Desde el próximo lunes 18 de mayo de 2020, los alumnos madrileños con beca de comedor que estaban recibiendo menús de Telepizza, Rodilla y Viena Capellanes pasarán a alimentarse con comidas preparadas por empresas de catering especializadas.

Las familias podrán pasar a recoger los menús por 164 puntos, establecidos en los diversos distritos y municipios. En ellos, trece empresas de catering distribuirán menús variados y equilibrados, que alimentarán 8200 niños y niñas. 

Dada la situación socioeconómica de sus familias, muchas de ellas solo pueden asegurar esta comida a las menores. Para recogerla, simplemente deberán facilitar sus nombres.

Cañada Real se mantiene como única excepción al servicio. Sus cerca de cuatrocientos alumnos seguirán recibiendo sus comidas a través del servicio de Viena Capellanes. El motivo es evitar que tengan que desplazarse al punto de distribución más cercano.

La Comunidad rectifica

La Comunidad de Madrid pone así fin a una de las medidas más polémicas de su gestión de la crisis de COVID-19. Tras rescindir los contratos con sus firmas habituales, la Comunidad delegó en Telepizza, Rodilla y Viena Capellanes la alimentación de sus becados de comedor.

Estos niños y niñas tienen esta beca por la vulnerabilidad que viven sus familias, muchas de las cuales perciben la Renta Mínima de Inserción (RMI). Asociaciones de madres y padres, de profesores y de atención a la infancia, así como el propio Gobierno de España cuestionaron la medida. Incluso algunos consistorios se negaron a adoptarla. Se criticaba lo poco saludable de la alimentación, así como el escaso valor pedagógico de la medida. 

De poco servía la educación en hábitos alimentarios saludables sí a la hora de la verdad se alimentaba con comida basura. También se cuestionaba cómo afectaría la medida a la salud de niños y niñas que, además, se encontraban confinados, sin poder hacer deporte.

Explicación de la Comunidad

Enrique Ossorio, consejero de Educación y Juventud, ha defendido su actuación. Dice que adoptaron «una medida de urgencia, la única posible tras desechar otras opciones que resultaron inviables». «Hicimos varios intentos para contratar con empresas de catering, pero no pudimos contar con la colaboración de todos los ayuntamientos de la región para poder hacer la distribución». 

«Tuvimos que contar con la orden de cierre los establecimientos de hostelería, lo que complicó todavía más la solución», defiende Ossorio. Explica que el confinamiento dificultó la distribución de los menús, alegando que las familias no podían ir a recoger las comidas. Sin embargo, la mayoría de los alimentos no fueron repartidos a domicilio, sino que mayoritariamente eran recogidos en los locales de las tres empresas. 

Pese a todo, la medida fue diseñada como un modo de que las familias no tuviesen que salir de sus casas. En ese sentido, el consejero señala que «antes de las medidas de desconfinamiento hubiera sido imposible llevarlo a cabo». Sin embargo, esta observación no es del todo cierta.

Dada la emergencia alimentaria, las personas en situación de vulnerabilidad estaban pudiendo salir a recoger alimentos. Lo hacían en las diversas entidades asistenciales que trabajan en la Comunidad, que eran comprendidas por las autoridades como equivalentes a supermercados. La medida se podía haber aplicado bajo este marco legal, facilitando desde un primer momento alimentos saludables a los menores.

La última semana de abril, el Ministerio de Derechos Sociales solicitó a la Comunidad una revisión de la medida. Por motivos nutricionales, dudaba de la idoneidad de la misma. Dado que, de forma indirecta, es quien la financia con sus partidas, el Ministerio solicitaba que fuese replanteada.

Habito entre la información y el arte, como el niño que baila entre la filosofía y la poesía. Creo en el compromiso, pero no en los dogmas, y más que la verdad, busco las perspectivas, aunque siempre trato de recopilarlas de forma fiel y rigurosa. Dicen que hay un tal Zule que publica con mi voz, pero yo creo que simplemente somos dos jugadores de un mismo juego: el que cree en la palabra y su poder transformador, así como en la responsabilidad de usarla honradamente.

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