Cuando la política deja de compartir realidad
Antes de empezar quiero rendir homenaje a Renée Nicole Macklin Good, mi mas sentido pésame a sus familiares y amigos.
¿Es suficiente tener un buen ideario de hard party y un propósito aún mejor, como una Estrategia de Seguridad Nacional, para la siembra de un imperio?.
O, como analizaremos en este artículo, cuando los halcones dan un puñetazo encima de la mesa, las palomas salen volando.
El análisis de este artículo, a partir de los datos de últimas encuestas sobre el estado de opinión en los Estados Unidos (EEUU), nos ofrece pistas sobre cuántas palomas levantan el vuelo, cuántas se ponen un casco para resistir y cuántas siguen el canto de sirena de los cuarteles.
Durante buena parte del siglo veinte, la política occidental —y en particular la estadounidense— se sostuvo sobre un supuesto implícito: aunque existieran desacuerdos profundos, los actores compartían un mismo suelo de realidad. Discutían sobre fines, medios, ideologías o intereses, pero lo hacían dentro de un marco común de inteligibilidad. Hoy ese suelo se ha fracturado.
La reacción a la intervención de la administración Trump en Venezuela, a finales de 2025, es un caso ejemplar. Muchos observadores esperaban un efecto clásico: el aumento del apoyo presidencial ante una acción exterior decidida, el conocido rally around the flag[1]. No ocurrió. Las encuestas apenas variaron, pero la sensación de confrontación se intensificó. El país parecía más tenso, más irritable, más incapaz de ponerse de acuerdo incluso sobre qué estaba ocurriendo.
Esta aparente paradoja —inmovilidad estadística y radicalización política— no puede explicarse recurriendo únicamente a categorías tradicionales como polarización ideológica, manipulación mediática o cálculo electoral. Algo más profundo está en juego: la política estadounidense ya no opera en un solo plano de realidad, sino en varios, superpuestos y a menudo incompatibles.
Este ensayo propone una lectura de ese fenómeno a partir del MEDHI (Modelo Estándar de Dinámica Humana Integrada), un marco que permite comprender por qué un mismo acontecimiento produce reacciones tan divergentes y por qué ciertas decisiones políticas refuerzan la fractura en lugar de resolverla.
Capítulo uno. Las cuatro capas del poder
El MEDHI parte de una idea sencilla: la vida social y política se organiza en cuatro planos fundamentales, cada uno con su propia lógica y sus propias prioridades.
- Plano bio-energético. Es el dominio de las emociones primarias: miedo, orgullo, rabia, alivio, necesidad de protección. Aquí operan los impulsos más antiguos y más rápidos. Es el plano de la reacción inmediata.
- Plano tecno-económico. Abarca los recursos materiales y las condiciones de subsistencia: empleo, inflación, energía, infraestructuras, costes de la guerra. Es el plano de la duración y la sostenibilidad.
- Plano estructural-normativo. Incluye las reglas del juego: instituciones, legalidad, procedimientos, contrapesos, constituciones. Es el plano de la legitimidad.
- Plano noético-simbólico. Es el espacio del sentido: relatos colectivos, identidad, mitos políticos, memoria histórica, imaginarios compartidos. Es el plano que da coherencia a los otros tres.
Toda sociedad vive en los cuatro planos a la vez, pero no todos los grupos los habitan con la misma intensidad. La política se vuelve conflictiva cuando el poder actúa desde un plano que no coincide con el dominante en amplios sectores de la población.
Capítulo dos. Venezuela como gesto político
La intervención en Venezuela fue, ante todo, un gesto. Más allá de sus dimensiones estratégicas o militares, funcionó como una afirmación simbólica: Estados Unidos reafirmando su capacidad de acción unilateral en el hemisferio occidental.
Desde el plano bio-energético, el gesto transmite fuerza, decisión y control. Desde el plano simbólico, reactiva narrativas históricas de liderazgo regional. Sin embargo, desde los planos económico y normativo, plantea interrogantes incómodos: costes, riesgos, legalidad, precedentes.
La administración Trump habló principalmente desde los planos uno y cuatro. Buena parte de la sociedad, en cambio, escuchó desde los planos dps y tres. El resultado fue un diálogo de sordos.
Capítulo tres. La fractura generacional
Pocas divisiones son tan claras como la que separa a jóvenes y mayores.
