Visitar Egipto es algo mas que visitar un país, Egipto alberga una de las más grandes civilizaciones de la humanidad, una civilización que ha dejado monumentos, templos, pirámides, documentos, textos que siguen causando asombro y deseos de investigación.

Egipto es una atracción por su pasado milenario y por revelarnos el sentido de la eternidad. Ellos sabían que nos dejaban un legado. En una de las tumbas, la 33, en el Valle de los Reyes, donde siguen los trabajos arqueológicos, se encontró un texto en el que el escriba se dirige a quienes lo encuentren.

Los arqueólogos que hicieron el descubrimiento quedaron conmovidos de este diálogo entre milenios. La eternidad no tiene límites y Egipto es un lugar donde reina la eternidad.

Mi viaje a Egipto en tiempos de peace for land

Visité Egipto en la década de los noventa, en tiempos de alegría por la firma de los tratados de paz: «Land for peace».

Estaba trabajando como voluntaria en los centros arqueológicos de Israel, los arqueólogos y compañeros israelitas me dijeron que tenia que conocer Egipto. Con algunos contactos e información tomé un bus en Tel Aviv, atravesé Gaza, el Canal de Suez y llegué al Cairo, una ciudad enorme y bulliciosa.

Recorrí las pirámides con un arqueólogo amigo, no había vallas ni entradas de seguridad, caminé entre las ruinas, abracé la pirámide de Keops, entré a una de las pirámides menores, gocé el desierto y aquella monumentalidad pétrea que venia del fondo de la historia.

Me enloquecí en el museo antiguo donde los objetos inundaban las vitrinas y los frescos y cerámicas contaban la historia de esta civilización, profundamente estudiada, con extensa bibliografía.

Llegué a Asuán, atravesé el desierto y en el amanecer vi el sol iluminando a Ramsés, admiré la ingeniería moderna, la represa y la majestuosidad del templo. Me albergaron los nubios y me llevaron al Convento de San Simeón, bajé el Nilo en feluca, adoré Luxor y Karnac visitándola con un profesor conocedor de aquellos esplendores y comprendí la dedicación de estos estudiosos a esta civilización milenaria. Entré en las tumbas del Valle de los Reyes y conocí el palacio de la reina Hatshepsut, vi los trabajos y los cuidados de preservación.

Bajé por el estuario del Nilo a Alejandría para rememorar la grandiosa Biblioteca, el legendario faro y recordar el suicidio de Cleopatra ante la inexorable decadencia del imperio egipcio.

Escuché misa con los coptos, recorrí la Ciudadela medieval de Saladino y disfruté del colorido Bazar y sus tiendas, regateando precios. Retorné a Israel por el camino de Gaza pensando en la civilización egipcia, en su concepto de eternidad y en nuestra Humanidad.

Actual viaje a Egipto. el gran museo

Volví a Egipto, ahora, en tiempos de guerra, a conocer el Gran Museo Egipcio y a dejar que los recuerdos se entrecruzaran con las nuevas vivencias.

«Los asuntos políticos nos afectaron, pero actualmente estamos en una etapa de armonía», me dice Manuela, nuestra guía y continua: «El turismo es cada vez más profesional y es una gran fuente de ingresos para el país, hay conciencia de nuestro patrimonio histórico y cultural, y eso es muy bueno».

Sin duda, hay más conciencia patrimonial, más seguridad y reconocimiento del impacto económico y social del turismo. El Gran Museo Egipcio ha renovado el interés, convirtiéndose en un pilar turístico.

Llegamos temprano a Guiza en un uber, con las entradas al museo compradas en internet. Al llegar, nos impresiona la explanada y las proporciones colosales del Museo, que ocupa un terreno de cincuenta hectáreas, situado a dos kilómetros de las pirámides.

En 1992 surge la idea de un nuevo museo, pero el concurso del edificio se anunció en el 2002. Se presentaron 1557 proyectos de más de ochenta países, lo ganó una compañía de Dublin, Irlanda.

El acceso es un enorme triángulo oblicuo, las caras del norte y sur están alineadas con las pirámides de Keops, la más grande, y Micerino, la más pequeña. La fachada es de alabastro egipcio y al entrar en el imponente hall, nos recibe la gran estatua de Ramsés II, de 3200 años de antigüedad, once metros y 83 toneladas, mientras el sol se filtra por los altos ventanales.

El museo costó 550 millones de dólares aproximadamente, con fuertes prestamos de Japón, contribuciones internacionales y del Consejo Supremo de Antigüedades. Fue concebido con las nuevas tecnologías y realidad virtual.

Incluye un museo para niños, salas de convenciones, centro de conservación, áreas de restaurantes, cafeterías y una bella galería con negocios y boutiques. Se inauguró por etapas, siendo el 2024 el momento en que se permitió al público acceso a las doce galerías con capacidad para cuatro mil visitantes diarios. Finalmente se inauguró el 1 de noviembre de 2025.

