El pasado 25 de marzo de 2020, tras una reunión del Ministerio de Educación, el de Universidades y los representantes de las Consejerías de Educación de todas las CC.AA., se concluyó que la EBAU se pospusiera hasta el 22 de junio. Pero el estado de alarma y el actual confinamiento afectan a todos los niveles educativos.

Después de la conferencia, otro de los cambios en el terreno educativo ha sido la suspensión de las pruebas evaluativas de tercero y sexto de Primaria, así como la de cuarto de la ESO. Además, también se flexibilizarán las prácticas en los módulos de FP, y el examen de acceso a la universidad será entre el veintidós de junio y el diez de julio la ordinaria. La convocatoria extraordinaria está programada para el día diez de septiembre.

La ministra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá, tras asistir en varios medios, ha declarado en su cuenta de Twitter que esperan volver pronto a las aulas y que los alumnos que deban realizar la prueba EBAU tenga un acceso justo y equitativo a la universidad.

También ha asegurado que, desde el Ministerio, están trabajando con el fin de proporcionar al alumnado los recursos necesarios para que puedan seguir con el curso.

Así pues, Celaá, asegura que «el Ministerio de Educación y Formación Profesional está trabajando denodadamente en esta crisis con un único objetivo: que ningún alumno, que ninguna alumna, pierda el curso por esta situación provocada por COVID-19». Por otro lado, en esta reunión vía telemática participaron Isabel Celaá, el secretario de Estado de Educación, Alejandro Tiana, la secretaria general de Formación Profesional, Clara Sanz y el subsecretario del MEFP, Fernando Gurrea, además de los consejeros de Educación de las Comunidades Autónomas.

Reunión del miércoles 25 de marzo, presidida por la ministra Isabel Celaá (a la derecha de la imagen)

En materia de Educación, las decisiones se van tomando poco a poco o, incluso, se desconoce cómo se llevarán a efecto las clases o una fecha exacta de cuándo se reanudarán las lecciones de forma presencial. En parte, porque esta decisión de terminar antes o después el confinamiento obligatorio, no incumbe únicamente al Ministerio de Educación. Pero el actual descuadre de las clases, así como la falta de rutina de los estudiantes, no solo daña el aprendizaje de la materia de los alumnos, también puede afectar física y psicológicamente, como así afirma Maider Arranz, psicopedagoga en un centro educativo en Cataluña.  

¿Qué sucede con la Educación Obligatoria?

La Comunidad de Madrid fue la primera región de España en decretar la suspensión de las clases en todos los centros públicos el pasado nueve de marzo, tanto en los niveles de primaria y ESO, como en bachillerato y universidad. Al final, con el decreto del estado de alarma y el aislamiento obligatorio. se han suspendido las clases a todos los niveles y en todo el territorio nacional.

Por el momento, las primeras medidas desde Educación se han centrado en estudiar fechas de exámenes en distintos niveles, ya que la recuperación de la rutina de los estudiantes depende directamente de la continuación del estado de alarma, por ahora establecido hasta el once de abril. Mientras tanto, los alumnos más pequeños reciben tareas y pautas a seguir a través de las plataformas online.

En el caso de la Comunidad de Madrid, la plataforma usada es Raíces, que a su vez tiene otra llamada Roble, usada por centros educativos muy dispares: desde música, Escuela Oficial de Idiomas, Colegios o Institutos. Roble, según la Comunidad de Madrid, es un portal destinado a las familias con dos fines, la posibilidad de facilitar el acceso a la información de los estudiantes en Raíces y servir como plataforma de comunicación e interacción entre el centro y las familias.

Debido a la cancelación de la asistencia presencial a las aulas, este tipo vías de comunicación y otras aulas virtuales han sido el comodín, y siguen siendo, de la enseñanza en España. A través de ellas se suben las tareas a realizar por los alumnos, así como otros recursos didácticos. Pero estas plataformas no están preparadas para emitir vídeos en streaming (en directo), ni asumir una gran cantidad de tráfico de datos de forma simultánea.

