La crisis económica y social que atraviesa Cuba está ampliando las brechas raciales y afecta con especial dureza a las mujeres afrodescendientes, según un reportaje de Dariel Pradas publicado por IPS. Investigadoras y activistas advierten que la falta de datos desagregados dificulta diseñar políticas públicas eficaces contra el racismo y la desigualdad.
La crisis en Cuba no afecta por igual a toda la población. La información publicada por IPS desde La Habana sitúa a la población negra y mulata entre los grupos más expuestos al deterioro económico, al empeoramiento de las condiciones de vida y a la reducción de márgenes de protección social.
El debate se produjo durante el V Coloquio Mujeres Afrodescendientes, celebrado en el marco de la V Jornada cubana por el Día Internacional de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora, organizada por la Articulación Afrofeminista Cubana. El encuentro reunió a académicas, investigadoras y activistas que reclamaron políticas de equidad y no solo medidas universales de igualdad formal.
La crisis en Cuba amplía brechas históricas
Según recoge IPS, Yulexis Almeida, decana de la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana, sostuvo que las poblaciones afrodescendientes arrastran desventajas que las políticas públicas generales no han logrado corregir.
La académica plantea que las políticas sociales impulsadas tras la revolución cubana de 1959 redujeron desigualdades, pero también contribuyeron a minimizar el peso específico del racismo y de las diferencias por color de piel. Esa lectura, según las participantes en el coloquio citadas por IPS, derivó en una menor atención estadística y política a esas brechas.
El problema central, de acuerdo con las investigadoras, es que una política igual para grupos con posiciones sociales desiguales no corrige necesariamente la desventaja acumulada. Almeida resumió ese límite al advertir de que las políticas pueden seguir siendo «ciegas» si no identifican a quién afectan de forma diferenciada.
IPS también cita a Yaniset Núñez, investigadora del Centro de Estudios sobre la Juventud, quien subrayó que la crisis profundiza desventajas previas. En ese marco, las mujeres negras aparecen como uno de los grupos más vulnerables por la combinación de género, color de piel, ingresos, trabajo informal, vivienda y acceso desigual a recursos familiares o comunitarios.
Datos insuficientes para medir la desigualdad racial
Uno de los principales problemas señalados en el coloquio es la falta de estadísticas actualizadas y accesibles sobre color de piel, género y clase social. La última referencia censal citada por IPS procede del Censo de Población y Viviendas de 2012, cuando Cuba contaba con 11,2 millones de habitantes. Según ese censo, 26,6 por ciento de la población se reconocía como mulata y 9,3 por ciento como negra.
La propia información de IPS advierte de que esos datos han quedado desactualizados. Además, el país ha perdido población desde entonces: al cierre de 2025, la población efectiva se situaba en 9,4 millones, de acuerdo con los datos recogidos en el reportaje.
La cuestión cubana enlaza con un problema regional. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe ha señalado que en buena parte de América Latina persiste un déficit de estadísticas regulares y fiables sobre población afrodescendiente, lo que limita la formulación de políticas públicas ajustadas a sus condiciones reales.
En Cuba, según las fuentes consultadas por IPS, la ausencia de indicadores desagregados reduce la capacidad de detectar en qué ámbitos se concentran las brechas: empleo, vivienda, pobreza, maternidad adolescente, acceso a remesas, informalidad laboral o transmisión intergeneracional de la vulnerabilidad.
Reformas económicas y riesgo de mayor exclusión
El debate se produce en un momento de cambio económico. La Asamblea Nacional del Poder Popular aprobó el diecinueve de junio de 2026 un paquete de 176 transformaciones económicas y sociales, agrupadas en veintitrés ejes, para afrontar la situación del país.
Según el documento oficial de transformaciones, las medidas incluyen cambios en el modelo de gestión económica, mayor autonomía empresarial, modificaciones en el sistema bancario y financiero, impulso a nuevos actores económicos y más facultades para los municipios.
IPS señala que una de las medidas previstas consiste en sustituir subsidios a productos por subsidios dirigidos a personas y familias. Para las investigadoras citadas, el riesgo reside en aplicar esos cambios sin datos suficientes sobre quiénes necesitan más apoyo y qué factores cruzados explican su vulnerabilidad.
La advertencia de fondo es que la población negra podría quedar más expuesta si las reformas avanzan sin instrumentos de medición racial, territorial, económica y de género. En ese escenario, la equidad dependería no solo de la existencia de ayudas, sino de la capacidad institucional para identificar a los hogares más afectados.
El reto de pasar de la igualdad formal a la equidad
El Programa nacional contra el racismo y la discriminación racial, aprobado por el Gobierno cubano en 2019, aparece en el reportaje de IPS como un antecedente relevante. Junto a él se creó el Observatorio Social Color Cubano, concebido para recopilar información sobre estigma y discriminación por color de piel.
Sin embargo, las voces citadas por IPS cuestionan la limitada divulgación de resultados y la falta de indicadores detallados. La demanda de las investigadoras no se dirige solo a reconocer el racismo, sino a convertir ese reconocimiento en herramientas públicas capaces de orientar recursos, ayudas, políticas de vivienda, protección social y medidas contra la discriminación.
La discusión abierta en La Habana apunta a una conclusión de interés público: sin datos actualizados y sin políticas de equidad, la crisis económica puede reforzar desigualdades históricas que permanecen parcialmente invisibles en la estadística oficial. Para la población negra cubana, y en especial para las mujeres afrodescendientes, esa invisibilidad puede traducirse en menor protección precisamente cuando más aumenta la vulnerabilidad.
- Pie de foto: Una madre afrodescendiente camina con su hijo de la mano y su pequeña bebe en brazos, cerca de una enfermera, por una calle céntrica de La Habana ©Jorge Luis Baños / IPS




