Henri Matisse (1869-1954) es, junto con Pablo Picasso, el artista más conocido del siglo veinte. Nacido en una familia de tejedores y comerciantes del norte de Francia, abandonó los estudios de Derecho para dedicarse a la pintura, fascinado por los colores y el lujo de aquellos tejidos que conocía por el negocio familiar.

Henri Matisse ©centrepompidou

Matisse es una de las figuras claves del arte del siglo veinte y un referente imprescindible en el panorama contemporáneo. Su obra es el reflejo de su tiempo y en ella están tanto la angustia provocada por la guerra, en la que combatían dos de sus hijos, como la sensualidad y el hedonismo de la vida, que Matisse representó en «La alegría de vivir».

Esta exposición de Matisse ha sido posible porque el Centre Pompidou de París está en obras de remodelación y sus fondos pueden salir del museo para ser expuestos en espacios como la sala de CaixaForum Madrid.

El Pompidou es el museo que posee una mayor cantidad de obras de Matisse, unas 250. Es esta una gran oportunidad para recorrer la obra de uno de los grandes pintores del siglo veinte.

Aquí se pueden ver 46 de todas las épocas de Matisse organizadas en compañía de otras tantas de autores coetáneos, grandes nombres como Picasso, Pierre Bonnard, Georges Braque, Robert Delaunay o Le Corbusier. También de mujeres: Sonia Delaunay, Françoise Gilot o Natalia Goncharova.

Una de las grandes aportaciones de Matisse al arte contemporáneo fueron los colores con los que revolucionó la pintura europea, que fueron adoptados por los fauves alemanes, los neoprimitivistas rusos y los norteamericanos de los años 1940 que buscaba la identidad nacional.

En Matisse el color ya no es una simple descripción de la realidad: los cielos podían ser verdes y el paisaje campestre podía vestirse de azul, como azul es el desnudo de hombre pintado por Matisse ya en 1898. Tampoco los retratos tenían que seguir los cánones oficiales, como demostró en «La argelina» o «Margarita con gato negro», en la que introduce una estructura octogonal cubista.

Con sus collages, además, transformó la idea del espacio pictórico del cuadro.

La exposición está organizada cronológicamente en ocho apartados que comienzan con sus primeras obras de cuando aprendía en el taller de Gustave Moreau entre 1900 y 1902: un autorretrato, un paisaje de París y dos bodegones.

En este primer espacio se encuentra el «Pont Saint-Michel», una pintura que los fauves consideran como el origen de su movimiento. Con «Lujo, calma y voluptuosidad» ya encamina un nuevo estilo basado en la fragmentación de la luz y las correspondencias entre el tema y la forma. Los paisajes de Saint-Tropez y Colliure propician que los colores se vuelvan más incandescentes. En esta parte de la exposición lo acompañan cuadros de André Derain, Georges Braque y Sonia Delaunay.

El descubrimiento del primitivismo y de las artes no occidentales le permitieron enfrentarse al canon europeo, fruto de lo cual son sus esculturas entre 1907 y 1930, que también se pueden ver en esta exposición. Con ellas conectó con las vanguardias alemana y rusa e introdujo en su obra un elemento emocional.

Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) sus colores se vuelven oscuros, los temas de sus cuadros son más íntimos y aparecen las puertas y las ventanas por las que asoma un mundo inquietante.

En «Puerta-ventana en Colliure» se acerca al concepto de «negro-luz» que anticipa una nueva etapa en su pintura. En sus posados establece un vínculo de energía entre el pintor y sus modelos, como en los retratos de la actriz Greta Prozor y del coleccionista Auguste Pellerin. En esta sala es donde la obra de Matisse se confronta con las de Kees Van Dongen y Frantisek Kupka.

Cuando el cubismo hizo su aparición en 1908 Matisse fue un testigo excepcional del movimiento, que recibía en su domicilio a sus artistas. En 1917 se trasladó a Niza, en la Costa Azul, y su obra se concentró entonces en escenas de interior con modelos femeninos con los que experimentó nuevas relaciones entre figuras y espacios.

Sus viajes por España y el Magreb, con la luz del Mediterráneo, influyen también en sus atmósferas y en sus modelos, como el retrato de la mujer con mantilla, que convierte en un icono contemporáneo. La obra de Natalia Goncharova que lo acompaña en esta sección es un perfecto complemento en esta etapa.

En otra parte de la exposición se muestran sus cuadros pintados en la década de 1930, influidos por sus viajes a los Estados Unidos y a Oceanía.

«Naturaleza muerta con aparador verde» pertenece a esta etapa. La «Naturaleza muerta con candelero» de Picasso y «Fregadero y tomates» de Françoise Gilot acompañan a Matisse en este apartado.

Cuando en 1936 sufrió un boqueo en su creatividad se planteó nuevos tratamientos de la figura. Es la época de los papeles pintados con gouache para portadas de revistas ilustradas y de libros como «Jazz», con los que propone nuevas salidas para resolver el conflicto entre línea y color.

Uno de los principios que defiende esta exposición es el valor decorativo del arte. El propio Matisse señaló que no es un valor peyorativo porque un cuadro «propaga a su alrededor una alegría que nos aligera». Es lo que ocurre con los cuadros de Natalia Goncharova, que decía que toda la pintura es decorativa y que no hay arte que sea sólo decorativo.

El desnudo es otro de los valores reivindicados en esta exposición, en la que se muestran las odaliscas que Matisse pintó al margen de los cánones oficiales, presentando un cuerpo abstracto alejado de la ofrenda a los deseos masculinos.

La enfermedad, que acosó a Matisse durante los últimos años de su vida está aquí presente en sus creaciones elaboradas con papeles pintados recortados, que diseminaba por las paredes de su estudio, una vez que se vio obligado a abandonar los pinceles, creando un nuevo mundo desde la privación y el dolor.

La exposición se cierra con una reflexión sobre la obra de Matisse como inspiración de la nueva modernidad, el Pop art y las obras de videoarte, como las de la ruso-argelina Zoulikha Bouabdellah.

  • TÍTULO. Chez Matisse. El legado de una nueva pintura
  • LUGAR. CaixaForum. Madrid
  • FECHAS. Hasta el 22 de febrero de 2026
Francisco R. Pastoriza
Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural Asignaturas: Información Cultural, Comunicación e Información Audiovisual y Fotografía informativa. Autor de "Qué es la fotografía" (Lunwerg), Periodismo Cultural (Síntesis. Madrid 2006), Cultura y TV. Una relación de conflicto (Gedisa. Barcelona, 2003) La mirada en el cristal. La información en TV (Fragua. Madrid, 2003) Perversiones televisivas (IORTV. Madrid, 1997). Investigación “La presencia de la cultura en los telediarios de la televisión pública de ámbito nacional durante el año 2006” (revista Sistema, enero 2008).

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