De la factura de la luz al autoritarismo: Cómo la asimetría del mercado fabrica democracias fallidas

Un análisis de cómo la ventaja estructural de la oferta sobre la demanda se traslada al Estado y erosiona la arquitectura democrática del siglo veintiuno

Nos han dicho que el mercado se corrige solo, pero la experiencia demuestra que, sin contrapesos, el equilibrio tiende siempre a favorecer al actor más fuerte. Hoy, esa fuerza está desproporcionadamente del lado de la oferta.

No es solo una cuestión de precios altos o salarios bajos; es una cuestión de libertad política.

Cuando la oferta utiliza su ventaja organizativa para diseñar leyes a medida y capturar al Estado, la democracia se convierte en un trámite.

Este artículo traza el mapa de esa desigualdad —desde la «reduflación» en el supermercado hasta la impotencia legislativa— no para caer en el fatalismo, sino para proponer la única salida posible: pasar de la queja individual al poder colectivo. Porque si el juego está trucado, el primer acto de responsabilidad política no es seguir jugando, sino cambiar las reglas.

Introducción: el espejismo liberal

  • La Premisa: Desmontar la idea del «campo de juego nivelado». En el capitalismo liberal real, la oferta y la demanda no son rivales simétricos.
  • La Tesis Central: La oferta gana no solo por ser más eficiente, sino que también por estar organizada, mientras que la demanda pierde por estar atomizada y fatigada. Este desequilibrio económico no se queda en el mercado: se traslada al Estado y deforma la democracia.
  • El Objetivo: Trazar el mapa de esta guerra asimétrica y proponer las vías para recuperar el equilibrio perdido.

Imaginemos el mercado como un tablero. La narrativa oficial —la que se enseña, se repite y se vende— nos asegura que ese tablero es neutral: oferta y demanda compiten en igualdad y el precio es el árbitro justo. Si algo es caro o malo, el consumidor castiga y el mercado corrige.

La experiencia cotidiana dice otra cosa.

Ejemplo: intentas cancelar una suscripción digital y descubres que registrarse fue un clic, pero salir requiere navegar varias pantallas, confirmar varias veces, rechazar descuentos y, a veces, hablar con soporte. El «mercado» ya no es solo precio: es fricción diseñada.

En el capitalismo real, oferta y demanda no son rivales simétricos. Existe un desequilibrio que va más allá del dinero: es organización, tiempo, información y capacidad de aguantar. Y lo más grave es que este desequilibrio no se queda en el supermercado; migra hacia el Estado y termina por deformar la democracia.

La tesis de este artículo no afirma que el mercado sea siempre trampa, sino que, sin contrapesos, su equilibrio por defecto tiende a favorecer al actor más organizado.

El objetivo es doble: trazar el mapa de esta guerra asimétrica y proponer vías realistas para recuperar equilibrio, agencia y libertad política.

Capítulo 1: Anatomía de la desigualdad (las armas del mercado)

La oferta no gana siempre porque innove mejor. Gana, sobre todo, porque puede coordinarse, sostener estrategias y explotar asimetrías. La demanda, en cambio, opera dispersa: individuos solos, trabajadores fragmentados, consumidores con poco tiempo.

La ventaja decisiva de la oferta no anula la innovación: la convierte en dominación cuando se combina con escala, captura de canales y ausencia de salida.

1) Poder de mercado: concentración y barreras de entrada

La primera arma es el poder de mercado: cuando pocos agentes controlan un sector, la competencia deja de disciplinar al precio y pasa a ser decorado.

Ejemplo: si en tu zona solo hay uno o dos proveedores de internet viables, el «castigo» del consumidor es teórico: no hay fuga real. Puedes indignarte, pero sigues pagando.

El poder de mercado funciona por concentración, por control de distribución, por economías de escala y también por reglas informales: acuerdos tácitos, precios que se siguen, y una competencia que no rompe el techo del oligopolio.

2) La jaula (lock-in): hacer que salir sea caro

La técnica más elegante no es tenerte: es impedir que te vayas. El lock-in encierra al consumidor dentro de ecosistemas: datos, compatibilidades, cuentas, historial, apps, puntos, suscripciones.

Ejemplo: migrar de un sistema operativo móvil a otro puede implicar perder compras, datos, hábitos y compatibilidades. La permanencia no es amor: es coste hundido.

El mercado se presenta como «elección», pero muchas veces es una elección entre fricciones.

3) Guerra cognitiva: manipulación de percepción

La oferta explota que el ciudadano moderno tiene tiempo limitado y fatiga informativa.

Ejemplo: un ecommerce hace que comprar sea inmediato y cancelar sea deliberadamente difícil: botones ocultos, confirmaciones repetidas, mensajes de culpa («¿Seguro que quieres irte?»), descuentos al borde del abandono. Comprar se convierte en autopista; salir, en laberinto.

