
La primera edición del Índice de Riesgo de Retroceso Democrático de Fundalib sitúa a España en el puesto veinticinco de 51 países, con 19,03 puntos y una perspectiva estable. Estados Unidos aparece en riesgo moderado, mientras México y Turquía son los únicos países clasificados en la categoría de riesgo alto.
La Fundación para el Avance de la Libertad ha publicado este 31 de agosto el Índice de Riesgo de Retroceso Democrático 2026, un informe elaborado por los politólogos Juan Pina y Victor Vasilescu que evalúa la vulnerabilidad de 51 sistemas políticos ante un posible deterioro futuro.
El estudio no pretende medir únicamente la calidad actual de cada democracia. Su objetivo, según explican los autores, es identificar las amenazas políticas, institucionales, sociales, económicas y de seguridad que podrían favorecer una involución desde la situación presente.
España obtiene 19,03 puntos sobre cien y ocupa el puesto veinticinco, ordenado de menor a mayor riesgo. El resultado la mantiene dentro de la categoría de «riesgo muy bajo», aunque cerca del límite de veinte puntos que da paso al nivel de «riesgo bajo».
España conserva una perspectiva estable
El informe define España como una democracia consolidada, dotada de salvaguardias institucionales y con un nivel reducido de violencia política. Los autores consideran que la polarización y el crecimiento de fuerzas que califican como populistas constituyen sus principales factores de vulnerabilidad, pero señalan que los datos analizados no muestran una erosión sistémica amplia.
La mayor puntuación parcial de España corresponde al área de desestabilización política y social, con 23,49 puntos. Le siguen la resiliencia institucional, con 19,97; la erosión democrática y la autocratización, con 13,60; las amenazas políticas antidemocráticas, con 4,23; y los factores agudos de seguridad, conflicto y tensión económica, con 2,15.
La perspectiva asignada a España es estable. El país cierra, junto con el Reino Unido, el grupo de veintiséis Estados clasificados con riesgo muy bajo. Austria, con 20,24 puntos, abre la categoría siguiente.
Noruega encabeza la clasificación con el menor nivel de riesgo, 5,97 puntos. Le siguen Dinamarca, con 6,64, y Taiwán, con 6,75. En conjunto, 42 de los 51 países analizados se encuentran en las franjas de riesgo muy bajo o bajo.
Estados Unidos cierra el grupo de riesgo moderado
Estados Unidos ocupa el puesto cuarenta y nueve, antepenúltimo de la clasificación, con 53,35 puntos. El índice lo sitúa en riesgo moderado y le atribuye una perspectiva estable por la coexistencia de factores de distinto signo.
El diagnóstico menciona la polarización, la presión antipluralista ejercida desde el poder ejecutivo y el conflicto constitucional. También considera una señal de alerta el intento de impedir la transferencia presidencial de 2021.
La puntuación estadounidense es especialmente elevada en las áreas de amenazas políticas antidemocráticas, con 49,02 puntos; erosión y autocratización, con 43,20; y desestabilización política y social, con 39,74.
Este resultado se incorpora a un debate más amplio sobre la capacidad de las instituciones estadounidenses para contener la concentración de poder. Aquí Madrid ha analizado recientemente cómo el Tribunal Supremo combina límites electorales con una ampliación del poder presidencial sobre agencias independientes.
Los otros seis países situados en la categoría de riesgo moderado son Indonesia, Eslovaquia, Perú, Hungría, Argentina y Tailandia. Hungría obtiene 46,04 puntos, pero el informe le asigna una perspectiva positiva al considerar que el cambio político reciente ha reducido la presión sobre el poder ejecutivo, aunque persistan los efectos del debilitamiento institucional anterior.
México y Turquía concentran el mayor riesgo
México y Turquía son los únicos países clasificados con riesgo alto, reservado para puntuaciones de entre sesenta y ochenta puntos.
México ocupa el puesto cincuenta con 69,90 puntos. El estudio identifica una combinación de debilitamiento institucional, violencia política, conflicto organizado y polarización. Su perspectiva se mantiene estable.
Turquía cierra la tabla con 70,60 puntos y perspectiva negativa. Los autores destacan la debilidad institucional acumulada, la polarización, la represión política y las restricciones que afectan a la competencia democrática.
Ningún país alcanza la categoría de riesgo muy alto, establecida para resultados superiores a ochenta puntos.
Dieciocho indicadores y cinco áreas de análisis
El IRRD es un índice compuesto y multifuente que trabaja con 990 variables correspondientes a los 51 países. Los dieciocho indicadores se distribuyen en cinco áreas, cada una con un peso del veinte por ciento: amenazas políticas antidemocráticas, resiliencia institucional, erosión y autocratización, desestabilización política y social, y factores agudos de seguridad, conflicto o tensión económica.
La muestra comprende países miembros o candidatos de la OCDE, Estados de la Unión Europea y otras democracias plenas incluidas mediante una clasificación externa. El documento aplica además un factor corrector de 1,5 a la puntuación principal para ampliar las diferencias entre países.
Los autores advierten que las categorías no representan probabilidades matemáticas de colapso democrático. Las puntuaciones resumen la intensidad y extensión de los factores observados y deben interpretarse como una evaluación comparativa.
El informe también declara un uso limitado de herramientas de inteligencia artificial para extraer o calcular valores, ordenar datos, efectuar comprobaciones aleatorias y apoyar algunas traducciones.
Juan Pina, coautor y secretario general de la fundación, sostiene que «es urgente una reflexión profunda en las democracias avanzadas» y reclama medidas para reforzar sus instituciones. Fundalib se define como un instituto de pensamiento y una entidad de activismo con sede en Madrid dedicada a promover la libertad personal y económica.



