La guerra de Irán y las tensiones en el estrecho de Ormuz han abierto un escenario de riesgo para la crisis alimentaria mundial, al afectar a rutas clave para el comercio de fertilizantes, energía y alimentos.
La agencia IPS, en una información firmada por Jomo Kwame Sundaram y K Kuhaneetha Bai, advierte que esta situación puede agravar la inseguridad alimentaria en numerosos países, especialmente en los más vulnerables.
Según el análisis, «el cierre parcial también está interrumpiendo el suministro de fertilizantes y otros productos esenciales». Esta circunstancia afecta directamente a la producción agrícola global, al encarecer los insumos y reducir la disponibilidad de productos básicos para el cultivo.
El estrecho de Ormuz constituye uno de los principales corredores del comercio mundial, con un peso decisivo en el transporte de petróleo, gas natural licuado y fertilizantes.
Impacto global en fertilizantes, energía y alimentos
La información subraya que el aumento de los precios de la energía repercute en toda la cadena alimentaria. Desde la producción agrícola hasta el transporte, cada fase depende de combustibles fósiles cuyo coste se dispara en contextos de conflicto.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha advertido en diversos informes del vínculo directo entre precios energéticos y seguridad alimentaria global.
Los datos resultan especialmente significativos. En 2024, Medio Oriente concentró cerca del 30 por ciento de las exportaciones mundiales de fertilizantes, y entre el 30 y el 40 por ciento de los fertilizantes nitrogenados atravesaron el estrecho de Ormuz.
La UN Trade and Development (UNCTAD) confirma que aproximadamente un tercio del comercio marítimo mundial de fertilizantes depende de esta ruta estratégica.
Esta dependencia convierte cualquier interrupción en un factor de desestabilización global. Países como Brasil, India o Estados Unidos, grandes productores agrícolas, podrían sufrir dificultades en el acceso a fertilizantes, lo que afectaría a los rendimientos de las cosechas. A medio plazo, esta situación podría traducirse en una reducción de la oferta alimentaria y en un aumento de los precios.
Además, el gas natural licuado, fundamental para la producción de fertilizantes, también circula por esta vía. La combinación de ambos factores intensifica el impacto del conflicto sobre la agricultura mundial. La Organización Mundial del Comercio (OMC) mantiene un seguimiento constante de las disrupciones comerciales en la zona, reflejo de su relevancia para la economía global.
El problema no se limita a la producción. El artículo señala que cerca del 70 por ciento de los alimentos destinados a países del Golfo, como Arabia Saudí o Emiratos Árabes Unidos, transitan por Ormuz. La búsqueda de rutas alternativas implica mayores costes logísticos y retrasos, lo que agrava la presión sobre los mercados.
El impacto social de esta situación resulta evidente. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) distribuyó en 2024 unos siete millones de kilos de alimentos al día para asistir a más de 80 millones de personas. Un encarecimiento adicional de los alimentos dificultaría aún más estas operaciones y aumentaría el número de personas en situación de inseguridad alimentaria.
La conclusión del análisis publicado por IPS es clara. La guerra de Irán no solo representa un conflicto geopolítico, sino un riesgo estructural para la seguridad alimentaria global. La dependencia de rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz evidencia la fragilidad del sistema alimentario internacional.
En este contexto, los países con menos recursos, las organizaciones humanitarias y los sistemas públicos de protección social afrontan un escenario especialmente complejo. Si la crisis se prolonga, el encarecimiento de los alimentos podría convertirse en uno de los efectos más graves del conflicto, con consecuencias directas sobre millones de personas en todo el mundo.




