
Vivir la tierra, ganadora del Oso de Plata a la Mejor Dirección en la Berlinale 2025, retrata la transformación de la China rural de los años noventa a través de la mirada de un niño de diez años.
Sentimental y lleno de emociones, Vivir la tierra, segundo largometraje del cineasta chino Huo Meng (Crossing the Border), cuyo estreno nacional tuvo lugar en la Sección Oficial de la Seminci (Festival Internacional de Cine de Valladolid), es un fresco ambientado en la china rural muy poco desarrollada de 1991 y retrata un momento decisivo de transformación social, económica y familiar.
Mientras el país atraviesa una profunda modernización y muchos habitantes de las aldeas abandonan el campo para buscar trabajo en las ciudades, Chuang, un niño de diez años y tercer hijo de la familia al que sus padres, que se han ido a trabajar en una fábrica y solo regresan raramente, dejan en casa de la abuela, describe la vida pacífica del campo en la provincia de Henan, y los cambio sociales de la etapa de modernización.
Rodada durante un año entero para describir la vida cotidiana de un pueblo en el momento en que las reformas económicas alteraban las formas de vida ancestrales, Vivir la tierra está protagonizada por Wang Shang, quien interpreta al joven Chuang, junto a los actores Zhang Yanrong, Zhang Chuwen, Zhang Caixia y Cao Lingzhi, en un reparto que aporta naturalidad a la historia de varias generaciones de una misma familia, ligada al campo y a una forma de vida amenazada en una comunidad atravesada por los cambios económicos, la precariedad y el desplazamiento.
Todo sucede justo antes de que la modernización de los medios de producción, la explotación del petróleo y un éxodo creciente transformen profundamente los campos.
El mundo a punto de desaparecer que capta Huo Meng tiene sus raíces en una larga historia de existencias marcadas por el colectivismo, y en una relación profunda con la tierra. Aparte del trabajo en la tierra, la película se detiene en algunos de los rituales –nacimientos, muertes, bodas- que marcan esas existencias.
Entre relato de iniciación y gran crónica rural de un mundo desaparecido para siempre, Vivir la tierra dialoga entre lo íntimo y lo colectivo mientras más de mil millones de habitantes protagonizan la que sin duda es la mayor transformación experimentada por todo un país a lo largo del siglo veinte.
El campesinado, que representaba la franja de población más grande de China, fue sustituido poco a poco por la nueva sociedad, en la que abundan todavía funcionarios que quedan del antiguo régimen conviviendo con la nueva burocracia de los tecnócratas.
Todos juntos configuran hoy una única clase social, una burguesía que desdeña las tradiciones en vías de desaparición y acumula importantes sumas de dinero mientras sigue vigente el poder autoritario del partido único que se reconoce comunista, devuelve a sus ciudadanos la libertad necesaria para hacer negocios al tiempo que impide la emergencia de nuevas formaciones políticas, persigue y encarcela a los disidentes mientras pone límites al acceso a Internet y censura libros, películas y cualquier otra manifestación artística que pueda ser disidente.
Uno de los últimos ejemplos es precisamente esta película. Casi no había terminado aún la ceremonia de entrega del Oso de Plata del 70 Festival de Berlín al realizador Huo Meng, que le confirma como Mejor Director, cuando su nombre, los de los actores y el resto de profesionales que han intervenido, así como el título de la película desaparecían de Weibo (la red social china), mientras diversos órganos de prensa adictos al régimen de Pekín «publicaban una andanada de duras críticas» (Libération) de Vivir la tierra que cuenta, desde el punto de vista de un muchacho, la vida en un pueblo de la provincia de Henan que, en los años 1990 y durante mucho tiempo, fue considerada el granero de trigo de China.
- Vivir la tierra llegará a los cines madrileños el próximo viernes 14 de agosto 2026.



