El rechazo a la guerra con Irán ha empezado a alterar una de las alianzas electorales más fiables del Partido Republicano. Veteranos que votaron a Donald Trump o permanecieron durante décadas en el espacio conservador están apoyando a candidatos demócratas con experiencia militar en distritos que hasta ahora parecían seguros para la derecha.

El cambio resulta especialmente visible en el quinto distrito de Colorado, donde la excapitana del Ejército Jessica Killin intenta derrotar al representante republicano Jeff Crank. La circunscripción, centrada en Colorado Springs, reúne cinco instalaciones militares y una de las mayores proporciones de veteranos del país.

Entre quienes han decidido respaldar a Killin figura Lou Christensen, coronel retirado de la Fuerza Aérea, republicano registrado y veterano durante veintiocho años. Christensen explicó a Associated Press que el poder legislativo debe imponer límites al presidente cuando considere que sus decisiones vulneran la Constitución.

Un distrito conservador que ya no parece inalcanzable

Trump ganó el quinto distrito de Colorado por nueve puntos en 2024 y ningún demócrata lo ha representado desde su creación en la década de 1970. Crank obtuvo el escaño aquel año con una ventaja de catorce puntos. Por tanto, sigue siendo un territorio de base republicana y no puede describirse como una conquista probable de la oposición.

La novedad es que los demócratas están destinando recursos a una circunscripción que durante años quedó fuera de sus prioridades. Killin, quien sirvió como paracaidista y oficial de la Policía Militar antes de trabajar en el sector financiero y en la Casa Blanca, presenta su experiencia castrense como una garantía para fiscalizar al Ejecutivo sin cuestionar a las Fuerzas Armadas.

Crank defiende la intervención en Irán y sostiene que la mayoría de sus electores comparte la idea de terminar la misión una vez iniciada. El congresista ha recordado que tuvo que llamar al padre de uno de los primeros militares muertos en la guerra, destinado en Fort Carson. También afirma que discrepa de Trump en asuntos concretos, como el traslado del Mando Espacial de Colorado a Alabama, aunque reconoce que no acostumbra a enfrentarse públicamente al presidente.

La única encuesta pública localizada sobre este distrito fue encargada por la propia campaña de Killin a Global Strategy Group, una firma demócrata. El sondeo, efectuado del 16 al 21 de julio entre 450 votantes probables, situó a Crank en el 45 por ciento y a Killin en el 44 por ciento, con un 11 por ciento de indecisos y un margen de error de 4,6 puntos. El resultado describe un empate estadístico, pero su antigüedad y el patrocinio partidista impiden tratarlo como una medición independiente del estado actual de la carrera.

La estrategia se extiende a otros territorios militares

Colorado no es un caso aislado. Los demócratas han presentado candidatos veteranos en distritos de Florida, Carolina del Sur y Virginia con una presencia elevada de antiguos miembros de las Fuerzas Armadas. La apuesta consiste en disputar a los republicanos un electorado que suele inclinarse a la derecha: cerca de seis de cada diez veteranos votaron a Trump en 2024, según AP VoteCast.

La prueba más competitiva puede encontrarse en el segundo distrito de Virginia, que incluye Virginia Beach y varias comunidades vinculadas a la Armada. Allí se repite el enfrentamiento entre dos veteranas: la antigua congresista demócrata Elaine Luria y la representante republicana Jen Kiggans.

Luria, quien sirvió veinte años en la Armada, acusa a Kiggans de haber rechazado resoluciones destinadas a detener las operaciones militares que no cuentan con autorización del Congreso. Kiggans, antigua piloto de helicópteros de la Armada, sostiene que el presidente conserva facultades para proteger los intereses estadounidenses. La disputa permite a los votantes separar el apoyo a las tropas de la valoración de la guerra y del control constitucional sobre su continuidad.

En Carolina del Sur, la vicealmirante retirada Nancy Lacore, antigua jefa de la Reserva Naval, compite por el primer distrito después de ser apartada de su puesto durante la reorganización dirigida por el secretario de Defensa, Pete Hegseth. Su candidatura ofrece a los demócratas otra forma de relacionar la guerra, los cambios en la cúpula militar y la obligación del Congreso de controlar al Ejecutivo.

Una guerra rechazada por dos tercios del país

El desplazamiento de algunos veteranos se produce sobre una base de opinión pública desfavorable para la Casa Blanca. La encuesta nacional más reciente de AP-NORC concluyó que el 69 por ciento de los adultos considera que la guerra con Irán no ha merecido la pena y que el 71 por ciento desaprueba la forma en que Trump la está gestionando.

