España en el corazón de Artemis II de la vigilancia orbital en Galicia a los sistemas vitales en Madrid

Investigadores y técnicos del ecosistema aeroespacial español en Alcalá de Henares, Las Rozas, Robledo de Chavela, Torrejón de Ardoz y Tres Cantos, blindan el regreso tripulado a la Luna en la misión Artemis II

Los principios físicos del seguimiento Doppler en banda S

La capacidad de determinar la posición de una nave espacial situada a cientos de miles de kilómetros de distancia requiere la aplicación de principios físicos rigurosos.

La técnica del efecto Doppler es la piedra angular del seguimiento en espacio profundo cuando no se dispone de sistemas de navegación por satélite convencionales.

En el contexto de Artemis II, la nave Orion transmite una portadora estable en banda S (típicamente entre 2 y 4 GHz).

Cuando la nave se aleja de la Tierra, la frecuencia recibida es menor que la emitida; cuando se acerca, la frecuencia aumenta.

Esta variación de frecuencia f_d se puede aproximar mediante la relación:

f_d=f_s(c/v)

Donde f_s es la frecuencia de la señal de la nave, v es la velocidad relativa y c es la velocidad de la luz en el vacío.

Los investigadores de la UVigo, como Manuel Diz Folgar, utilizan estaciones de radio definidas por software (SDR) para medir este desplazamiento con una precisión de milihertzios.

Al integrar estas mediciones de velocidad radial a lo largo del tiempo, junto con los datos de ángulo de llegada proporcionados por los rotadores de las antenas, el equipo puede reconstruir la trayectoria orbital de la cápsula Orion y verificar que coincide con el plan de vuelo de la NASA.

Este seguimiento complementario es vital porque la Red de Espacio Profundo de la NASA (DSN) puede experimentar periodos de alta demanda o congestión. Contar con «sedes de respaldo» como Vigo y Sevilla incrementa la resiliencia del sistema global de comunicaciones y navegación (SCaN).

El proyecto BIXO: La nueva frontera biológica de la UVigo

Mientras el ATRG se prepara para el seguimiento de Artemis II, el equipo estudiantil UVigo SpaceLab avanza en el desarrollo de la misión BIXO (Bacteriological Intercommunication eXperiment in Orbit). Este proyecto representa una evolución desde la ingeniería de telecomunicaciones pura hacia la astrobiología y la medicina espacial.

Objetivos y diseño experimental de BIXO

BIXO es un CubeSat de 2U que tiene como objetivo principal estudiar el fenómeno del «Quorum Sensing» en bacterias del género Chromobacterium violaceum bajo las condiciones extremas de la órbita terrestre baja (LEO).

El experimento busca determinar cómo la radiación prolongada y la microgravedad afectan a la comunicación intercelular bacteriana, un factor determinante para la prevención de infecciones en futuras bases lunares o misiones a Marte.

Característica de BIXOValor / Descripción
Dimensiones2U CubeSat
Altitud Máxima435 km
Inclinación Orbital97.158º (Órbita Heliosincrónica)
Duración Nominal9 meses
MicroorganismoChromobacterium violaceum

La misión BIXO ha requerido el desarrollo de tecnologías de soporte vital en miniatura, incluyendo sistemas de control térmico activo y cámaras de cultivo automatizadas.

Además, se han hecho simulaciones exhaustivas para estimar los contactos con la estación terrena de Vigo, previendo una media de cuatro accesos diarios con una duración media de 6.6 minutos por contacto.

Este proyecto subraya la capacidad de la UVigo para liderar investigaciones científicas de vanguardia que complementan los esfuerzos de exploración humana de agencias como la NASA.

Impacto socioeconómico y formación de talento especializado

La participación de la UVigo en proyectos de la escala de Artemis II y BIXO tiene repercusiones que trascienden el ámbito académico. La universidad actúa como un motor de innovación que alimenta un ecosistema industrial en crecimiento en Galicia y en toda España.

Transferencia tecnológica y spin-offs

El caso más emblemático de esta transferencia es la creación de Alén Space, una empresa spin-off nacida del equipo que desarrolló el Xatcobeo.

Alén Space se ha consolidado como un referente mundial en la fabricación de satélites de menos de diez kilos, habiendo trabajado en proyectos como DustCube para la NASA y la ESA.

Con una plantilla de 44 empleados en su sede de Nigrán (Pontevedra), la empresa demuestra que la investigación básica desarrollada en la UVigo se traduce en empleo de alta cualificación y competitividad internacional.

Asimismo, la colaboración con empresas como Integrasys y el Grupo Precisgal permite que los estudiantes se formen en metodologías industriales reales, preparándolos para integrarse en el sector aeroespacial europeo.

El Máster en Operación de Sistemas Espaciales de la Universidad de Sevilla también se beneficia directamente de los datos captados durante Artemis II, permitiendo a los alumnos aplicar técnicas de análisis orbital en una misión real.

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