El Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes (Madrid) anunció el pasado 2 de mayo de 2020 que no daría más ayudas de su fondo para la lucha contra la COVID-19 a Apadis, dado que ya les había aportado 200 mil euros este año. También ha pagado siete mil euros (extraídos de dicho fondo) a su Centro Especial de Empleo (CEE), por confeccionar batas médicas durante la crisis.

Sin embargo, Apadis denuncia que ese dinero no ha sido destinado ni es dirigible a la gestión de la crisis de la COVID-19. La asociación necesita financiación urgente, dado que trabaja con personas con diversidad intelectual. «Son personas cuya necesidad no se aplaza», explica Nuria Lozano, responsable del área de economía de Apadis.

Nos asegura que su servicio es esencial. No paran de trabajar en una crisis que aumenta sus gastos y reduce sus ingresos. Dan asistencia diaria en casas de acogida, parcialmente financiadas por las familias de sus usuarios. Muchas de ellas no pueden pagar en estos momentos, lo que les mueve al déficit. A este se suman los gastos en EPI y desinfección, que han crecido mucho.

200 mil euros 

Apadis señala que los 200 mil euros de los que habla el ayuntamiento son para un techado que el consistorio decidió financiar el año pasado. Ese dinero solo podía usarse para pagar dichas obras, y ya se gastó a tal fin a inicios del año. 

«Es un dinero que se dió antes de la COVID-19. No sirve para paliar la crisis», explica Christian Loste, responsable del área de sostenibilidad y responsabilidad social de Apadis. 

«Agradecemos mucho que el ayuntamiento invirtiese en mejorar este espacio. Es muy importante para el bienestar de nuestros usuarios», explica Christian. «Pero esa ayuda ya está gastada en pagar la construcción del techado, cuyos costes adelantamos».

Además, Christian relata que el techado no está destinado al uso exclusivo de Apadis. Mediante un convenio, se acordó abrir su uso al público, de manera que todos los clubs deportivos de Sanse pueden disponer de él. «Nos encanta poder abrir nuestras puertas para todos los ciudadanos de Sanse», dice Loste.

Siete mil euros

Por otro lado, los citados siete mil euros en concepto de las batas médicas no fueron una ayuda directa para la asociación, sino el pago de una contratación por prestar un servicio laboral. El consistorio asegura que otros colectivos de la localidad han donado este tipo de materiales. Apadis señala que ellos fueron contratados por el consistorio para realizar un trabajo. 

«Agradecemos mucho que el ayuntamiento contase con nosotros, porque así resolvió su necesidad pagando por un servicio de interés social como el nuestro. Pero ese dinero no es una ayuda directa contra la COVID-19, sino el pago por un servicio», explica Christian.

El Ayuntamiento de Sanse contrató al CEE de Apadis para que confeccionase dichas batas para el Hospital Infanta Sofía. El CEE contrata a cuarenta y cinco personas con diversidad intelectual. Son personas que, por su condición, tienen serios problemas de inserción laboral. 

Contratar a esta empresa (propiedad de Apadis) es una labor social, pero el dinero se destina a pagar a los trabajadores. El encargo del consistorio ayuda así a estos trabajadores y trabajadoras (usuarias de la entidad), pero Apadis no puede destinar ese dinero para cubrir los costes que le genera la actual crisis sociosanitaria.

Buzoneo

El CEE de Apadis se encarga todos los meses de buzonear 60 mil ejemplares de la revista municipal «La Plaza», de Sanse. Sus trabajadores son especialistas en repartir por los buzones desde hace casi una década. 

Por eso, el vecino Ayuntamiento de Alcobendas les ha contratado para buzonear las mascarillas que ha repartido a sus vecinos. Por poco más de mil euros, los trabajadores del CEE de Apadis realizaron este importante trabajo.

La organización señala que San Sebastián de los Reyes, el municipio de su sede, no ha hecho lo mismo. Contrató a otra empresa, que hizo la misma labor por mucho más dinero, 15 mil euros según nos cuenta Christian. Cuando preguntaron al consistorio por qué no contaron con ellos como suelen hacer, les contestaron que porque eran un colectivo de riesgo.

Christian no entiende el criterio. Es cierto que una trabajadora y una usuaria de Apadis fallecieron trágicamente por COVID-19 al inicio de la crisis. «Pero eso no fue un motivo para no contratarnos para confeccionar las batas», resalta Christian.

