace subrayan que las guerras no solo destruyen vidas humanas, sino que también dejan una huella ambiental devastadora. Los conflictos armados arrasan ecosistemas, contaminan reservas de agua, degradan suelos agrícolas y aceleran la crisis climática al desviar enormes recursos económicos hacia la industria armamentística.

La directora ejecutiva de Greenpeace España y Portugal, Eva Saldaña, expresó con contundencia la posición de la organización: «Las bombas, los ataques militares y las invasiones nunca traen paz: desestabilizan regiones enteras, multiplican el sufrimiento, cuestan la vida de civiles inocentes y destruyen el planeta. Nada justifica bombardear escuelas, hospitales o viviendas».

Saldaña también cuestionó el argumento de quienes justifican las intervenciones militares en nombre de la libertad o la seguridad internacional: «Pensar que más bombas traerán estabilidad o derechos es ignorar las lecciones de la historia reciente. Los Gobiernos del mundo tienen el deber moral de oponerse a este atropello contra el derecho internacional, la paz y la estabilidad global».

Para la oenegé ecologista, la actual escalada bélica responde a un sistema internacional que antepone intereses económicos y geoestratégicos —entre ellos los de la industria fósil o armamentística— a la protección de la vida humana y del planeta.

Actualidad

La acción de Greenpeace coincide con el creciente posicionamiento de organizaciones sociales, sindicatos y movimientos ciudadanos en España contra la expansión de los conflictos armados.

Desde el Gobierno central, la postura oficial insiste en la defensa del derecho internacional y la búsqueda de soluciones diplomáticas. En varias comparecencias recientes recogidas en la web de La Moncloa, el ejecutivo presidido por Pedro Sánchez ha subrayado la necesidad de reforzar los mecanismos multilaterales y evitar una escalada militar que pueda extender el conflicto por toda la región.

La movilización pacifista también ha recibido respaldo desde el ámbito social. Organizaciones sindicales como CCOO Madrid y UGT Madrid han reclamado en distintas ocasiones el respeto al derecho internacional humanitario y la protección de la población civil en los conflictos armados.

En el ámbito ciudadano, colectivos vecinales como la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM) han recordado que los movimientos por la paz constituyen una tradición histórica del tejido social madrileño desde las grandes movilizaciones contra la guerra de Irak.

Greenpeace considera que el lema «No a la guerra» mantiene plena vigencia ante el deterioro del orden internacional y el aumento del militarismo. Para la organización ecologista, la defensa del derecho internacional, la protección de la población civil y el fortalecimiento de la diplomacia resultan imprescindibles para frenar una espiral de violencia que amenaza tanto a las personas como al equilibrio del planeta.

En palabras de Eva Saldaña: «Frente a la lógica del militarismo y la ley del más fuerte, defendemos la diplomacia, el multilateralismo y el bien común».

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