El estudio se efectuó del 24 al 28 de septiembre mediante AmeriSpeak, el panel probabilístico de NORC en la Universidad de Chicago. Entrevistó a 2140 adultos por internet y teléfono y tiene un margen de error de 2,9 puntos. Mide la opinión del conjunto de la población adulta, no exclusivamente la de los veteranos ni la intención de voto en los distritos citados.

Una encuesta distinta del Pew Research Center, elaborada del 28 de septiembre al 4 de octubre, ofrece una conclusión semejante: el 65 por ciento desaprueba la gestión presidencial de la acción militar y el 33 por ciento la aprueba. La coincidencia entre estudios no demuestra cómo votará cada entrevistado, pero confirma que la guerra constituye un riesgo electoral verificable para el partido presidencial.

La reacción tampoco es uniforme entre quienes han servido en las Fuerzas Armadas. Veteranos y dirigentes republicanos continúan defendiendo la intervención y consideran que una retirada sin resultados dañaría a Estados Unidos. El dato nuevo no es una ruptura general de ese colectivo, sino la aparición de votantes conservadores dispuestos a cambiar de partido para reclamar límites al poder presidencial.

El control del Congreso amplifica el efecto electoral

La cuestión de fondo es quién decide la duración y el alcance de la guerra. La Constitución atribuye al Congreso facultades sobre la declaración de guerra y la financiación militar, mientras el presidente ejerce como comandante en jefe. Durante los últimos meses, la Cámara ha sometido a votación varias iniciativas para limitar las operaciones en Irán, y algunos republicanos se han unido a los demócratas sin conseguir resolver la disputa institucional.

El Congreso también ha exigido explicaciones al Pentágono sobre el recuento de bajas, mientras la prolongación del conflicto ha trasladado sus consecuencias al precio de la energía y al debate presupuestario. Los candidatos veteranos intentan reunir esas dimensiones en un argumento sencillo: apoyar a los militares no obliga a conceder al presidente una guerra sin controles.

La estrategia solo tendrá efectos nacionales si convierte distritos conservadores o competitivos en escaños demócratas. Una mayoría opositora en la Cámara podría intensificar la supervisión, condicionar partidas y promover nuevas resoluciones, aunque no dispondría por sí sola de poder suficiente para imponer todas sus decisiones al Senado y a la Casa Blanca.

Las encuestas a diecinueve días del 3 de noviembre

El promedio nacional de Track the Vote del 15 de octubre sitúa a los demócratas 8,7 puntos por delante de los republicanos en el voto genérico al Congreso. Es una agregación de encuestas nacionales, no una previsión de escaños, y no refleja la distribución territorial del voto.

La encuesta nacional más reciente del Pew Research Center otorga a los candidatos demócratas a la Cámara un 44 por ciento entre los votantes registrados y a los republicanos un 36 por ciento. En el mismo estudio, un 30 por ciento de los adultos aprobaba la gestión general de Trump y un 68 por ciento la desaprobaba.

Pew entrevistó del 28 de septiembre al 4 de octubre a 5062 adultos, incluidos 3917 votantes registrados, mediante un panel probabilístico en línea y entrevistas telefónicas en inglés y español. El margen de error de la muestra completa es de 1,6 puntos.

En una de las carreras decisivas del Senado, la encuesta de SurveyUSA para WRAL y WSOC-TV, efectuada del 7 al 11 de octubre, sitúa al demócrata Roy Cooper en el 54 por ciento y al republicano Michael Whatley en el 40 por ciento en Carolina del Norte. La muestra electoral comprende 643 personas que ya habían votado por correo o se consideraban votantes probables, con un margen de error de cinco puntos.

En los 37 distritos de la Cámara clasificados como competitivos por el Battleground District Project de Cook Political Report, los demócratas alcanzaban el 49 por ciento y los republicanos el 47 por ciento. El sondeo entrevistó del 8 al 11 de septiembre a 1052 votantes probables y tiene un margen de error de 3,02 puntos, por lo que la diferencia queda dentro del intervalo.

Estos datos dibujan un entorno nacional adverso para los republicanos, pero no permiten atribuir la ventaja demócrata exclusivamente a la guerra ni anticipar una victoria de Killin, Luria o Lacore. La señal comprobable es más limitada: el conflicto con Irán ha dejado de movilizar solo a la oposición habitual y está llevando a algunos veteranos conservadores a pedir un Congreso capaz de frenar a Trump.

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