
Casi setenta años después de que «El hombre menguante», una de las novelas faro de la ciencia ficción fuera adaptada para el cine en 1956 por el realizador Jack Arnold, el cineasta holandés Jan Kounen («Blueberry: La experiencia secreta», «Dobermann», «99 francos») propone una producción franco-belga de una nueva versión del clásico escrito por Richard Matheson, planteando las eternas preguntas sobre la existencia que preocupan a la humanidad desde el comienzo de los tiempos.
Jean Dujardin, el actor francés que consiguió un Oscar de interpretación con la película «The Artist», es el encargado de dar vida en esta ocasión a Paul, el hombre que reparte su tiempo entre el trabajo en una empresa de construcción naval y la familia –y muy especialmente su hija preadolescente con la que tiene una estimulante complicidad- hasta el momento en que su cuerpo empieza a experimentar un extraño y completamente desconocido síntoma, para el que la ciencia no encuentra respuesta.
«Vivimos una época en la que se pide a los hombres que deconstruyan su identidad (···) –asegura el actor, también productor de la película- La historia de un padre que se encoge hasta el punto de terminar solo en su sótano resuena de una forma especial en la actualidad. ‘El hombre menguante’ busca constantemente el equilibrio entre el espectáculo puro y el intimismo más minimalista. Quería que la película conectara de verdad con nuestras vidas. (···)».
Pues no estoy segura de que lo haya conseguido. En esta nueva versión, rodada en 2025, Paul es un padre de familia ejemplar y dueño de una empresa de construcción naval, feliz con la vida que comparte con su mujer Elise y la pequeña Mia, su hija. En una de sus habituales salidas al mar, Paul se encuentra enfrentado a un extraño fenómeno meteorológico. A partir de ese momento, Paul empieza a encogerse, a menguar de tamaño, sin que la ciencia encuentre una explicación para lo que le ocurre, ni tampoco pueda brindarle apoyo ni darle ninguna esperanza de mejora.
Cuando apenas alcanza a medir unos pocos centímetros, accidentalmente se queda atrapado en el sótano de su casa, un lugar que de repente se ha transformado en una trampa gigantesca llena de potenciales peligros. A lo largo de la experiencia, Paul tiene que enfrentarse a sus nuevas condiciones mientras se interroga sobre su familia, su posición social, su trabajo o el papel de los médicos que no tienen todas las respuestas, al tiempo que le preocupan los mismos grandes interrogantes que se plantea la humanidad desde el comienzo de la historia.
El espectador, que evidentemente no es insensible y se siente afectado por los acontecimientos que van modificando la vida del protagonista, añade también otras preguntas acerca del paso del tiempo, que no parece contar en el relato, y de cómo es posible que la niña y su madre acaben abandonando a Paul –quien va a tener como única compañía los peces de colores de un acuario tan abandonado como él mismo, con los que va a compartir la comida- ignorando que cuando apenas se miden unos cuantos centímetros se es víctima de la maldad de ratones, arañas e incluso hormigas, además de tener que enfrentarse a los infranqueables obstáculos que representan desde un pedazo de papel hasta un pedacito de madera, o una pelusa.
Entre película de iniciación y relato de aventuras, «El hombre menguante[1]» es un drama fantástico de terror psicológico que gira en torno a la relatividad. Una fábula filosófica, y casi metafísica sobre un viaje a lo desconocido, y una reflexión sobre el lugar que ocupa la humanidad en el universo.
- «El hombre menguante» se estrena en los cines madrileños el viernes 16 de enero de 2026.