Esto no es un fallo estético: es ingeniería conductual (dark patterns). A su lado operan tácticas de persuasión emocional que venden identidad, pertenencia o seguridad: el producto se vuelve relato.

4) Manipulación de precios: opacidad, reduflación y discriminación

La competencia perfecta necesita transparencia. El mercado real vive de lo contrario.

Ejemplo: pagas «lo mismo» por menos cantidad: shrinkflation (reduflación). El precio nominal no sube, pero el coste real sí. Se evita el escándalo del cartel, se mantiene el golpe en silencio.

En su versión avanzada, el precio se vuelve dinámico: comisiones ocultas, planes complejos, segmentación por perfiles. Se busca extraer el máximo excedente del consumidor sin activar su resistencia.

5) El factor laboral: fragmentación y externalización

La oferta también disciplina el trabajo. No solo mediante salarios: mediante arquitectura empresarial.

Ejemplo: un repartidor «autónomo» compite contra otros repartidores; no negocia con la plataforma. La fragmentación produce obediencia: sin colectivo, no hay fuerza.

En el ámbito de la empresa privada externalizar presupone reducir costes (no siempre), pero también diluye responsabilidades y rompe la comunidad laboral. Si el trabajo no puede organizarse, el precio del trabajo se mantiene bajo, aunque la ciudad y el alquiler se disparen.

Ejemplo: Si una corporación se lleva a Colombia o la India el Call Center, esta unidad tendrá menos coste y con cero problemas sindicales, ¿la calidad del servicio se resentirá? Si, pero el usuario lo terminará percibiendo como algo imparable.

La externalización en el sector público obedece a otros patrones, donde la calidad de los servicios públicos está reñida con la rentabilidad de las empresas.

Capítulo 2: El árbitro capturado (el papel del Estado)

La respuesta teórica al abuso es automática: «regular». Y ahí emerge el segundo espejismo: creer que el Estado es neutral.

El Estado define reglas, decide quién puede hacer qué, distribuye riesgos y, con frecuencia, protege la estabilidad del sistema. Esa estabilidad no es neutra: favorece a quien puede amenazar la estabilidad.

La captura no es un destino inevitable, pero sí el resultado más probable cuando la presión organizada es constante y los contrapesos ciudadanos son débiles o intermitentes.

1) Cómo se captura al árbitro

La captura puede ser directa o indirecta:

  • lobby y puertas giratorias,
  • tecnicismo regulatorio (solo el sector domina el idioma),
  • judicialización estratégica (bloquear, retrasar, desgastar),
  • diseño de excepciones y «cumplimiento selectivo».

Ejemplo: normas que parecen neutras, pero exigen un coste de cumplimiento que solo una gran empresa puede pagar. El pequeño no cae por ser peor: cae por ser pequeño.

2) Dos modelos: EEUU y Europa (sin caricatura, con filo)

Hay dos estilos dominantes, con un mismo resultado recurrente: el capital gana margen estructural.

EEUU (Estado musculoso). No hay «libre mercado puro». Hay Estado fuerte en propiedad, contratos y rescates cuando el colapso amenaza.
Ejemplo: cuando un actor sistémico cae, el riesgo se socializa porque el Estado teme el contagio. El mercado es libre… hasta que amenaza a los cimientos.

Europa (Estado regulador). Hay más red social, más protección, más regulación.
Ejemplo: la protección del consumidor existe, pero la complejidad regulatoria puede concentrar mercado cuando el cumplimiento exige departamentos legales y certificaciones que el pequeño no puede sostener.

Europa no es «menos capturable» (hacer un sistema o proceso más resistente a ser manipulado, controlado o «tomado» por intereses particulares): es capturable de otra forma, porque la regulación puede proteger al débil y, simultáneamente, fortalecer al grande si la complejidad actúa como muro de entrada.

Otras Fuentes:

No estamos ante una conspiración, sino ante una mecánica. Mancur Olson explicó hace décadas por qué los intereses concentrados se organizan y los costes difusos se resignan. George Stigler describió después cómo esa asimetría se filtra en el Estado: la regulación puede terminar adquirida por el regulado. Karl Polanyi lo elevó a diagnóstico de época: cuando el mercado intenta gobernar la sociedad como si fuese un mecanismo autónomo, la sociedad responde buscando protección —o refugio— de un modo u otro. Y C. Wright Mills dio el remate político: el poder puede concentrarse sin abolir la democracia, basta con desplazarlo fuera del alcance del ciudadano común.

Capítulo 3: La metástasis política (de la economía a la democracia)

Llegamos al salto clave: de la asimetría económica a la deformación democrática.

Aquí está el mayor riesgo intelectual: caer en determinismo (mercado → populismo inevitable). No es así. La relación es más interesante y más defendible: la asimetría no produce un único resultado político, pero sí debilita la capacidad democrática y abre la puerta a derivas previsibles.