Es el museo más grande del mundo. El concepto «monumental» de la antigüedad egipcia vuelve a renacer en este edificio.

Las doce galerías están distribuidas en pisos abiertos, se accede por una gran escalinata y por elevadores. Hay servicios para discapacitados y guías que se contratan en todos los idiomas.

El recorrido sigue un orden cronológico y abarca un extenso periodo entre el 3200 al 400 d.C., desde la prehistoria o Imperio Antiguo hasta el Imperio Ptolomeico y la época romana.

Subimos al piso del Imperio Antiguo para ir bajando observando las piezas más importantes. Nos recibe un gran ventanal con las pirámides recortadas en el desierto, la gente se detiene, la grandeza intimida.

Lamentablemente no hay gráficas explicativas y los folletos son muy escuetos, tampoco hay muchas fechas ni detalles en las tarjetas técnicas. El mundo de la antigüedad egipcia abarcó milenios y se prefirió un concepto minimalista, pero se agradecería mas información. Los letreros están en inglés, árabe y chino.

Las vitrinas se suceden con objetos diversos que evidencian el grado de desarrollo de esta cultura.

Jóvenes cadetes del Colegio Militar que visitan el edificio me comentan el orgullo que sienten por el Gran Museo y por ser Egipto, cuna de una de las más importantes civilizaciones del mundo.

El recorrido por el gran museo nos da una perspectiva histórica de la civilización egipcia hasta el momento de su decadencia en la época Ptolemeica y la penetración romana. Luego vendrán las conquistas macedónicas, con Alejandro Magno fundador de Alejandría, los persas, la expansión del cristianismo, -que absorbió la religión egipcia, pero mantuvo el idioma copto-, el avance de los árabes en 639, la llegada de Saladino y los Mamelucos, la toma de los Otomanos del Cairo en 1516, la caída del comercio entre Oriente y Occidente y el Descubrimiento de América ll.

Cuando en 1798, Napoleón llega con su expedición militar, reactiva la llama del Antiguo Egipto y da nacimiento a la Egiptología. En 1799 se descubre la piedra Rosetta y en 1822, el egiptólogo francés Jean François Champillion logra decifrar los jeroglíficos y se abre una nueva dimensión para el estudio del mundo antiguo egipcio.

Tumba de Tutankamon

La estrella del museo es, sin duda, la sala de este misterioso faraón que fue Tutankamon.

En 1922, Howard Carter y su equipo descubren, en el Valle de los Reyes, la tumba KV62, la tumba de Tutankamon, con el sarcófago que hoy vemos en la sala del museo, junto a los objetos que acompañaban al faraón en su viaje a la otra vida.

Acercarse al sarcófago, ver las recámaras de oro, la máscara funeraria del joven faraón -1332-1323- y mas de cinco mil piezas, armas, utensilios, muebles, ropas, joyería y carruajes es un hecho de relevancia histórica. Estamos frente a un tesoro incalculable que por primera vez se ha podido reunir, restaurar y mostrar al público como una colección integral.

El joven rey enfermo que revalorizó la religión politeísta, restauró varios monumentos y que murió a los dieciocho o diecinueve años, está frente a nosotros, casi como una presencia viva, atravesando milenios y reafirmando el sentido de eternidad de los antiguos egipcios.

Las barcas solares de Keops

Después del impacto de ver la tumba necesitamos un café, reconfortados, nos dirigimos a un pabellón externo que contiene las barcas de Keops.

Keops fue el constructor de la primera y gran pirámide, las barcas fueron hallada en los alrededores, las fotografías del hallazgo ayudan a comprender el proceso. La barca, descubierta en 1954, se encontró enterrada en un foso a los pies de la pirámide, fue ensamblada en 1968 y tiene 43,4 metros de eslora, su restauración llevó más de diez años, comparte espacio con una segunda barca desenterrada en 2012.

Hay otras cinco fosas de barcas junto a la gran pirámide. Con ellas el faraón recorría sus dominios siguiendo el cauce del Nilo, motor de la gran economía y desarrollo del Egipto antiguo.

Al salir del museo, vemos nuevamente las pirámides. La emoción embarga. La recepcionista me dice: «Desde que el museo se abrió, el flujo de gente de todas partes del mundo es constante. Este museo es un orgullo nacional. Disfruten es nuestro placer».

Las pirámides

Egipto es un país asequible, hay hoteles de diversos precios ubicados en el centro antiguo, en Guiza o junto al Nilo, la gente es amable y hay seguridad. Para moverse es conveniente tomar uber, en general es un buen servicio.

Para visitar las pirámides se puede conseguir un guía, pero también es posible hacer el recorrido solo y con un libro explicativo. La entrada al sitio histórico tiene controles, mejor llevar un bolso pequeño. En el hall se pueden ver maquetas y objetos rescatados.