De hecho, como asegura María Jesús Andrés, profesora y miembro del equipo directivo del Colegio Público Vicente Aleixandre del municipio madrileño de Valdemoro, este tipo de recursos telemáticos han colapsado y «se saturan cada dos por tres». Por lo que, la actual situación ha obligado a los profesores de su centro a ingeniárselas con formas alternativas para obtener la mejor comunicación entre padres y profesores, y así, ofrecer la mejor educación a los alumnos.

Así mismo, María Jesús apunta que «algunos profesores del centro han creado correos para poder hablar con los padres o grupos de WhatsApp. Además, para hacerles llegar la tarea a los niños, se lo colgamos en el blog del colegio, pero todo esto tiene una capacidad limitada».

Otra alternativa que se ha planteado es el uso de diferentes aplicaciones de comunicación y de vídeo para contrarrestar la ausencia de enseñanza en vivo, pero, como añade María Jesús, les han ofrecido cursos exprés desde la Administración autonómica para aprender a usar otras plataformas, pero se impartían a través del propio Aula Virtual, que se satura constantemente, y, por ello, resultaban incluso contraproducentes.

El papel de los padres

Pero este desajuste no solo afecta a los alumnos y profesores, también a los padres. Maider Arranz, madre de dos niños y psicopedagoga en un centro educativo de Cataluña, asegura que los estudiantes no avanzan en la materia de la misma forma y, por ahora, es como si tuviesen estas semanas de vacaciones. Por otro lado, asegura que «los padres están asumiendo las tareas, y muchos de ellos ni saben enseñar o no pueden, a veces por falta de tiempo».

Así pues, Maider denuncia que esta reunión entre los ministerios y los representantes autonómicos, tiene un resultado mínimo, pues la Primaria está siendo olvidada, ya que no se están tomando medidas y este clima de incertidumbre es, en parte, lo que más le enfada. Así pues, le surgen muchas dudas. Uno de sus hijos cambia de ciclo de sexto de primaria a ESO, pero en otro centro, y se pregunta qué va a pasar con el temario que no se está dando, si se añadirá al año que viene, se recuperarán las horas o, si simplemente, esta materia quedará en el olvido.

Además, Maider señala que incluso se baraja la posibilidad de recuperar clases en verano y, por tanto, eliminar las vacaciones. Pero ella los cuestiona, porque «esto no es viable, ni por las infraestructuras, ni bueno para la psicología de los niños. Por ejemplo, uno de mis hijos aún tiene las clases en un centro construido con barracones, y en agosto eso puede ser aún peor. Y es horroroso tanto física como mentalmente para él. Quizás en clases con aire acondicionado aún se pueda hacer algo, pero no es lo mismo». Así pues, añade que incluso a los alumnos que más les guste aprender, no van a ir con la misma predisposición a recibir las lecciones, pues percibirán las clases en verano como un castigo. Además, Maider apunta que si el fracaso escolar actualmente en España es de alrededor de un 20 %, con una solución así, este porcentaje incluso se podría disparar.

El confinamiento perjudica más a los alumnos de Educación Especial

En 2018, el total de niños matriculados en Educación Especial era de 37 136 en todo el territorio español, siendo en su mayoría asumidos por centros públicos (59,6 por ciento del total). Maider Arranz, como psicopedagoga, señala que muchos de los niños con Educación Especial funcionan con rutina y se suma el hecho de que muchos de ellos tienen problemas de relación. Por ello, asegura que “relacionarse con los demás es el reto de cada día”. Pero ahora, con el presente aislamiento en casa, todo esto puede suponer «no solo un paso atrás, sino varios pasos atrás en su readaptación. Ellos entienden que después de verano tocan clases, pero ahora no saben qué está pasando».  