La asimetría de mercado no causa por sí sola el cesarismo o la tecnocracia: crea el terreno fértil —impotencia, fatiga y desconfianza— en el que esas salidas se vuelven plausibles y emocionalmente atractivas.

A) Génesis de la democracia corporativa

Cuando la ventaja organizativa de la oferta se traslada al Estado, la legislación tiende a convertirse en un «mercado a medida»: normas técnicas, excepciones, puertas giratorias, captura de agenda.

Ejemplo: el ciudadano se enfrenta a reglas ilegibles y procedimientos largos mientras el actor organizado domina el proceso con consultoras, informes y equipos jurídicos. Nadie prohíbe su participación: simplemente se vuelve inviable.

El resultado no es ausencia de democracia, sino democracia como trámite: se vota, pero el margen real de decisión se estrecha y se tecnifica.

B) Génesis del cesarismo (y del «orden» como producto)

En paralelo, el ciudadano se agota.

Ejemplo: precariedad, alquiler alto, trámites digitales, empleos rotativos, atención fragmentada. El individuo no solo pierde poder económico: pierde tiempo, energía mental y sentido de control. Cuando llega la política, llega tarde.

Esto no «vuelve irracional» al ciudadano. Lo vuelve vulnerable a una promesa: orden, identidad, protección.

Así se construye el cesarismo moderno: no como error cultural aislado, sino como respuesta psicológica y política a un sistema percibido como trucado.

Capítulo 4: La reconquista (estrategias de reequilibrio)

El diagnóstico es duro, pero no es fatalista. Si el problema es desequilibrio de poder, la solución no es sermón: es contrapeso.

La democracia no se salva con más pedagogía individual, sino con poder colectivo: organización, alternativas reales y reglas que se cumplan.

1) El imperativo de la organización (músculo)

La demanda atomizada pierde por definición. La demanda organizada negocia.

Ejemplo: un inquilino solo acepta condiciones. Un sindicato de inquilinos puede fijar agenda, visibilizar abusos, sostener litigios, presionar inspección y traducir urgencia individual en conflicto público.

Organización no es romanticismo: es tecnología política.

2) Tecnologías de defensa: transparencia, voz y salida

  • Transparencia radical: comparadores, auditorías sociales, datos accesibles.
    Ejemplo: saber el precio real por kilo o el coste total de un contrato reduce la extracción por opacidad.
  • Voz (voice): litigio estratégico y presión reputacional.
    Ejemplo: cuando una práctica abusiva se convierte en coste reputacional y legal, deja de ser rentable.
  • Salida (exit): alternativas materiales.
    Ejemplo: una cooperativa energética o una red de consumo reduce la dependencia del oligopolio. Si puedes irte, negocias. Si no, suplicas.

3) Nuevo pacto normativo: predistribuir poder

Aquí está la clave política: no basta con corregir excesos. Hay que redistribuir capacidad de negociación.

  • antimonopolio real,
  • derechos laborales fuertes,
  • inspección efectiva,
  • simplificación regulatoria donde la complejidad concentra.

Ejemplo: una ley laboral puede existir, pero si la inspección es débil y la sanción tarda, el mercado aprende que lo permitido no es lo legal: es lo impune.

Conclusión: El marco MEDHI (lo que está en juego)

La balanza está rota, pero entender cómo se rompe permite imaginar cómo se repara.

Tecno-económico: la batalla por datos, atención, margen y captura de canales no ha hecho más que empezar.
Ejemplo: la economía de suscripción transforma consumo en dependencia y dependencia en renta recurrente.

Estructural-normativo: si no recuperamos reglas y enforcement, el Estado se convierte en una sucursal del mercado.
Ejemplo: regular sin inspeccionar es escribir literatura administrativa.

Bio-energético: la democracia exige tiempo y descanso. La precariedad fabrica ciudadanos agotados, y el agotamiento fabrica política de atajo.
Ejemplo: un ciudadano exhausto no controla el poder: lo delega.

Noético-simbólico: la oferta vende relato; el populismo vende relato; ambos compiten por el sentido.
Ejemplo: donde no hay horizonte vital, cualquier identidad presta se vuelve refugio.

La democracia del siglo veintiuno no caerá por una conspiración, sino por una dinámica: la desigualdad de poder que se vuelve normal y luego invisible. La salida no es nostalgia: es contrapeso. Organización, alternativas reales y un Estado que no solo escriba reglas, sino que las haga cumplir.

Si el juego está trucado, el primer acto político no es resignarse.
Es cambiar las reglas.

Epitafio : «Lo que aquí se describe no es una ocurrencia: es una secuencia clásica en economía política —acción colectiva (Olson), captura (Stigler), reacción social (Polanyi) y concentración de poder (Mills)— con una novedad contemporánea: la fatiga ciudadana como acelerador.»

