El presidente Donald Trump firmó el lunes 10 de agosto una orden ejecutiva que recorta el calendario de vacunación infantil recomendado para todos los niños y propone dividir la vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubeola) en tres dosis administradas en visitas separadas. La medida, presentada en el Despacho Oval junto al secretario de Sanidad, Robert F. Kennedy Jr., reabre un choque entre la Casa Blanca y la comunidad médica que ya había pasado por los tribunales meses atrás.

La orden encarga a Kennedy que en un plazo de noventa días presente opciones para comercializar por separado las tres dosis de la triple vírica, un calendario que expira justo después de las elecciones legislativas de mitad de mandato. El fabricante Merck, responsable de la vacuna combinada, defendió que su producto «está respaldado por décadas de evidencia clínica en el mundo real» y advirtió de que separar las dosis podría provocar retrasos u omisiones en la vacunación.

La respuesta más incómoda para la Casa Blanca no llegó del Partido Demócrata, sino de dentro de las propias filas republicanas. El senador Bill Cassidy, médico de profesión y presidente de la Comisión de Sanidad del Senado, calificó la orden de «equivocada» en la red social X: «El presidente no tiene la formación necesaria para hacer estos cambios. Las vacunas son, en conjunto, seguras. Las vacunas son eficaces. Las vacunas NO causan autismo», escribió, y pidió a los padres que «escuchen al pediatra de su hijo antes que una orden ejecutiva inexacta».

La Academia Americana de Pediatría, a través de su presidente, el doctor Andrew Racine, encabeza además la coalición médica que ya frenó judicialmente un intento similar. En enero, el Departamento de Sanidad había reducido unilateralmente la lista de vacunas recomendadas para todos los menores; en marzo, el juez federal Brian E. Murphy, del Distrito de Massachusetts, bloqueó ese cambio al considerar que el proceso había sido «arbitrario y caprichoso» y que Sanidad había prescindido de la evaluación técnica del comité independiente de expertos en vacunas. La representante Rosa DeLauro, portavoz demócrata en la Comisión de Asignaciones de la Cámara, calificó entonces la actuación de Kennedy de «ilegal» y lamentó que hiciera falta un tribunal para frenarla.

La orden firmada el lunes reafirma esa misma agenda, ahora respaldada directamente por el presidente. Trump insistió en el acto de firma en que «nada malo puede pasar» por espaciar las vacunas y volvió a vincular, sin evidencia científica que lo respalde, el aumento de los diagnósticos de autismo con el calendario vacunal vigente, según recogió NBC News. La medida llega, además, en un momento en que los casos de sarampión en 2026 ya han superado el total del año anterior.

El episodio confirma un patrón que el Observatorio Trump ha documentado ya en otros terrenos: cuando la Casa Blanca avanza en políticas científicamente controvertidas, la resistencia más eficaz no siempre procede de la oposición partidista formal, sino de figuras leales al propio proyecto —médicos, jueces, funcionarios técnicos— que actúan conforme a la evidencia disponible. Cassidy, cuyo respaldo fue decisivo para confirmar a Kennedy al frente de Sanidad, ilustra ese fenómeno mejor que ningún otro caso reciente.

La Casa Blanca ha fijado el plazo de noventa días para desarrollar la separación de la triple vírica justo después del 3 de noviembre, fecha de las elecciones legislativas de mitad de mandato. Las encuestas sobre confianza en las agencias sanitarias federales, ya deterioradas desde los cambios de enero, ofrecerán un indicador más de hasta qué punto el escepticismo vacunal de la Administración pesa en la opinión pública estadounidense de cara a esa cita electoral.

  • Pie de foto: Robert F. Kennedy Jr con Donald Trump en el despacho Oval de la Casa Blanca en la firma de la orden ejecutiva sobre vacunas. 10AGO2026

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