Para los jóvenes, la política es inseparable del futuro. Crisis climática, precariedad laboral, identidad personal y sentido vital forman parte de un mismo horizonte. Su plano dominante es el simbólico, con una fuerte dimensión normativa. La intervención en Venezuela no se integra en ese relato. No ofrece promesa ni protección, sino una imagen del pasado: poder duro, geopolítica clásica, masculinidad estatal.
Para muchos mayores, en cambio, el mundo contemporáneo aparece como un espacio de pérdida de referencias. En ese contexto, la política de fuerza reduce la ansiedad. Venezuela evoca enemigos claros, fronteras definidas y una época en la que el orden parecía restituible mediante decisiones firmes.
No se trata de una diferencia de información, sino de una diferencia de plano existencial.
Capítulo cuatro. Partidos políticos y planos de lealtad
El alineamiento partidista en Estados Unidos se explica cada vez menos por programas y cada vez más por planos dominantes.
En el núcleo republicano, el plano bio-energético se fusiona con el simbólico. El líder no es solo un gestor de políticas públicas, sino una figura de sentido. La lealtad precede al análisis. La intervención en Venezuela se interpreta como coherencia identitaria, no como una decisión evaluable.
Los independientes, por el contrario, habitan el plano tecno-económico. Su apoyo es contingente y reversible. Preguntan por costes, consecuencias y duración. Son sensibles a la inflación, al precio de la energía y a la estabilidad económica.
El electorado demócrata se ancla en el plano normativo. La cuestión central no es si la intervención es eficaz, sino si es legítima. Desde aquí, Trump aparece como un factor de erosión institucional más que como un líder fuerte.
Capítulo cinco. Raza, memoria y poder
Las divisiones raciales añaden una capa histórica al análisis.
Entre muchos blancos no hispanos, el apoyo a la intervención combina seguridad simbólica y expectativas materiales. Es un respaldo condicionado: mientras el coste sea asumible, la narrativa funciona.
En las comunidades latinas, Venezuela activa memorias coloniales y regionales. La intervención se percibe como repetición de patrones históricos de dominación. El plano simbólico entra en conflicto con el relato oficial.
En la población afroamericana, la desconfianza hacia la militarización del poder estatal es estructural. La historia de abuso y represión genera una lectura escéptica de cualquier gesto de fuerza restauradora.
Capítulo seis. Geografía emocional del país
El territorio también organiza planos.
En el mundo rural y el Sur, el plano bio-energético domina. El liderazgo fuerte se asocia con protección y orden. La política exterior refuerza la identidad interna.
En las áreas urbanas y las costas, los planos normativo y simbólico son centrales. La intervención en Venezuela se lee como una amenaza a la reputación internacional y al orden compartido.
Estados Unidos no está dividido solo por ideología, sino por ecologías emocionales y normativas distintas.
Capítulo siete. Por qué las encuestas no se movieron
Desde esta perspectiva, el estancamiento de las encuestas deja de ser un misterio.
La intervención refuerza a quienes ya están alineados en los planos emocional y simbólico. No persuade a quienes evalúan la política desde el coste económico o la legalidad.
El resultado es una polarización estable, profunda y resistente a los acontecimientos coyunturales.
Capítulo ocho. Política sin plano común
La política contemporánea se parece cada vez menos a un debate y cada vez más a una superposición de monólogos.
Cuando el poder actúa desde el gesto emocional, quienes viven en el plano normativo oyen arbitrariedad. Cuando se apela a la legalidad, quienes viven en el plano afectivo oyen debilidad. Cuando se habla de costes, quienes habitan el mito oyen traición.
No hay traducción automática entre planos.
Conclusión. El problema de nuestro tiempo
Estados Unidos no sufre simplemente una crisis de liderazgo o de ideología. Sufre una crisis de sincronización de planos.
Mientras no exista un esfuerzo consciente por articular decisiones políticas que hablen simultáneamente a los cuatro planos —emocional, material, normativo y simbólico—, cada gesto reforzará la fractura existente.
La intervención en Venezuela no cambió la popularidad presidencial porque no podía hacerlo. Cambió algo más profundo: confirmó que el país ya no comparte una sola realidad política.
Ese es el desafío central de nuestro tiempo: no solo decidir qué hacer, sino desde qué plano volver a hablar juntos.
El análisis de este artículo es el resultado de la lectura fina de los porcentajes de aceptación o rechazo a las políticas de Trump en la sociedad USA.
Para la confección de este análisis se han consolidado las encuestas de varios medios que se detallan a continuación.
Fuentes de las encuestas analizadas.
- Reuters / Ipsos — sondeos 4–6 enero 2026 (opinión sobre Venezuela y aprobación presidencial).