Lecturas recomendadas (para entender la tesis de «La balanza rota»)

1) Karl Polanyi — el mercado autorregulado es una utopía

Polanyi desmonta la idea de que el mercado pueda sostener el orden social por sí solo. Su concepto del «doble movimiento» explica la tensión permanente entre la expansión del mercado y la reacción social que busca protección (derechos laborales, regulación, límites). Te sirve para defender que el conflicto no es moral: es estructural.

«Cuando el mercado intenta colonizarlo todo, la sociedad responde: a veces con derechos, a veces con rabia.»

2) Mancur Olson — los intereses organizados ganan a los dispersos

Olson explica por qué los grupos pequeños y con beneficios concentrados (sectores, lobbies, corporaciones) se organizan mejor que la mayoría, que sufre costes difusos y tiende a no coordinarse. Es el armazón académico perfecto para la idea de oferta organizada vs demanda atomizada.

«El poder no siempre gana por tener razón: gana por estar organizado.»

3) George Stigler — la regulación se captura

Stigler formula la teoría clásica de la captura regulatoria: la regulación puede acabar «adquirida» por la industria y operar en su beneficio. Esto refuerza el capítulo 2 (el Estado no neutral) sin sonar conspiranoico: es economía política pura.

«Hay normas que corrigen fallos del mercado… y normas que blindan al que ya manda.»

4) C. Wright Mills — la democracia puede sobrevivir como forma y vaciarse como estructura

Mills describe la «élite del poder» y cómo las grandes decisiones se concentran en la intersección entre corporaciones, política y aparato estatal/militar. Es un respaldo excelente para la tesis de democracia corporativa: la democracia persiste como rito, mientras el poder real se profesionaliza y se cierra.

«No hace falta censura para perder el control: basta con que el poder se vuelva inaccesible.»

Autores vivos

5) Cory Doctorow

  • Aporta: la degradación deliberada de productos/servicios («enshittification») cuando las plataformas ya te tienen atrapado (lock-in).
  • Encaja en Cap. 1: jaula, salida difícil, extracción progresiva del usuario.
  • Útil si quieres «bajar a calle» lo abstracto con ejemplos de plataformas digitales.

6) Shoshana Zuboff

  • Aporta: el «capitalismo de vigilancia»: extracción de datos para predecir y moldear conducta.
  • Encaja en Cap. 1/3: guerra cognitiva + control de percepción + ciudadanía manipulable.

7) Thomas Piketty

  • Aporta: desigualdad como estructura histórica y política, no como accidente; concentración de riqueza que condiciona democracias.
  • Encaja en Cap. 2/3: poder económico → poder político, y conflicto distributivo permanente.

8) Wendy Brown

  • Aporta: cómo el neoliberalismo «economiza» la vida pública: convierte ciudadanía en capital humano y política en gestión.
  • Encaja en Cap. 3: democracia que se vacía por dentro, tecnocracia, pérdida de sentido público.

9) Mariana Mazzucato

  • Aporta: el Estado no es «menos que el mercado»: crea mercados, asume riesgo y luego el beneficio se privatiza (cuestión de diseño institucional).
  • Encaja en Cap. 2: «Estado musculoso», intervención no neutral.
  • Encaja en Cap. 4: «nuevo pacto normativo» + Estado que «pre distribuye poder», no solo corrige fallos.

10) Daron Acemoglu

  • Aporta: instituciones inclusivas vs extractivas; cómo la captura y la concentración generan estancamiento y crisis política.
  • Encaja en Cap. 2/3: «captura» sin conspiración: incentivos e instituciones.
  • Encaja en Cap. 4: la tesis de «contrapesos» y de que el Estado debe estructurarse para resistir presión organizada.

11) Anne Case y Angus Deaton

  • Aporta: el vínculo entre precariedad/dolor social y degradación política (muerte social, desesperanza).
  • Encaja en Cap. 3: fatiga de la demanda como condición para salidas políticas duras.

12) Mark Blyth

  • Aporta: por qué la austeridad y el diseño macro alimentan frustración y populismo; economía política explicada sin academicismo pesado.
  • Encaja en Cap. 3: el «terreno» material del malestar.

Alienados con el capítulo 4

13) Elinor Ostrom

La menciono porque es el esqueleto perfecto: acción colectiva funcional y gestión de bienes comunes. Ostrom mostró que la gestión colectiva de recursos puede funcionar sin depender solo del Estado o del mercado.
Sirve de referencia para cooperativas energéticas, redes locales, autogobierno).

14) Tim Wu

  • Alineación: antimonopolio, ciclos de concentración, y por qué romper concentraciones es política de libertad.
  • Encaja con: la idea de «antimonopolio agresivo» como pieza central de la reconquista.

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