Coslada no abre una ciudad nueva: cierra la que ya tiene. El Barrio del Jarama —unas 4400 viviendas, cerca de 1550 de titularidad pública— es la última gran bolsa residencial de un municipio de doce kilómetros cuadrados y más de 80.000 habitantes, con una de las densidades más altas de la región. Por eso la pregunta cambia: no basta con que quepa en el plano; tiene que caber en la depuradora, en el río, en la red eléctrica, en el metro y en la salida de basura hacia Loeches. Y esas llaves están repartidas fuera de su pleno.

Casi todos los municipios de esta serie crecen hacia fuera, sobre campo abierto. Coslada es la prueba inversa. Aquí el suelo escasea no porque falte plan, sino porque la ciudad ya está hecha: un término de 12,03 kilómetros cuadrados —según el INE— apretado entre el término de Madrid y San Fernando de Henares, con más de 80.000 habitantes a 1 de enero de 2025, una densidad cercana a los 6700 por kilómetro cuadrado y un polo logístico —el Centro de Transportes y el Puerto Seco— incrustado entre Barajas y la A-2. En un lugar así, cada hectárea que queda pesa el doble.

El planeamiento lo cuenta a su manera. El PGOU de origen de Coslada se aprobó en 1985; el vigente es su revisión de 1995. Sobre esa trama madura queda una sola pieza grande por rematar, y lleva nombre de río.

El último gran barrio

El Barrio del Jarama nació de un convenio urbanístico de 2004 entre el Ayuntamiento y los propietarios del suelo. De aquel acuerdo salió, entre otras cesiones, la parcela del Hospital Universitario del Henares, que abrió en 2008. El desarrollo residencial, en cambio, se quedó parado casi dos décadas.

La modificación puntual del PGOU que lo reactiva se aprobó definitivamente en 2023 —Acuerdo 21/2023 del Consejo de Gobierno, de 12 de abril; BOCM de 25 de abril—, y el 9 de junio de 2026 la Junta de Gobierno Local dio luz verde inicial al proyecto de urbanización. Entre el 1 y el 28 de julio se abrió la información pública; a fecha de cierre no consta publicado un balance consolidado de alegaciones.

Las cifras que maneja el propio Ayuntamiento son 4400 viviendas, de las que alrededor de 1550 serán de titularidad pública a través de la empresa municipal EMVICOSA. Ese componente público no es menor: en un municipio con unos 1174 demandantes inscritos de vivienda protegida, buena parte del sentido político de la operación está ahí. Pero es también la pieza que remata el crecimiento físico de una ciudad que el propio Consistorio describe como «prácticamente colmatada».

Las llaves están fuera del pleno

Aquí empieza lo interesante. Coslada aprueba el barrio, pero casi ninguna de las capacidades que ese barrio necesita depende de Coslada.

El agua y el saneamiento dejaron de ser municipales en 2025. Ese año, tras doce fuera del modelo, el Ayuntamiento firmó tres convenios con el Canal de Isabel II y le entregó el ciclo integral —abastecimiento, alcantarillado y depuración—, con vigencia hasta 2062 y una participación del 0,27869 por ciento en el accionariado de la empresa.

La depuración concreta recae en la EDAR de Casaquemada, en San Fernando de Henares, una planta que Coslada comparte con San Fernando, AjalvirDaganzo y Paracuellos de Jarama. Su diseño publicado —210.833 habitantes equivalentes y 46.000 metros cúbicos al día— parece holgado, pero el diseño no es el margen: cuánta capacidad queda libre después de sumar las cargas actuales y las 4400 viviendas no consta publicado de forma agregada. Es, exactamente, el tipo de cuenta que esta serie echa en falta.

Con la electricidad ocurre algo parecido. La red física existe —subestaciones y nudos del corredor del Henares—, pero la potencia realmente otorgable para el nuevo barrio y para el tejido logístico no se deduce de la presencia de cables: hay que leerla nudo a nudo en los mapas de capacidad.

Y la basura sale fuera: los residuos de Coslada terminan en el Complejo Medioambiental de Loeches, a través de la Mancomunidad del Este, otra infraestructura compartida por decenas de municipios.

El río que ya se desbordó

Hay un motivo añadido para mirar despacio este ámbito: está cerca del Jarama, y el Jarama ya avisó. El 8 de marzo de 2025 el Ayuntamiento activó su Plan Territorial de Emergencias, el PLATERCOS, ante la crecida del río a su paso por el Barrio de la Estación. Fue una activación preventiva y sin daños, pero dejó constancia de un riesgo material.

Levantar un barrio nuevo junto a esa llanura obliga a cerrar antes lo que suele quedar para después: dominio público hidráulico, inundabilidad y saneamiento, cruzados con la cartografía oficial de zonas inundables. No es una objeción al proyecto; es el orden correcto de los factores.

El metro que estuvo tres años cerrado

La movilidad repite el patrón de dependencia. Coslada es un nudo metropolitano —Cercanías, autobuses, conexión inmediata con la A-2— y, sobre todo, cabecera de la línea 7B de Metro.

Esa línea estuvo prácticamente tres años interrumpida por los movimientos del terreno en San Fernando de Henares y no reabrió del todo hasta el 22 de noviembre de 2025, tras una inversión regional superior a los 170 millones de euros y con un seguimiento geotécnico que continúa.

La lección para el nuevo barrio es doble: la conexión existe, pero es frágil y compartida, y añadir viajes a un corredor ya intensivo en tráfico y logística exige comprobar capacidad, no darla por hecha.

Lo que sí se controla y lo que no

Nada de esto significa que el Barrio del Jarama avance a ciegas. Al contrario: lleva evaluación ambiental, documentación sectorial, información pública, informes de abastecimiento y saneamiento, control de inundabilidad por la Confederación Hidrográfica del Tajo y acceso eléctrico regulado. Cada compuerta funciona por separado.

Lo que no existe es la compuerta que las sume. No hay un instrumento que evalúe, a escala del Henares, la demanda simultánea de vivienda, logística y —en los municipios vecinos— centros de datos sobre la misma agua, la misma depuradora, la misma red y salida de residuos antes de aprobar cada pieza.

Por eso Coslada es un caso útil para el debate sobre la Ley LIDER y la reforma del suelo, aún en tramitación: rebajar la nulidad por defectos formales no resuelve el problema de fondo, que es material. La pregunta seguirá siendo si el recurso está antes que el ladrillo.

Coslada, entonces, no inaugura una frontera: la cierra. Decide en su pleno el último gran barrio de una ciudad sin sitio y, al hacerlo, consume capacidad —de agua, de depuración, de red, de metro, de vertedero— que se gestiona y se paga fuera de su término y que nadie contabiliza de manera acumulada. Ese es su verbo y su contradicción: Coslada remata. La duda no es si cabe en el plano. Es si alguien está sumando lo que cabe en el Henares.

Acceso a la ficha técnica de Coslada

VER:

DEJA UNA RESPUESTA

Escribe un comentario
Escribe aquí tu nombre