La crisis alimentaria en Cuba deteriora los menús de los comedores públicos y lleva a personas mayores a buscar ayuda en iniciativas religiosas. Un reportaje de IPS en La Habana recoge testimonios de pensionistas que pasan días sin comer y de voluntarios que no disponen de alimentos para atender a todos los solicitantes.

A sus 71 años, Sista Cabrera organiza la semana en función de dónde puede conseguir un plato de comida. Los martes, miércoles y jueves almuerza en la iglesia de San Francisco el Nuevo, en el centro histórico de La Habana. El resto de los días recurre a comedores estatales y, en ocasiones, a iglesias evangélicas.

Hay días en que no tengo comida y los paso sin comer nada, si acaso solo un pan. Mi día a día es desesperante, un estrés horrible.

Sista Cabrera, en declaraciones a IPS

Su testimonio forma parte de un reportaje de Dariel Pradas publicado por Inter Press Service (IPS). La información describe cómo la pérdida de poder adquisitivo, las dificultades de abastecimiento y el deterioro de la protección social condicionan el acceso cotidiano a los alimentos.

La ayuda solidaria encuentra sus límites

El comedor de la parroquia acoge a unas setenta personas a través de La Hermana Cazuela, una iniciativa sostenida principalmente por donaciones de residentes en el exterior y por apoyos de la Iglesia católica. Comenzó repartiendo desayunos y desde junio ofrece almuerzos.

«La idea es sobre todo acompañar a personas sin techo o adultos mayores muy vulnerables», explica a IPS el periodista Maykel González, coordinador del proyecto. Advierte, sin embargo, de que los recursos de pequeños grupos no pueden cubrir todas las necesidades.

La colaboradora Betzabé Bertot resume la dificultad de quienes reparten los alimentos: «Tenemos que poner limitaciones. Decirle a una persona con hambre que no podemos darle nada, es la parte más difícil para nosotros».

Cabrera había regentado una cafetería desde finales de los años noventa. En 2019, un derrumbe destruyó parte de su apartamento y acabó con su fuente de ingresos. Según relata a la agencia, después no pudo reabrir el negocio por el riesgo del edificio, donde sigue viviendo. Ahora depende de la asistencia social y de los comedores.

Arroz y caldo en los comedores públicos

La pensionista también está inscrita en el Sistema de Atención a las Familias (SAF), la red estatal de alimentación subsidiada creada durante la crisis de los años noventa. Según los datos recogidos por IPS, el sistema dispone de más de 4400 unidades gastronómicas y atiende a más de 66.000 personas vulnerables.

Los testimonios apuntan a un empeoramiento de las raciones durante 2026. «Arroz blanco y caldo es lo que hay. Nada más», afirma Cabrera, que recuerda una comida mejor el año anterior.

En un comedor de la calle Monte que atiende diariamente a 269 personas, su responsable económica, Lázara Rosell, explica a IPS que los frijoles han dejado de ser habituales. Los embutidos llegan aproximadamente cada dos semanas y el pollo solo se ha servido una vez en lo que va de año, según su testimonio.

La existencia de productos en los mercados tampoco garantiza que los pensionistas puedan comprarlos. Félix Villar, jubilado y antiguo conductor de autobús, cuenta a la agencia que un envase de aceite consumió los 4000 pesos de su pensión.

Según las cifras de la Oficina Nacional de Estadística e Información reproducidas por IPS, la inflación interanual alcanzó en septiembre el 28,44 por ciento. En alimentos y bebidas no alcohólicas, el incremento fue del 42,66 por ciento.

Las sanciones añaden obstáculos al abastecimiento

El reportaje sitúa estas dificultades en una economía afectada también por la escasez de combustible y de insumos agrícolas. La orden firmada el 29 de enero por el presidente estadounidense Donald Trump estableció un mecanismo para imponer aranceles a productos de países que suministren petróleo a Cuba. Otra orden de la Casa Blanca, del 1 de mayo, amplió las posibilidades de sancionar a personas y entidades vinculadas con sectores de la economía cubana y con su Gobierno.

Washington justifica estas medidas por razones de seguridad nacional y por la represión y las vulneraciones de derechos humanos que atribuye a las autoridades cubanas. El Gobierno de Cuba denuncia, por su parte, sus efectos sobre la producción y la distribución de alimentos.

Según IPS, las navieras CMA CGM y Hapag-Lloyd interrumpieron sus operaciones con Cuba en mayo. La agencia recoge la denuncia del Gobierno cubano sobre más de 7000 contenedores de alimentos, medicamentos y otras mercancías retenidos en puertos del Caribe.

Etienne Labande, representante del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en la isla, explica a IPS que las sanciones a terceros llevan a muchas compañías a evitar riesgos. Según su relato, CMA CGM reanudó después los viajes para transportar alimentos y productos médicos, lo que permitió desbloquear parcialmente la ayuda de Naciones Unidas.

La pobreza dificulta el acceso a los alimentos en Cuba

Una investigación de la socióloga Mayra Espina, difundida en septiembre por el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo de Cuba, estima que el 66 por ciento de la población vive en pobreza económica. El reportaje de IPS precisa que sus ingresos no alcanzarían para cubrir una canasta básica de alimentos.

El PMA y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) apoyan la producción local con equipos, formación y asesoramiento. Estas actuaciones buscan reducir la dependencia de las importaciones y reforzar los sistemas alimentarios, mientras la ayuda alimentaria respalda también a estructuras de protección social.

«Sabemos que hay un problema de seguridad alimentaria en el país por la dificultad de acceso a los alimentos en casi todo el país», señala Labande a IPS. Para Cabrera y los demás usuarios entrevistados, esa dificultad se concreta cada día en la búsqueda de una comida que sus ingresos no les permiten asegurar.

  • Pie de foto: Personas vulnerables rezan antes de almorzar en un comedor de beneficencia en la católica iglesia San Francisco el Nuevo, en La Habana. Ante la crisis económica, cada vez más cubanos acuden a los comedores sociales para conseguir alimentos. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

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