El Observatorio Trump registra hoy un desarrollo que se suma, sin confundirse con él, al frente económico que la Casa Blanca ya libra contra Irán: la ruptura de las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá. Horas antes de la medianoche del viernes, ambos países se acusaron mutuamente de hacer descarrilar un acuerdo que parecía cercano, y Donald Trump dejó entrar en vigor un arancel del 50 por ciento sobre 20.000 millones de dólares en productos canadienses —desde lácteos y bebidas alcohólicas hasta cemento y material de hockey—, aplicado al amparo de la sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, una disposición que ningún presidente había usado hasta ahora.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, anunció que su país replicará «dólar por dólar» a partir del 8 de septiembre, con aranceles dirigidos a sectores como el acero, los lácteos, los electrodomésticos, la maquinaria agrícola, la pasta de papel y la electrónica. Carney atribuyó la ruptura a exigencias «poco económicas e injustas» de última hora por parte de Washington, entre ellas restricciones a la libertad de Canadá para negociar acuerdos comerciales con terceros países, algo que calificó de inaceptable para la soberanía de su país. El representante de Comercio estadounidense, Jamieson Greer, respondió responsabilizando a Ottawa de haber «retirado compromisos» ya acordados días antes.
Canadá es el tercer socio comercial de Estados Unidos, con un intercambio de 376.000 millones de dólares en el primer semestre del año, según datos censales citados por Axios. Aunque el propio alcance de los aranceles —en torno al 5 por ciento del comercio bilateral— es limitado, la ruptura reabre una guerra comercial que Trump había prometido cerrar con un acuerdo, y llega mientras la Casa Blanca libra en paralelo su ofensiva de sanciones contra Irán.
El episodio se produce en un contexto de deterioro sostenido de la confianza económica de los votantes estadounidenses. Una encuesta de Emerson College para The Hill, hecha entre el 16 y el 17 de agosto, sitúa a los demócratas ocho puntos por delante en la papeleta genérica de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato del 3 de noviembre (50,7 frente a 43 por ciento), con la economía como principal preocupación del electorado. El propio expresidente de la Cámara de Representantes, el republicano Kevin McCarthy, admitió esta semana estar «preocupado» por la falta de un mensaje económico claro de su partido de cara a los comicios.
A diferencia del frente iraní, aquí no hay una oposición partidista formal que capitalice el desgaste; es la propia mayoría republicana la que empieza a mostrar inquietud pública por el coste electoral de la política comercial de Trump.
Para este Observatorio, la pregunta de cara al 3 de noviembre es si los aranceles con Canadá —sumados a los que ya pesan sobre otros socios— terminan de consolidar la ventaja demócrata en materia económica, precisamente el terreno que Trump prometió dominar en campaña.