Hay buses que llevan al público a los distintos sectores. Un paseo en camello merece la pena. El turismo esta bien organizado y todos piden tips.

Al acercarnos se visualizan las tres pirámides de norte a sur, a unos veinte kilómetros de Saqqara, el antiguo cementerio real, tienen los nombres de los faraones que las erigieron: Keops, Kefren y Micerino, de la Dinastía IV, entre 2613-2494.

La pirámide de Keops mide 146 metros, la de Kefrén 143 y conserva su vértice y la de Micerino, unos 66 metros. Los constructores no eran esclavos como se pensaba sino trabajadores especializados y existía, a su vez, un grupo de obreros que atendían a los trabajadores. Gran parte de estos colaboradores fueron enterrados en las inmediaciones.

La parte superior de la pirámide era el punto de convergencia del Dios solar Ra con el cielo y la tierra, por donde ascendía el faraón. Todas las pirámides estaban revestidas de piedra caliza blanca.

Se puede entrar a la tumba de Keops, no contiene el sarcófago ni frescos pero el ascenso por el túnel de piedra, sofocante, da la sensación de penetrar en el corazón de un gran misterio. Oigo comentarios …megalomanía, culto al ego, posesión divina, entronización de la muerte… civilización donde vida y muerte se funden… cómo y por qué …tantas preguntas…

La Esfinge de Guiza

El recorrido de las pirámides termina en la Esfinge y puede hacerse a pie o con los buses.

La Esfinge de Guiza, con cabeza humana y cuerpo de león es símbolo de la fuerza y la sabiduría de los reyes. Cuando estuve décadas atrás, había mucha arena por sacar, ya que la escultura estuvo enterrada muchos años.

Hoy, los laterales están descubiertos y hay caminos para sacar fotos. La Esfinge fue esculpida directamente en la piedra, cuidaba y protegía las tumbas, tiene 73 metros de longitud, y una altura de veinte metros, se levanta imponente mirando hacia la orilla oeste del Nilo.

Atardece mientras caminamos envueltos por la luz dorada del sol y las arenas del desierto. Las pirámides majestuosas siguen emocionándonos por su belleza, su majestuosidad y su enigma.

Recorrido por el barrio copto, la ciudadela medieval y el bazar

El barrio copto era un tanto peligroso cuando lo visité décadas a tras, hoy, los buses turísticos llegan sin problemas. La zona cristiana, alberga varias iglesias, la iglesia donde San Jorge estuvo prisionero y unos pasos más adelante la famosa Iglesia Colgante, o Iglesia de la Virgen María, construida sobre los cimientos de la fortaleza de Nabucodonosor, rey de Babilonia.

La Sinagoga Ben Ezra, se ubica en el sitio donde según la leyenda, la hija del faraón encontró el cesto con Moisés, funciona como museo y lugar turístico.

Dejamos el barrio copto para dirigirnos al otro sector del Cairo, la Ciudadela, en medio de un tráfico caótico. La ciudadela, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es la parte más antigua de la capital, y se levanta sobre una fortificación construida en el siglo doce por Saladino. Desde sus jardines se aprecia una de las vistas panorámicas más completas de El Cairo.

El complejo alberga además de las mezquitas tres museos: el Museo Militar, el Museo de Vehículos Reales, y el Museo de la Policía.

La Mezquita de alabastro, del siglo diecinueve, es muy bella en su interior y es un templo de oración, no así, la Mezquita de Al-Nasir Muhamed fechada entre 1318-1335, considerada la Mezquita Real en el periodo Mameluco.

Visitamos las antiguas cárceles del siglo diecinueve y entramos en el Museo Militar, abierto desde 1949, con valiosos objetos y un recorrido sobre la historia militar egipcia. En los jardines me encuentro con un joven egipcio junto al busto de Ramsés que me dice: <Admiro este faraón que tanto hizo por el Egipto antiguo>.

Le respondo: <Si te lo propones y te preparas, bien podrías ser el futuro presidente de Egipto.>

Para despedirnos de El Cairo, una de las ciudades mas grandes del mundo con 23.074.000 millones de habitantes, nos reunimos en el restaurante del tradicional hotel sobre el Nilo, donde el chef italiano Paulo Lippolis, nos hace degustar un cordero a la egipcia. El país de los faraones nos ha hechizado, una vez mas

Visité Egipto en tiempos de «Tierra por paz», hoy el mundo ha cambiado, estando en Cuaresma y en Ramadán, deseo orar por la paz, mientras el Nilo fluye, como fluye nuestra vida, como fluye el tiempo hacia la eternidad… sin principio ni fin…

DEJA UNA RESPUESTA

Escribe un comentario
Escribe aquí tu nombre