Un municipio de 1008 habitantes sectoriza en su nuevo plan 541 viviendas —bastantes para duplicar su población— junto a diecinueve hectáreas de suelo terciario y productivo. La única infraestructura que mide de verdad la tensión, su depuradora, está diseñada para dos mil habitantes equivalentes. El plan abre el suelo; nadie suma antes si el agua, el saneamiento y la red llegan a tiempo.
Pezuela de las Torres vive todavía con unas Normas Subsidiarias de 1988. El documento que quiere sacarla de esa antigüedad —el Avance de su primer Plan General, en evaluación ambiental estratégica desde julio de 2025, SIA 25/145— no es, sobre el papel, una operación desmesurada: 541 viviendas no mueven el mapa regional. Lo mueven, en cambio, frente a mil vecinos. Y ahí, en miniatura, reaparece la pregunta que recorre esta serie: no si queda suelo, sino si el municipio que lo abre puede sostener lo que recalifica.
1. Un pueblo pequeño en población, grande en suelo
El término tiene 4144 hectáreas y una densidad de apenas veinticuatro habitantes por kilómetro cuadrado: 1008 habitantes a 1 de enero de 2025. Sobre esa base, el Avance delimita 45,44 hectáreas de suelo urbanizable sectorizado: siete sectores residenciales que suman 541 viviendas, un sector terciario de 3,08 hectáreas y otro de actividades económicas de 16,03 hectáreas (fichas de ordenación). Diecinueve hectáreas nuevas de usos productivos y terciarios en un municipio cuya base es rural y de pequeña escala.
Conviene medir la escala con cuidado, sin cargar sobre el plan una alarma que no le corresponde entera: 541 viviendas son un techo de planeamiento, no una previsión de construcción, y su absorción dependerá del mercado. Pero el techo importa, porque las redes se dimensionan sobre él y no sobre la expectativa. A dos o dos habitantes y medio por vivienda, solo los sectores residenciales podrían añadir del orden de 1100 a 1300 residentes. Es un escenario, no un pronóstico; y aun a media ocupación, la magnitud es inequívoca: Pezuela sectoriza suelo para un segundo Pezuela.
2. La depuradora que mide la tensión
La infraestructura que mejor traduce ese salto a números es la depuradora. La EDAR de Pezuela de las Torres, en servicio desde 2004, tiene un caudal de diseño de 410 metros cúbicos al día y una capacidad de 2000 habitantes equivalentes (memoria del PGOU). Con 1008 vecinos hoy, la holgura nominal parece cómoda. La comodidad se desvanece en cuanto se lee bien la unidad.
«Habitantes equivalentes» no es «habitantes»: la cifra incorpora la carga de comercios, de la actividad económica y de las infiltraciones de la red, no solo la de los residentes. Añadir 541 viviendas y diecinueve hectáreas de usos terciarios y productivos consume esa holgura por partida doble, por vivienda y por polígono. La contabilidad correcta no es restar vecinos a dos mil, sino calcular la carga completa del escenario. Sin ese cálculo, declarar suficiente la depuración es una afirmación, no un dato.
Y el saneamiento es la bisagra de toda esta serie porque su déficit no espera: lo que no se depura no se queda pendiente de una partida más generosa, se convierte en carga sobre el cauce. Aquí, sobre el sistema del Tajuña, en la cuenca del Tajo. El agua que hoy sobra en el papel puede ser mañana el litro que el río ya no diluye.
3. El agua que aún no está garantizada
El abastecimiento lo gestiona Canal de Isabel II por convenio. El propio plan cita un Plan Hidrológico que estimaba una demanda de 100.514 metros cúbicos al año solo para el suelo urbano actual, y remite a un Plan Especial de Infraestructuras para renovar la arteria «El Pozo de Guadalajara». Esa renovación es en sí una señal: la red de hoy necesita refuerzo antes incluso de que llegue el crecimiento.
No consta, en la documentación del plan, red de agua regenerada ni tubería púrpura operativa en el municipio. Dicho de otro modo: cada litro que reclamen los nuevos sectores será, previsiblemente, potable. La compuerta material no es el plano, sino el informe de capacidad futura que deben emitir Canal de Isabel II y la Confederación Hidrográfica del Tajo. Ese documento —no la delimitación de sectores— dirá si el crecimiento cabe.
4. Un territorio que también se decide arriba
Pezuela no solo abre suelo: la cruzan decisiones que no toma. El término soporta un racimo de plantas fotovoltaicas y líneas de evacuación de gran potencia. Galatea II, de 138,05 megavatios pico (BOCM de 28 de julio de 2025); Armada Solar, con 82,5 megavatios instalados (BOE de 20 de diciembre de 2023); Abarloar Solar, de 80 megavatios, cuya línea de evacuación atraviesa Pezuela y Corpa (BOE de 11 de mayo de 2024). Aguas abajo, la evacuación converge en la subestación de Loeches, de 400 kilovoltios.
Todo eso acredita un corredor eléctrico; no acredita capacidad disponible para nueva demanda urbana. Son dos cosas distintas que la conversación pública tiende a confundir: la potencia que atraviesa el término no es potencia para el casco. El municipio decide su casco; el Estado y la Comunidad deciden qué lo cruza. El plan haría bien en integrar esas infraestructuras en su ordenación, no en tratarlas como una capa ajena que ocurre por encima.
5. Quién abre, quién paga, quién suma
El Ayuntamiento —Independientes de Pezuela, con José Pío Carmena Servert al frente— decide el modelo urbanístico. Los propietarios urbanizarán. Canal de Isabel II y la Comunidad deben sostener agua y saneamiento. La red eléctrica y las carreteras dependen de operadores y administraciones supramunicipales. Los residuos se socializan en la Mancomunidad del Este, con destino final en el complejo de Loeches. El presupuesto municipal de 2026, de 1.278.515 euros y con 50.500 euros de inversiones reales, da la medida de con cuánto músculo propio afronta el municipio todo lo anterior.
Controles, los hay: la evaluación ambiental estratégica del plan, los informes de Canal y de la Confederación sobre agua y saneamiento, las autorizaciones de energía y carreteras, el planeamiento de desarrollo posterior, la información pública. El que falta es el mismo de toda la serie. No existe un único balance vinculante que sume el Plan General, los proyectos energéticos, el crecimiento simultáneo de los vecinos —Santorcaz, Corpa, Valverde de Alcalá, Torres de la Alameda— y la capacidad regional de agua, red, residuos y movilidad antes de aprobar el conjunto. Cada ventanilla dice sí a su pieza. Nadie suma el borde oriental.
Puede que esas 541 viviendas no se construyan nunca del todo; puede que la depuradora se amplíe a tiempo. Pero esas dos condiciones —una absorción realista y unas redes por delante del ladrillo— son precisamente las que ningún plano firma. Pezuela de las Torres es pequeña en población y grande en suelo, y su plan hace lo que le toca: abrir. La cuenta, como en el resto del Madrid que crece hacia los ocho millones, queda para después.
- Enlace con la ficha extendida del municipio.




