La crisis energética que atraviesa Cuba ha llevado al Gobierno a suspender el cambio estacional de hora y mantener el horario de verano hasta noviembre de 2027. La medida pretende reducir la demanda eléctrica durante las últimas horas de la tarde y aprovechar mejor la generación fotovoltaica, en un país donde los apagones condicionan el trabajo, la enseñanza y las actividades más elementales de la vida cotidiana.

El periodista Dariel Pradas, en un amplio reportaje publicado el 30 de octubre por Inter Press Service (IPS) desde La Habana, examina tanto las razones económicas de esta decisión como sus consecuencias sociales. Su información incorpora datos gubernamentales, explicaciones científicas y testimonios de ciudadanos que describen cómo la escasez de electricidad ha transformado sus hábitos.

Un cambio de hora condicionado por la escasez de electricidad

La decisión, anunciada conjuntamente por los ministerios cubanos de Energía y Minas y de Trabajo y Seguridad Social el 24 de octubre, establece que la isla continuará utilizando el horario UTC-4, sin retrasar los relojes una hora como correspondía al comienzo de noviembre.

El siguiente cambio está previsto para el 7 de noviembre de 2027. Hasta entonces, Cuba conservará durante todo el invierno una hora oficial adelantada respecto al horario que tradicionalmente utilizaba en esta estación.

Según los cálculos oficiales recogidos por IPS, mantener el horario de verano permitirá reducir en aproximadamente 126 megavatios la demanda eléctrica vespertina. De esa cantidad, 76 MW corresponden al menor consumo de iluminación artificial y otros 50 MW al aprovechamiento de la generación solar fotovoltaica durante las horas de mayor demanda.

La magnitud de ese ahorro debe situarse en el contexto de las dificultades del sistema eléctrico cubano. El despacho de IPS señala que el déficit máximo de generación ronda diariamente los 2000 MW, frente a una demanda aproximada de 2900 MW. La reducción prevista no resuelve ese desequilibrio, pero puede contribuir a disminuir parcialmente la presión sobre la red.

El sol como recurso estratégico ante la falta de petróleo

La decisión refleja la creciente importancia de la energía solar en la respuesta cubana a la crisis de abastecimiento de combustibles. El deterioro de las centrales termoeléctricas, las dificultades para importar petróleo y el endurecimiento de las restricciones estadounidenses han agravado los problemas de generación.

IPS recuerda que el presidente Miguel Díaz-Canel informó el 23 de septiembre de que el 21,4 por ciento de la electricidad generada en el país procedía de fuentes renovables. Cuba contaba entonces con 1418 MW de capacidad renovable instalada y 144 parques fotovoltaicos, con la previsión de superar los 1500 MW durante 2026.

El investigador Elier Pila, del Instituto de Meteorología de Cuba, explica en la información de Pradas que conservar el horario adelantado permite prolongar la coincidencia entre la producción solar y el consumo eléctrico de última hora de la tarde.

Durante diciembre y enero, el horario habitual de invierno situaría la puesta de sol alrededor de las seis de la tarde en el occidente cubano. Con el horario de verano, ese momento se desplaza aproximadamente hasta las siete, lo que reduce la necesidad de iluminación artificial y permite aprovechar durante más tiempo parte de la generación fotovoltaica.

Escuelas y centros de trabajo comenzarán media hora más tarde

La permanencia del horario de verano obliga también a modificar la organización de las jornadas escolares y laborales. Entre el 1 de noviembre y el 14 de marzo se retrasará treinta minutos la entrada a los centros educativos y de trabajo comprendidos en las disposiciones oficiales.

El Gobierno pretende así reducir las dificultades derivadas de comenzar las actividades antes del amanecer. En los centros laborales sujetos a la medida, el reajuste deberá aplicarse sin perjuicio salarial, conforme al artículo 223.2 del Código de Trabajo mencionado por IPS.

Elier Pila advierte de que, a partir del 10 de diciembre, el sol saldrá en La Habana después de las ocho de la mañana, una situación que se prolongará hasta mediados de febrero de 2027.

El investigador también recuerda que las modificaciones horarias afectan al ritmo circadiano, particularmente al descanso y la alimentación. Aunque los cambios estacionales pueden resultar incómodos, mantener una hora adelantada durante el invierno presenta sus propias consecuencias sobre la relación entre los horarios sociales y la luz natural.

Los testimonios recogidos por IPS: inseguridad, transporte y cansancio

Una de las aportaciones más significativas del reportaje de Dariel Pradas es la atención a las experiencias de trabajadores que afrontan diariamente las consecuencias de los apagones.

Laura Molina, residente en La Habana de 34 años, explica a IPS que los cambios horarios habituales le resultan difíciles, pero también le preocupa regresar del trabajo cuando las calles permanecen oscuras por la falta de electricidad.

