No todas las personas pensamos, sentimos, aprendemos o percibimos la realidad de la misma manera. El concepto de neurodivergencia hace referencia precisamente, a las diferencias existentes en el funcionamiento neurológico de algunas personas respecto a aquello que se considera mayoritario o neurotípico.
Dentro de la neurodivergencia pueden encontrarse perfiles muy diversos. Entre ellos se suelen incluir, por ejemplo, el trastorno del espectro autista, el TDAH, la dislexia, la dispraxia o el síndrome de Tourette. Sin embargo, hablar de neurodivergencia no significa que todas estas personas compartan las mismas características.
Cada persona es única y, por tanto, también lo es su forma de relacionarse con el entorno. Algunas pueden experimentar dificultades en determinados contextos, mientras que otras desarrollan habilidades especialmente destacadas en ámbitos como la creatividad, la atención a los detalles, la memoria o la capacidad para profundizar intensamente en sus intereses.
El autismo y el procesamiento sensorial
El autismo es una de las formas de neurodivergencia más conocidas, aunque también continúa siendo una de las más rodeadas de estereotipos. Las personas autistas presentan una gran diversidad de características, necesidades y formas de experimentar el mundo.
Uno de los aspectos que puede estar presente es una forma diferente de procesar los estímulos sensoriales. Esto significa que sonidos, luces, olores, texturas o determinadas sensaciones físicas pueden percibirse de una manera distinta.
Para algunas personas, un ruido aparentemente cotidiano puede resultar especialmente intenso. Para otras, una etiqueta de la ropa, el contacto de un tejido o el olor de un alimento pueden generar un importante malestar. En otros casos, determinados estímulos pueden resultar agradables y buscarse de manera intencionada.
¿Por qué alguien puede tener una cuchara favorita?
Aquí aparece un ejemplo que, a primera vista, podría parecer insignificante: tener una cuchara favorita. Para muchas personas, una cuchara es simplemente un utensilio más y cualquiera puede cumplir la misma función. Sin embargo, para otras, las diferencias entre una y otra pueden sentirse de forma muy clara.
Su peso, su tamaño, la textura del mango, el material con el qué está fabricada, la profundidad o la forma de la parte que entra en la boca pueden modificar por completo la experiencia. Una cuchara demasiado pesada, ligera, grande o profunda puede resultar incómoda, mientras que otra puede generar una sensación de familiaridad y bienestar.
Por ello, no siempre se trata de un simple capricho o de una costumbre difícil de cambiar. Detrás de una preferencia aparentemente pequeña puede existir una experiencia sensorial concreta que las personas de nuestro entorno no percibimos de la misma manera
Pequeños detalles que también importan
La cuchara es solo un ejemplo de cómo el procesamiento sensorial puede influir en situaciones cotidianas. Algo similar puede ocurrir con determinados alimentos, prendas de ropa, sonidos, espacios o materiales. Comprender estas conductas puede ayudarnos a dejar de interpretar ciertas conductas como simples «manías».
La enseñanza más importante que puede ofrecernos una simple cuchara es que no todos experimentamos el mundo de la misma forma. Lo cotidiano para una persona puede ser intenso, incómodo o difícil para otra.
Entender la neurodivergencia implica, en gran medida, aprender a observar antes de juzgar. Preguntarnos por qué alguien necesita hacer las cosas de una determinada manera puede abrirnos la puerta a una sociedad más empática y respetuosa.




