Estados Unidos atacó el domingo dos lanzadores iraníes en la isla de Larak, en el estrecho de Ormuz, poniendo fin a un mes de calma relativa en la guerra que Donald Trump lanzó contra Irán hace ya seis meses. Teherán respondió horas después con misiles y drones contra bases estadounidenses en Jordania y Emiratos Árabes Unidos, devolviendo al primer plano un conflicto que se había desplazado hacia la presión económica.
Según confirmó el Mando Central de EEUU (CENTCOM), las fuerzas estadounidenses alcanzaron los dos lanzadores después de detectar a la Guardia Revolucionaria iraní preparando cohetes cargados con minas navales destinados al estrecho, la vía por la que transita una quinta parte del petróleo mundial. Fue el primer ataque reconocido de EEUU contra territorio iraní desde finales de julio.
Irán calificó lo ocurrido de «error estratégico y fatal» y prometió una «respuesta contundente»; horas más tarde, su Guardia Revolucionaria reivindicó el lanzamiento de misiles y drones contra la base aérea de Al Minhad, en Emiratos, y contra instalaciones estadounidenses en Jordania, donde la defensa antiaérea interceptó ocho proyectiles.
El episodio llega apenas 48 horas después de que la guerra cumpliera su sexto mes, el viernes 28 de agosto, sin que ninguno de los objetivos anunciados por Trump en febrero —desmantelar el programa nuclear iraní, acabar con su arsenal de misiles y drones, derribar al régimen— se haya cumplido según la oposición demócrata.
El senador Jack Reed (demócrata de Rhode Island), portavoz de la minoría en el Comité de las Fuerzas Armadas del Senado, calificó la guerra de «fracaso de política exterior de consecuencias históricas» y afirmó que Trump «ha debilitado significativamente nuestra posición en Oriente Próximo y en el mundo». El presidente de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, mantiene mientras tanto su previsión de que el partido recupere el control de la Cámara baja en noviembre.
La fatiga no se limita a la oposición partidista formal. Senadores republicanos como Shelley Moore Capito (Virginia Occidental) han descrito un desgaste creciente entre sus votantes por la duración del conflicto, y John Cornyn (Texas) ha reclamado mayor claridad sobre los objetivos de la Casa Blanca. Esta disidencia republicana, distinta de la oposición demócrata organizada, refleja una inquietud institucional más amplia sobre el rumbo de la guerra a menos de tres meses de las elecciones de mitad de mandato.
La administración había intentado en los últimos días desplazar el foco hacia la presión económica, con nuevas sanciones del Departamento del Tesoro contra decenas de entidades vinculadas a Irán, después de que la Casa Blanca diera por cerrado el capítulo de operaciones militares directas.
Los nuevos ataques y la respuesta iraní contradicen ese relato de repliegue y devuelven la incertidumbre sobre la duración del conflicto, uno de los factores que más ha erosionado la valoración de Trump entre los votantes independientes.
Observatorio Trump y las midterms
El episodio se produce en un contexto de opinión pública ya deteriorado para el presidente. Según el seguimiento de Observatorio Trump, la aprobación neta de Trump se situaba a finales de agosto en torno a -19,5 puntos, cerca del mínimo de su segundo mandato.
La prolongación de la guerra con Irán, unida a la persistencia de precios elevados de la gasolina, figura entre los asuntos que republicanos vulnerables en distritos disputados evitan defender públicamente de cara al 3 de noviembre.
La reanudación de las hostilidades, justo después de que el conflicto cumpliera medio año sin resolución, refuerza el argumento que la oposición demócrata formal viene planteando desde hace semanas: que la guerra se ha convertido en un lastre electoral para el Partido Republicano.
- Pie de foto: vista aérea de la isla de Larak, marcada en rojo, en el estrecho de Ormuz