La preocupación adquiere características distintas para Raiko Toledo, un camarero de 29 años que trabaja en un establecimiento privado de la capital. Su jornada termina cerca de las cinco de la madrugada y habitualmente espera a que amanezca para regresar a casa.

Toledo relata a IPS que salir de noche implica mayores riesgos y gastos de transporte. Con el retraso del amanecer, deberá decidir si prolonga todavía más su espera después de una jornada laboral nocturna.

Estos testimonios muestran una dimensión de la crisis energética que no aparece en las estadísticas de generación: la electricidad influye en la seguridad de los desplazamientos, el descanso, los gastos familiares y la organización del tiempo personal.

Una crisis agravada por las restricciones petroleras estadounidenses

El reportaje de IPS sitúa la medida dentro de una emergencia energética prolongada, vinculada tanto a los problemas estructurales de generación de Cuba como a las restricciones que afectan a sus suministros internacionales de petróleo.

Durante el primer mandato de Donald Trump, entre 2017 y 2021, las sanciones estadounidenses dificultaron progresivamente los envíos de crudo venezolano. El deterioro de las centrales termoeléctricas y las consecuencias económicas de la pandemia agravaron posteriormente la situación.

Según documenta IPS, el 29 de enero de 2026 la Administración estadounidense intensificó la presión sobre el abastecimiento petrolero de Cuba. Días después, el Gobierno cubano adoptó un plan de contingencia para reducir el consumo de combustible y reorganizar distintas actividades económicas.

Entre las medidas figuraron restricciones al transporte público, impulso del teletrabajo, reubicaciones laborales y la reducción a cuatro días de la semana de trabajo en buena parte del sector estatal.

El curso escolar iniciado en septiembre también incorporó una mayor flexibilidad en las exigencias de asistencia y puntualidad, después de que las dificultades energéticas hubieran condicionado el cierre del curso anterior.

IPS contabiliza ocho apagones generales durante 2026, con consecuencias para los aproximadamente 9,4 millones de habitantes de la isla. A ellos se añaden interrupciones territoriales y cortes programados que alteran continuamente la actividad económica y doméstica.

La vida cotidiana reorganizada alrededor de los apagones

La investigación periodística de Pradas describe una sociedad que ha tenido que adaptar sus hábitos a la disponibilidad irregular de electricidad. Algunas familias compran alimentos diariamente porque no pueden conservarlos de forma segura en sus frigoríficos. Otras recurren a paneles solares o baterías de litio, siempre que sus recursos económicos se lo permiten.

Actividades como cocinar, bombear agua, lavar o conservar alimentos dependen cada vez más de las horas en las que funciona el suministro. Esta incertidumbre ha convertido la disponibilidad eléctrica en un elemento central de la planificación doméstica.

El reportaje destaca asimismo la aparición de herramientas digitales como «¿Hay luz?», una aplicación que permite consultar información sobre el restablecimiento del suministro en diferentes circuitos de La Habana a partir de comunicaciones difundidas por la empresa eléctrica.

Raiko Toledo resume en su testimonio para IPS el alcance psicológico de esta situación: durante 2026 ha llegado a experimentar una satisfacción extraordinaria cuando dispone de ocho horas de electricidad en lugar de las cuatro inicialmente previstas.

El debate internacional sobre los cambios de hora

La decisión cubana se produce en un contexto internacional de revisión de los cambios horarios estacionales, aunque responde a circunstancias energéticas particularmente graves.

En América Latina, Paraguay eliminó el cambio estacional en 2024; México lo hizo en 2022, con excepciones en determinados territorios fronterizos, y Brasil abandonó esta práctica en 2019.

Los argumentos habituales a favor del cambio horario se relacionan con el aprovechamiento de la luz natural y el ahorro energético. Sus detractores cuestionan los beneficios económicos reales y destacan las alteraciones del sueño, las dificultades de adaptación y los inconvenientes para la organización familiar.

En Cuba, sin embargo, el debate adquiere un significado diferente: no se trata únicamente de valorar la conveniencia de modificar los relojes dos veces al año, sino de aprovechar cualquier margen disponible para reducir los efectos de una emergencia eléctrica.

Antecedentes de una decisión excepcional

La suspensión del cambio horario no carece de precedentes en la historia cubana. Según recuerda IPS, el sistema estacional comenzó a aplicarse en 1963 y posteriormente dejó de modificarse en 1970 y durante el periodo comprendido entre marzo de 2004 y octubre de 2006, también por razones relacionadas con el ahorro energético.

La diferencia fundamental reside en la profundidad de la crisis actual. El mantenimiento del horario de verano coincide con una transformación acelerada de la generación eléctrica, mayores dificultades para obtener combustibles y una población que ha debido reorganizar buena parte de su vida alrededor de los cortes de suministro.

  • Pie de foto: Estudiantes de enseñanza primaria acompañados por adultos de camino a la escuela, en La Habana.
  • Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

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