Desde hace unos tres años, SEO/BirdLife y Ecoembes promueven la iniciativa  ‘Libera, que lucha por terminar con la basuraleza (el abandono de basura en entornos naturales), haciendo un llamamiento contra el abandono de guantes y mascarillas en tiempos de COVID-19.

Estos desechos están apareciendo ya en entornos naturales de todo el mundo. Las playas de China son un primer ejemplo, pero empiezan a alzarse voces que aseguran que está ocurriendo lo mismo en España, denuncia Ecoembes.

El peligro de las mascarillas

Contener la enfermedad requiere del uso de medidas de protección, como guantes y mascarillas. El uso de materiales de protección desechables es el modo más seguro de luchar contra la COVID-19. Sin embargo, y pese a lo necesario que es luchar contra el cambio climático empleando productos duraderos, no parece haber otro modo de contener la enfermedad. 

Sin embargo, que esté legitimado usar productos desechables y contaminantes contra la pandemia, no lo está abandonarlos. Tirar estos productos en calles, campos, playas y otros espacios naturales resulta muy contaminante. No solo es perjudicial para la salud pública humana, sino pernicioso para la salud ecológica. Por ello, Libera llama a la conciencia de las personas, para que dejen de abandonar estos residuos en espacios naturales y urbanos.

¿Dónde tiro las mascarillas?

Debido a lo dañino que resulta el abandono de guantes y mascarillas, los equipos de protección deben de desecharse en las papeleras de las calles y en los contenedores de basura, concretamente en el cubo gris, el de la basura general.

«Los guantes, mascarillas y demás material de protección deben de ir siempre al contenedor gris, nunca al amarillo. Igual que la basura que se genere en una casa con algún miembro contagiado: siempre al gris. Y en el resto de hogares, seguir reciclando como siempre», apunta Sara Güemes, coordinadora de Ecoembes del proyecto Libera.

Biodiversidad y basuraleza

La lucha contra la basuraleza es una batalla constante del referido proyecto. La contaminación de espacios naturales reduce la biodiversidad, es decir, la cantidad de especies que habitan los ecosistemas. Los residuos contaminan suelos y aguas, envenenando los ecosistemas. Dañan directa o indirectamente la vida de las especies que los componen: plantas, animales, bacterias. 

Que haya menos especies hace más fácil la proliferación de enfermedades, tanto en los humanos como en otras especies. También dificulta el reequilibrio natural de las enfermedades, que son naturalmente reguladas gracias a la diversidad genética que permite la biodiversidad.

De hecho, una de las potenciales causas de la pandemia es su origen zoonótico, es decir, que se haya transmitido desde otras especies animales. Como vemos, la propia reducción de la biodiversidad que ya vivimos facilita este proceso. Si bien las relaciones no son directas, la interacción del ser humano con la naturaleza parece haber influido en la aparición del virus SARS-CoV-2.

Para Libera, «esta pandemia ha sido originada por el desequilibrio natural provocado por la humanidad». Cuanto más deteriorada se encuentre la biodiversidad de un espacio natural, más facilidad tendrán los virus de expandirse. Cuidar de la salud del planeta del que formamos parte es el único modo de cuidar de nuestra propia salud.

Habito entre la información y el arte, como el niño que baila entre la filosofía y la poesía. Creo en el compromiso, pero no en los dogmas, y más que la verdad, busco las perspectivas, aunque siempre trato de recopilarlas de forma fiel y rigurosa. Dicen que hay un tal Zule que publica con mi voz, pero yo creo que simplemente somos dos jugadores de un mismo juego: el que cree en la palabra y su poder transformador, así como en la responsabilidad de usarla honradamente.

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