Donald Trump anunció en la madrugada de este domingo que suspende un ataque militar de gran escala contra Irán que estaba previsto para este fin de semana, después de que Riad y otras potencias regionales pidieran una tregua para intentar cerrar un acuerdo.

El presidente estadounidense escribió en Truth Social que Estados Unidos había sido «solicitado por Irán y otros países de Oriente Medio» para frenar el ataque, alegando que «los perímetros de un acuerdo» ya se habían pactado, incluida la reapertura del estrecho de Ormuz y el fin de la amenaza nuclear iraní, según recoge Axios, que fue el primer medio en informar de que el príncipe heredero saudí había contactado con Trump para pedirle moderación. Según CNN, Trump precisó que la pausa está condicionada a «poder cerrar rápidamente un acuerdo» y que Israel se sume a este compromiso.

Según confirmaron después CBS News y ABC News, el príncipe heredero saudí Mohamed bin Salmán llamó por teléfono a Trump el sábado para trasladarle su preocupación por una posible escalada del conflicto con Irán. Una fuente citada por CBS News describió que la gestión saudí giraba «todo en torno a la preocupación por los objetivos» del ataque previsto.

Según la agencia AP, Riad teme que, si Washington golpea infraestructuras energéticas iraníes, Teherán responda atacando instalaciones energéticas del propio reino y de otros países del Golfo.

Estados Unidos e Israel llevaban días preparando lo que, según varias fuentes citadas por CBS News, sería una de las campañas de bombardeos más duras hasta la fecha contra objetivos de infraestructura energética en Irán, con la posibilidad de que los ataques comenzaran ya este fin de semana.

La víspera, varias embajadas estadounidenses en la región —Amán, Jerusalén y Bagdad— habían emitido alertas de seguridad por el riesgo de «escalada imprevista». No en vano, según Axios, además de Riad Catar, Emiratos Árabes Unidos, Turquía y Pakistán también habían presionado a Washington y Teherán para que redujeran la tensión.

Por su parte, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, advirtió de que cualquier acción hostil de EEUU o Israel, o la cooperación de países de la región en ella, recibiría «una respuesta decisiva y proporcionada» de las fuerzas armadas iraníes, según informaron Town Hall

Analistas consultados por CNN se muestran escépticos sobre el respaldo real de Riad a la estrategia de Washington. Trita Parsi, del Quincy Institute, sostiene que los saudíes «no confían en que EEUU tenga una estrategia militar ganadora» y advierte que una nueva escalada solo traería «más sufrimiento» sin cambiar la realidad sobre el terreno, con los países del Golfo como principales perjudicados de una contraescalada iraní.

Contexto y análisis

El frenazo llega en un momento especialmente delicado para Trump. A tres meses de las elecciones legislativas de mitad de mandato (3 de noviembre), su índice de aprobación se sitúa en mínimos históricos de su segundo mandato: el promedio de Silver Bulletin lo situó el 30 de julio en un -20,6 por ciento neto —peor incluso que su peor momento tras el asalto al Capitolio en su primer mandato—, mientras que Newsweek recoge que una encuesta de The Economist/YouGov le otorga un -53 neto entre votantes independientes, su peor dato en este segundo mandato.

La guerra con Irán, que se prolonga desde febrero, ha disparado los precios del petróleo y alimenta el descontento económico que golpea sobre todo entre los votantes no alineados, la franja que suele decidir los distritos más competidos, señalan Forbes y Nate Silver.

Una ofensiva de gran escala contra infraestructuras iraníes, con el riesgo de arrastrar a los aliados del Golfo a una guerra regional, habría supuesto un salto cualitativo del conflicto justo cuando la opinión pública estadounidense se muestra cada vez más reacia a la implicación militar. La pausa —la enésima en un patrón de amagos y retrocesos que se repite desde el inicio de la guerra— permite a Trump ganar tiempo sin descartar la opción militar si las negociaciones fracasan.

Cierre

La pregunta que marcará los próximos días es si las conversaciones indirectas entre Washington y Teherán —que este domingo mostraron «cierto progreso» pero ningún acuerdo cerrado— logran cuajar antes de que la tregua expire o si, como en ocasiones anteriores, el frenazo de Trump resulta ser solo un nuevo compás de espera antes de que la amenaza de ataque regrese.

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