Los Santos de la Humosa, 2867 habitantes en el punto más alto del Corredor del Henares, no proyecta una ciudad nueva: dibuja 53 hectáreas de suelo productivo. Su agua residual baja por una ladera inestable hasta una depuradora que está en otro municipio; sus campos los cruzan líneas de 220 kV que llevan la corriente a la red. El pueblo decide el plano. Casi nada más. Y nadie suma el conjunto.

El municipio de Los Santos de la Humosa es el más alto del Corredor del Henares: 912 metros sobre un páramo que cae en fuertes pendientes hacia la vega.

Esa geografía explica más de lo que parece. Para llegar al pueblo hay que subir la M-226 por una ladera de margas y arcillas que la Comunidad ha tenido que presupuestar estabilizar; y para sacar de él lo que produce —empezando por sus aguas residuales— hay que bajar por esa misma ladera.

Los Santos es, en el fondo, un municipio que evacúa: su desagüe, hacia una depuradora que no está en su término; la corriente que lo cruza, hacia la red. Lo que decide, en cambio, cabe en un plano.

1. Un crecimiento que no se ve

El municipio se ordena con unas Normas Subsidiarias de 1998, adaptadas en 2009 tras el deslinde con Azuqueca. Sobre esa base, el expediente urbanístico tramitado en 2026 concentra el crecimiento en tres ámbitos —UE-16, el Sector 8 y el Sector 6-1—: 53,4 hectáreas con 187.019 m² edificables de uso industrial y terciario y apenas tres viviendas unifamiliares. No hay, por tanto, un ensanche residencial de escala metropolitana: el crecimiento es silencioso y productivo, apoyado en la cercanía de la A-2.

El problema no es cuánta gente llegará, sino qué necesita ese suelo para funcionar y quién lo garantiza.

2. El agua que baja por la ladera

El primer límite de Los Santos no está en su suelo, sino cuesta abajo. Según el Canal de Isabel II, la estación que depura sus aguas es la EDAR de Meco, en servicio desde 2006, con 13.543 m³/día autorizados y 58.686 habitantes equivalentes de diseño: una planta que ni siquiera está en su término. El agua residual del pueblo se evacúa, literalmente, fuera.

Y el camino no es inocuo: en 2018, Ecologistas en Acción advirtió que el colector, enterrado bajo la vía pecuaria Colada de Acceso a Dehesa Vieja, estaba quedando al descubierto por la erosión de la ladera —cárcavas sobre margas y arcillas—, con riesgo de colapso. Sobre esa infraestructura, externa y frágil, el expediente de 2026 proyecta sumar la carga de las nuevas 53,4 hectáreas: del orden de 1284 m³/día de saneamiento adicional.

No se trata de que la depuradora vaya a desbordarse mañana; se trata de que quien aprueba el suelo no es quien garantiza —ni certifica— que el sistema que lo recibe, fuera del municipio, tenga margen.

3. La corriente que solo pasa

La segunda cosa que atraviesa Los Santos sin quedarse es la electricidad. El término forma parte del corredor de evacuación de la generación del sureste: por sus campos discurre la línea de alta tensión de la planta «Haza del Sol», que cruza el municipio hasta la SET Alcalá II Colectora y cuyo trazado pasa a solo 135 metros del casco urbano; y la Comunidad tramita un Plan Especial para las líneas de 220 kV «Yunquera-Cisneros» y «Navajo-Alcalá II» y la propia subestación colectora, en Los Santos, Santorcaz y Alcalá. Son tendidos de evacuación: la potencia que cruza el término va a la red de transporte, no a abastecer al municipio.

El término aporta servidumbre y paisaje; la energía va a otra parte.

4. Una cuesta y un autobús

Todo ese crecimiento productivo tendría que moverse, además, por un acceso único y difícil. La M-226 sube al páramo por la ladera inestable que ya obligó a la Comunidad a presupuestar en 2026 una obra de estabilización —1,1 millones—, y es la única vía estructural del municipio: no hay Cercanías ni Metro, y la conexión regular con Alcalá de Henares se reduce a una línea de autobús.

Cargar 187.019 m² de actividad industrial y terciaria sobre una sola cuesta, en un páramo con riesgo de inundación en la vega y de deslizamiento en el talud, no es un detalle menor: es otra capacidad que el plano da por supuesta y que no depende del Ayuntamiento.

5. Quién decide, quién paga

La aritmética del poder deja al municipio con una sola pieza firme: el plano. Con un presupuesto de 2,19 millones y sin deuda, el pleno ordena el suelo y mantiene las calles. El agua y la depuración dependen del Canal —y la planta que las trata está en Meco—; la electricidad, del Estado y de Red Eléctrica; la estabilización del acceso, de la Comunidad; los residuos, de la Mancomunidad del Este, que los lleva al complejo de Loeches. Cada expediente acredita su pieza. Ninguno acredita el conjunto.

Y esa es la distancia que mide el caso de Los Santos de la Humosa. Un municipio de menos de tres mil habitantes puede dibujar 53 hectáreas productivas sin controlar el agua que las abastece, la planta que las depura, la red que las alimenta ni la carretera que las comunica.

Evacúa el agua hacia otro término y deja pasar la corriente hacia la red, y solo firma el plano. Mientras nadie sume, antes de decir que sí, esas cinco piezas a la vez, el coste real de crecer seguirá bajando por la ladera —repartido en expedientes que nunca se leen juntos.

Enlace con la ficha extendida del municipio

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