Gráfico de la evolución de los alumnos matriculados en centros de Educación Especial en España. Fuente: Ministerio de Educación

Al mismo tiempo, incide en el hecho de que su vuelta al colegio dependerá de cómo se haya gestionado su aprendizaje en casa, y esta incertidumbre también les afecta. Incluso, ellos pueden entender que este confinamiento es en realidad un castigo para ellos y cuando se vuelva a las clases, «las escuelas tendrán mucho trabajo para hacer».

¿Qué cambios hay en FP y Bachillerato?

Actualmente, la Formación Profesional (FP) es la etapa educativa no universitaria que más alumnado ha ganado en el último curso escolar, según el informe ‘Datos y cifras del curso escolar 2019-2020‘, elaborado por el Ministerio de Educación y FP. De hecho, en el curso 2019-2020 hay un total de 861 906 estudiantes matriculados en FP, lo que supone un aumento de 23 000 respecto al curso anterior. Dentro de esta subida en las matrículas, aproximadamente 14 000 son del grado superior, 8000 del grado medio y casi 1000 pertenecen a la FP básica.

Gráfico de la evolución de los alumnos matriculados en todos los niveles de FP. Fuente: Ministerio de Educación.

Tras la reunión de los ministerios de Educación y Universidades y las Consejerías de las autonomías, la enseñanza FP también sufrió algunos cambios. La duración de las horas prácticas en el lugar de trabajo se ha reducido al mínimo, es decir, 220 horas. Así pues, se integrará de forma excepcional el módulo de Formación en el centro de Trabajo (FCT) con uno de proyecto, para que se puedan abordar los objetivos asociados al entorno laboral. No obstante, por el momento no se han detallado los requisitos. Además, estas medidas afectarán a todos los niveles de FP, en la básica, media y superior.

En cuanto a los recursos recibidos, el Ministerio de Educación y FP pondrá a disposición de las Comunidades Autónomas todos los soportes digitales posibles de la modalidad de Formación Profesional a distancia, que actualmente abarca un total de 104 ciclos formativos, con el fin de facilitar la continuidad de las enseñanzas.

En cuanto al resto de la enseñanza secundaria no obligatoria, es decir, Bachillerato, los institutos continúan con el temario. Pero el segundo curso tiene una singularidad: la prueba de acceso a la universidad (EBAU). Tras la reunión entre los ministerios y autonomías del pasado día 25 de marzo, se confirmó que los exámenes de acceso se harían, seguramente, y como hemos dicho antes, entre el 22 de junio y el diez de julio para la convocatoria ordinaria, y en septiembre la extraordinaria.

Hay que suponer que esas fechas podrían modificarse, puesto que, hasta este momento, el Ministerio de Educación está supeditado a las medidas dictadas por el Gobierno en cuanto al confinamiento. Pero la ministra ha declarado a la cadena de radio Onda Cero: «tenemos la confianza de poder atender a los alumnos de manera presencial a final de curso, aunque sean quince días, para hacer un repaso general». Incluso, Celaá prevé una posible vuelta a las aulas de forma escalonada desde finales de mayo.

Mientras ministerios y consejerías se coordinan y siguen el ritmo que marca la COVID-19 en España, los alumnos de Bachillerato continúan formándose de la misma manera que se viene trabajando en los niveles de Primaria y ESO. Concretamente, usan aulas virtuales y segundas vías de comunicación, muchas veces establecidas según la iniciativa de cada profesor.

El día a día de una estudiante de Bachillerato

Patricia Quintana es estudiante de segundo de Bachillerato en el Colegio Concertado de Nuestra Señora de los Infantes en Toledo. Forma parte de una de las seis clases que configura este centro. Patricia considera que «los profesores nos están ayudando, suben todo a Educamos, nuestra aula virtual, aunque no es lo mismo, porque no podemos interactuar con ellos». Así pues, afirma que Educamos, su plataforma online con la que se comunican con los profesores y se marca el ritmo de enseñanza, ocasiona muchos problemas y se «cuelga» constantemente. Esta situación de baja productividad se incrementa por las mañanas. Ha llegado a estar media hora sin poder acceder a la plataforma porque el servidor no funcionaba, de ahí que sus horas de estudio las haya pasado a la tarde, porque es cuando menos problemas tiene con el portal.