«Desde luego, el ayuntamiento puede contratar a quien quiera. Pero no entendemos por qué ha prescindido de nosotros. Saben que damos un servicio barato y de calidad. Además, a diferencia de otras empresas, nosotros aportamos un interés social».

Incomprensión de Apadis

El ayuntamiento señala que, dadas sus aportaciones a la entidad, no les dará más ayudas del fondo de cinco millones de euros destinados a la gestión de la crisis sanitaria, que fue anunciado en marzo por su alcalde, Narciso Romero. Este dinero se destinará a otras entidades.

Para denunciar su situación de necesidad, el presidente de Apadis, Francisco Molina, publicó una carta abierta donde explicaba sus numerosas dificultades. En ella dice que entiende perfectamente que el dinero debe repartirse, y que debe haber ayudas para empresas y autónomos, entre otros colectivos. Lo que no entiende es por qué no se destina ninguna parte de ese fondo a cubrir la labor asistencial de Apadis, que está dirigida a uno de los colectivos más vulnerables de la sociedad.

«Nos dirán que ha habido inversiones, claro. En cuarenta años es de agradecer», declara Molina en la carta. Apadis es una de las entidades más solidas y longevas del municipio y de toda la Comunidad de Madrid en su trabajo con personas con diversidad intelectual. Las ayudas ordinarias que recibe y ha recibido hasta ahora son reconocimiento y apoyo de transparente su labor. «Pero a lo que nos enfrentamos hoy es otra cosa. Es la debacle, es la desprotección», señala el presidente.

No han recibido ningún dinero destinado a apoyar sus gastos en mascarillas, gel hidroalcohólico, pantallas y otros materiales de protección. Sus gastos mensuales en estos asuntos rondan los cinco mil euros. Son EPI usadas constantemente, imprescindibles para el desempeño de su trabajo, dado que muchos de los usuarios que viven en Apadis son colectivo de riesgo por dolencias crónicas.

Y es que sienten que el ayuntamiento les está dando de lado por no comprender su situación. La semana pasada enviaron un dosier explicando sus problemas, pero no han recibido más respuesta que la nota de prensa del pasado dos de mayo de 2020, que viene a señalar que piden dinero pese a que se les ha ayudado cuantiosamente.

Comunidad de Madrid

Apadis no busca una polémica con el ayuntamiento. Simplemente quiere que se entiendan sus numerosas necesidades. Por ejemplo, a todo lo anterior, se suma que la Comunidad de Madrid podría pagarles menos. Les ingresa un dinero por cada persona a la que asisten en sus centros. Dado que algunos usuarios están pasando la cuarentena en casa, podrían restarles la parte correspondiente.

«Porque tengan un usuario menos, nuestros trabajadores no dejan de comer. Necesitamos ese dinero para poder pagarles». Christian nos cuenta cómo, desde la organización, luchan para que la administración autonómica les aporte esos ingresos, tan necesarios.

Apadis sigue un modelo económico que podríamos decir concertado. Sobrevive de una combinación de fondos públicos y aportaciones voluntarias de las familias de sus más de 600 usuarios. Algunos residen en los centros y hogares de Apadis. Otros asisten a sus centros de día, los cuales se encuentran cerrados por la crisis de COVID-19. 

Han tenido que hacer un ERTE para el personal de estos centros. Además, las familias ya no pueden aportar como antes, a causa de la crisis económica. Desde la asociación tienen miedo de que, tras casi cuarenta años de trabajo, esta crisis les obligue a cerrar. 

«Si esto pasa, habrá una solución menos. Los profesionales buscaremos otros trabajos. Pero el problema de los usuarios de Apadis y sus familias seguirá ahí», concluye Nuria. «Que Apadis dejara de funcionar supondría dejar atrás a los más vulnerables, a aquellos a quienes debemos el mayor apoyo», expresa en su carta el presidente de la entidad.

Habito entre la información y el arte, como el niño que baila entre la filosofía y la poesía. Creo en el compromiso, pero no en los dogmas, y más que la verdad, busco las perspectivas, aunque siempre trato de recopilarlas de forma fiel y rigurosa. Dicen que hay un tal Zule que publica con mi voz, pero yo creo que simplemente somos dos jugadores de un mismo juego: el que cree en la palabra y su poder transformador, así como en la responsabilidad de usarla honradamente.

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