
El conflicto entre generaciones, la paternidad, las relaciones humanas y las segundas oportunidades se encuentran en la película dramática Cinco Segundos (Cinque secondi), del director y guionista Paolo Virzì (La bella vita (premios Ciak de Oro, Nastro de Argento y David de Donatello en la categoría de Mejor realizador debutante, Locas de alegría, El capital humano, Un altro ferragosto).
Con una banda sonora compuesta e interpretada por su hermano, Carlo Vinzi, y protagonizada por Valerio Mastandrea (Siempre nos quedará mañana), Valeria Bruni Tedeschi (Locas de alegría) y Galatea Bellugi (Tres adioses), Cinco segundos cuenta la historia de Adriano Sereni, un hombre que vive apartado del mundo en una antigua finca toscana casi en ruinas.
Su tranquila rutina se altera cuando, en el terreno de enfrente, se instala una comunidad de jóvenes –todos destacados estudiantes – dispuesta a devolver, con sus guitarras, sus pendientes y sin abonos químicos, la vida a los árboles abandonados durante años.
Entre los recién llegados está Matilde, la nieta del último propietario, que pronto siente curiosidad por ese hombre solitario y reservado que parece esconder algo de su pasado. Lo que comienza como un conflicto entre dos mundos opuestos, y más explícitamente entre antiguos y modernos, acabará convirtiéndose en un encuentro capaz de cambiar sus vidas.
«Es una película que comienza misteriosamente –explica su director- revelando gradualmente su dolorosa trama para desatar después un conflicto vibrante y cómico, y terminar con una sensación de confianza. Una película sobre la muerte y la vida, sobre cómo incluso el dolor puede generar ternura y protección. Adriano parece buscar obstinadamente la soledad, que se ve interrumpida por la llegada de una comunidad de jóvenes. Entre ellos está Matilde, embarazada pero indiferente a la idea de que el hijo por nacer tenga padre. El tema de la paternidad —sea útil o no— anima el duelo entre Adriano y Matilde. Su mutua irritación se transforma en una alianza, una protección para ella, quizás un renacimiento para él. A su alrededor está la Naturaleza, que se asemeja a nosotros: un viñedo salvaje que, si se cuida, produce un vino que inspira euforia».
Entre comedia social y drama familiar, reflexionando sobre la culpa, el perdón y la muerte, los cinco segundos del título son aquellos en los que Adriano estaba en otra cosa, son los suficientes para perderlo todo, son el secreto del relato. «¿Cuando nos distrajimos? ¿Cuando dejamos de mirar a los hijos, de escucharles, de preocuparnos por su presente sin cargarnos con un futuro prefabricado?» (cinematógrafo.it). La distracción es una de las enfermedades de nuestro tiempo. «Cinco segundos bastan para caer, toda una vida podría no bastar para levantarse» (Iodonna. It)
Las partes más interesantes del largometraje que transcurre en la Toscana –ese espléndido marco disfrutado hasta la saciedad por la gran mayoría de los realizadores italianos- son las que, en una marcha atrás, recuerdan la muerte de otra joven. Mucho más previsible es, en cambio, lo que sucede a los jóvenes, capitaneados por una chica rebelde, que acaban de instalarse en el terreno abandonado que hay delante de la casa de Adriano, obligándole poco a poco a salir de su silencioso aislamiento.
Es casi un tópico decir que nos sorprendería comprobar que, en caso de preguntar, cada uno de los espectadores contaría una película distinta. Esta es la explicación de que, en mi caso, creo que el relato falla desde la primera parte de la película, cuando no se molesta en explicar el proceso del repentino cambio tan radical que se produce en el padre. Más que un resignarse a lo irremediable parece un milagro inexplicable. Y eso no obedece solo al hecho de que el cine es capaz de explicarlo todo.
También es preocupante que la condesita siga embarazada mientras pasan los meses y la pandilla de jóvenes universitarios es capaz de convertir en vino las uvas, y en aceite las aceitunas, de unas viñas y unos olivos abandonados durante años en un pedazo de páramo.
- Cinco segundos se estrena en los cines de Madrid este viernes 4 de septiembre de 2026.