Por el momento, a Patricia le han organizado las tareas y las entregas, aunque no sabe qué pasará con sus exámenes, que al fin y al cabo, «es lo que más cuenta en la nota final». El ingenio de sus profesores se ha agudizado para conseguir una mayor comunicación con sus alumnos, lo mismo que en el centro de Valdemoro de María Jesús Andrés. En el caso de Patricia, «nuestra profesora de Lengua Castellana graba sus clases y podemos escuchar su explicación. En Matemáticas, la profesora sube los archivos con el desarrollo y la teoría, y ha creado un grupo del que forma parte junto a todos los delegados y subdelegados de clase, y así, si tiene que avisar de alguna entrega o de algo nuevo que ha subido, lo hace también por ese grupo, y luego, nuestros compañeros nos avisan».

¿Y los universitarios?

En el caso de las universidades, la situación no cambia mucho. Los profesores «tiran» de correo electrónico y Moodle (plataforma virtual), así como de otras opciones de vídeos en streaming como Meet Google, Zoom o Collaborate. Por ello, muchos maestros se han visto en la necesidad de aprender nuevas herramientas de comunicación telemática.

Pero no solo estamos ante la adaptación del claustro. Hay otro aprendizaje paralelo, el de los alumnos a organizar su tiempo por sí mismos. Un gran desafío, especialmente cuando proceden de un sistema educativo que siempre les ha marcado el paso que deben seguir. Marina Martín es estudiante de Administración de Empresas en la Universidad Autónoma de Madrid, señala que, aunque alguno de los profesores suban los materiales a Moodle, como le pasa con una de las cuatro asignaturas que tiene este cuatrimestre, no tiene rutina alguna.

Marina, estudiante de primer curso, añade que continúan con el temario donde lo dejaron, aunque «echo de menos las clases presenciales, pero ayer nuestro profesor subió un vídeo con la explicación y todo fue muy rápido, y se ciñe por completo a dar la clase. Ya no suelta ni el típico chascarrillo habitual, y tampoco le podemos hacer preguntas si nos surgen dudas en ese momento. Las consultas se las tenemos que hacer por correo». Además de notarse sin rutina y algo perdida, también apunta otro problema, y es que «estoy tranquila, no noto la presión de las lecciones y no soy consciente de nada. Mis compañeros están igual. Estamos perdidos».

Otro caso es el de Sara Gómez, valenciana que está actualmente en primer curso de Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Asegura que «no estamos haciendo nada, todos tenemos tarea de antes y entregas que subir a Moodle. Es posible que la próxima semana empecemos a dar clases online, pero aún no sabemos cómo. No tenemos rutina. (…) En cuanto a los exámenes, de momento todos los profesores nos hablan de ellos como presenciales».

Mientras dure el aislamiento obligatorio, debido a la crisis de COVID-19 y no haya clases presenciales, los profesores se ven forzados a aprender a gestionar plataformas virtuales que sustituyen a las lecciones presenciales. Los alumnos de más edad se instruyen por su cuenta. Y los padres, especialmente de los más pequeños, cuando no están trabajando, centrados en cómo afrontar un posible ERTE o preocupados por algún familiar que ha dado positivo en COVID-19, ejercen como pueden de maestros.

Intento aprender siempre de lo que leo, veo y escucho. Prestar atención a los problemas de las personas y contarlo de la mejor forma posible es mi objetivo como profesional. Mi otra pasión es el cine.

4 Comentarios

  1. Bueno pienso que esto afectará mucho a los estudiantes ya que los conocimientos no podrán ser adquiridos en un cien por cien. Eso sucederá ya que las clases no serán presenciales…

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