- YouGov / The Economist — tracking 2–5 enero 2026.
- CBS News / YouGov — 8–9 enero 2026.
Resumen de la situación actual en las encuestas post evento Venezuela, con respecto a la aprobación o rechazo de las políticas de Trump en la población de Estados Unidos.
| Encuesta / fuente | Aprobación general (EE. UU.) | Opinión sobre Venezuela / intervención |
| Reuters/Ipsos (5 ene) | ~42 % (en un sondeo) | 33 % aprueba intervención, 72 % preocupados por involucrarse demasiado Forbes México |
| Economist/YouGov (2–5 ene) | ~39 % | Opinión más negativa que positiva general Forbes México |
| CBS News/YouGov (8 ene) | Estable, no mayor cambio post-Venezuela | Acción militar ligeramente más apoyada que la política general Anadolu Ajansı |
| YouGov específico | Existe división partidaria fuerte | Apoyo entre republicanos, división nacional Axios |
| Agregadores (7–8 ene) | ~40–44 % | Desaprobación consistente superior a aprobación Wikipedia |
Segmentación de la consolidación de las encuestas analizadas.
1) Edad
| Grupo | Aprobación Trump | Apoyo a acción en Venezuela | Lectura |
| 18–29 | 25–30 % | 20–25 % | Rechazo alto; priorizan clima, costos de guerra y libertades. |
| 30–44 | 32–36 % | 28–33 % | Escépticos; preocupación por escalada y economía doméstica. |
| 45–64 | 44–48 % | 45–50 % | Más receptivos al marco “seguridad/orden”. |
| 65+ | 48–52 % | 50–55 % | Mayor respaldo; memoria de doctrinas hemisféricas. |
Fuente: Reuters/Ipsos; Economist/YouGov (ene-2026).
2) Ideología / Partido
| Identidad | Aprobación Trump | Apoyo a Venezuela | Lectura |
| Republicanos | 80–88 % | 65–72 % | Rally-around-the-flag intra-partido. |
| Independientes | 33–38 % | 30–36 % | Divididos; temen costos y precedentes. |
| Demócratas | 10–15 % | 5–10 % | Rechazo casi total; énfasis legal/multilateral. |
Fuente: Reuters/Ipsos (5 ene); CBS/YouGov (8–9 ene).
3) Raza / Etnicidad
| Grupo | Aprobación Trump | Apoyo a Venezuela | Lectura |
| Blancos (no hispanos) | 45–50 % | 45–50 % | Núcleo del apoyo; lectura de firmeza. |
| Hispanos/Latinos | 30–35 % | 25–30 % | Preocupación regional y migratoria. |
| Afroamericanos | 8–12 % | 5–10 % | Rechazo persistente. |
| Asiático-americanos | 20–25 % | 15–20 % | Rechazo moderado; cautela internacional. |
Fuente: Economist/YouGov (ene-2026); agregados CBS/YouGov.
4) Geografía
| Región | Aprobación Trump | Apoyo a Venezuela | Lectura |
| Sur | 48–52 % | 50–55 % | Tradición de “mano dura” y seguridad. |
| Midwest | 42–46 % | 40–45 % | Mixto; empleo/industria pesan. |
| Noreste | 30–34 % | 25–30 % | Rechazo urbano-institucional. |
| Oeste | 33–37 % | 30–35 % | Rechazo en costas; interior más dividido. |
| Urbano | 28–32 % | 25–30 % | Mayor oposición. |
| Rural | 55–60 % | 55–60 % | Apoyo fuerte y estable. |
Fuente: Reuters/Ipsos; Economist/YouGov.
5) Nivel educativo
| Educación | Aprobación | Apoyo a Venezuela | Lectura |
| Sin título universitario | 52–57 % | 50–55 % | Alineación con discurso de firmeza. |
| Con título universitario | 30–35 % | 25–30 % | Mayor peso de legalidad y alianzas. |
| Posgrado | 20–25 % | 15–20 % | Rechazo alto; costos y precedentes. |
- «Rally ‘round the flag effect’»
El «Efecto Bandera»: Cuando la crisis se convierte en capital político
En la compleja arena de la ciencia política, existe un fenómeno capaz de transformar una situación de caos nacional en un pico de popularidad para el gobernante de turno. Se le conoce como el «Efecto Bandera» (o Concentración en torno a la bandera), un mecanismo social que explica por qué las naciones tienden a cerrar filas ante una amenaza externa.




