
Después de una semana de gran dolor, de perplejidad ante lo sucedido en el AVE y perplejidad ante las reacciones de unos y otros; con el alma y el corazón con las víctimas del terrible accidente, otro más, de los trenes de la alta velocidad; después del desconsuelo, el orgullo por quienes nos asisten cuando todo se tuerce, de todo el personal del servicio público, tan denostado, estén donde estén, sean de la sanidad, de los bomberos, de los cuerpos de seguridad, de protección civil o de la Unidad Militar de Emergencias, bendita unidad, o de todo un pueblo, toda su gente, esta vez de Urda (Toledo), que nunca falla, que sin pensarlo dos veces acudieron los primeros para ponerse a disposición del salvamento o de lo que hiciera falta.
Después del lamentable espectáculo de nuestros políticos, de quienes actúan como carroñeros, de quienes pretenden dar ejemplo cuando su ejemplo ha sido lamentable cuando gobernaron o donde gobiernan, y o del gobierno que no asume las consecuencias de su gestión, más allá de que haya sido mejor o peor que la anterior, más allá del aumento de la inversión en mejorar las infraestructuras que los otros dejaron caer, más allá de todo, es su responsabilidad actual y han fallado, no sólo por los accidentes con tantísimas personas fallecidas o heridas, es que es insoportable que esto ocurra de nuevo, y por tanto tienen que asumirlo, no vale con intentar descargarla sobre el, para su desgracia y desolación, último eslabón de la cadena, los trabajadores, el trabajador señalado.
Me falta el aire para seguir escribiendo con tanto dolor sobre lo acontecido y busco refugio en otro lugar, buscando un poco de esperanza, buscando consuelo en la belleza de la naturaleza, pero no sé si lo hallé.
Cuando suena el nombre de Sebastião Salgado en cualquier evento siempre me pongo alerta, porque sé que encontraré su mirada comprometida, dura y bella sobre nuestro planeta, sobre la vida que lo habita, sobre la humanidad misma. Nunca falla, y es un refugio para encontrar un poco de aire puro que respirar, aunque a veces duela.
La exposición AQUA MATER no ha podido elegir mejor lugar para visitar Madrid, estará desde el 28 de octubre de 2026 hasta el 31 de enero de 2027, en el cuarto depósito del Canal de Isabel II, Sala Castellana 214 de la Fundación Canal. Un depósito espectacular, capaz de albergar 144 mil metros cúbicos de agua potable que abastece el norte de la ciudad, en una de sus salas llenas de arcos que recuerdan a las cisternas romanas, que se ha liberado de su destino para crear este impresionante espacio expositivo.


Donde hubo agua vuelve el agua, en glaciares, en el Ártico o Antártico, en cascadas selváticas o manglares, en las nubes y en el suelo, abundancia y escasez; Salgado en sus magníficas fotografías nos muestra nuestro planeta en blanco y negro, donde se aprecian todos los matices, todas las capas de nieve o ceniza, todas las hojas de los húmedos bosques o árboles y palmeras desérticas. Todos los lugares habitados por la humanidad donde el agua es manantial de vida o muerte.
Visitar la exposición es asomarnos por mirilla de la cámara de Sebastião y poder viajar, según palabras del propio autor «a los lugares más inhóspitos y remotos del planeta… captar la inmensa belleza de los glaciares… quedarnos con la sensación de que esas colosales masas de hielo, esculpidas por la naturaleza, tienen, alma. El glaciar se mueve, cambia, emite sonidos, tiene vida. Es un ser vivo».
Son dos exposiciones en una, Aqua Mater y Glaciares, con casi cien fotografías de gran formato en las que podremos admirar la belleza de nuestro planeta pero también su debilidad.
Los glaciares, también nos dice Salgado, son «un termómetro para el planeta… testigos esenciales de la historia de la Tierra, están desapareciendo. Se cuentan entre los indicadores más evidentes y simbólicos del cambio climático. En todo el mundo, los glaciares están perdiendo masa a un ritmo sin precedentes, un proceso que se ha acelerado en las últimas décadas, con sus mayores pérdidas en el siglo veintiuno. Su retroceso generalizado está provocando una transformación medioambiental a gran escala, con profundas e importantes consecuencias para los océanos, los paisajes, los ecosistemas y las poblaciones. El destino de los glaciares, que representan el setenta por ciento de las reservas de agua dulce del planeta, no es nada halagüeño. Y nos toca muy de cerca. Es nuestro deber proteger y preservar esa belleza imponente y esencial de la que depende nuestro planeta».
El recorrido por la exposición va acompañado por una atmósfera recreada por François-Bernard Mâche de sonidos de la naturaleza. Esta recopilación está diseñada por Léila Wanick Salgado, compañera y cómplice en toda su vida y en todos sus proyectos.
Hemos salido de la exposición abrumados por la belleza de las fotografías, por el mensaje recibido de cuidar el planeta, de protegerlo, mensaje que debemos hacer extensivo a la propia humanidad, de cuidarnos y protegernos en estos tiempos tan oscuros.



