
La literatura testimonial española acaba de perder a uno de sus grandes representantes. A punto de cumplirse 90 años del comienzo de la guerra civil, el escritor que mejor describió el devenir político y social de la España de la posguerra fue Luis Goytisolo, quien acaba de morir a los 91 años en Vimbodi (Tarragona).
Luis Goytisolo (1935-2026) inició su carrera narrativa en el realismo social con obras críticas con la burguesía y solidarias con la clase obrera, como Las afueras (Premio Biblioteca Breve en 1958) y Las mismas palabras (1962). En 1956 ya había ganado el Premio Sésamo de narraciones cortas.
Antes de Antagonía, su obra maestra, publicó Ojos, círculos, búhos y Devoraciones (en 1981 se reunieron con el título de Fábulas sin los dibujos de Joan Ponç).
En las últimas novelas de Antagonía se distanció de las reivindicaciones políticas para centrarse en los valores de la literatura y la novelística. Como declaró en alguna ocasión, abandonó la prosa heroica de su militancia marxista para recuperar el sonido de su propia voz.
Ya en la democracia siguió experimentando con Estela del fuego que se aleja y con Investigaciones y conjeturas de Claudio Mendoza. En La paradoja del ave migratoria profundizó en la estructura fragmentada de sus últimas narraciones.
Tras Estatua con palomas, la mística erótica que ya se percibía en Antagonía se manifiesta más abiertamente y con más fuerza en tres de sus novelas publicadas en los últimos años del siglo veinte (Mzungo, Placer licuante y Escalera al cielo), tres obras menores si se quiere, pero que no suponen ni por un momento síntomas de agotamiento creativo, como demostró posteriormente con Diario de 360º (Seix Barral, 2000), una de las mejores novelas de la literatura española de los últimos años, que ha pasado injustamente desapercibida.
Luis Goytisolo ocupaba el sillón C de la Real Academia Española y estaba casado con la escritora Elvira Huelves. Ambos vivían en un molino restaurado de la localidad de Vombodí, en Tarragona. En 2013 recibió el Premio Nacional de las Letras.
«Antagonía», una obra maestra
El 30 de noviembre de 1973 se publicó en México su obra Recuento (en España fue secuestrada por el Tribunal de Orden Público), una de las mejores novelas de la literatura española contemporánea, que iniciaba una tetralogía que su autor tardó diecisiete años en completar con Los verdes de mayo hasta el mar, La cólera de Aquiles y Teoría del conocimiento, todas ellas publicadas después en un solo volumen con el título de Antagonía (Anagrama).
Las cuatro novelas trazan en lo histórico el tránsito de la dictadura franquista hacia su desaparición y en lo literario el recorrido que va de la agonía del realismo social al experimentalismo.
Luis Goytisolo concibió el proyecto de Antagonía en 1960 durante su reclusión en la cárcel de Carabanchel como preso político responsable de una célula antifranquista, y contó que la escribía con una pluma Parker en la cara satinada de las hojas de papel higiénico de la prisión.
En el prólogo de la edición de Anagrama el crítico Ignacio Echevarría compara esta obra de Goytisolo con El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell y con El hombre sin atributos de Musil.
Se trata de una novela que podríamos calificar de autoficción, muchos años antes de que este término se pusiera de moda, en la que Goytisolo, en paralelo a la narración de los hechos, indaga sobre la creación literaria y aborda la crítica a la estética realista de los años cincuenta y sesenta.
Con El Jarama de Sánchez Ferlosio, Tiempo de silencio de Martín-Santos o Volverás a Región de Juan Benet, forma parte del canon que anunciaba una nueva narrativa en la Literatura española.
Antagonía es como la autobiografía de una generación, la de la inmediata posguerra. Recuento es la de un hombre, un novelista llamado Raúl Ferrer Gaminde (alter ego de Luis Goytisolo), que encuentra el cauce adecuado para dar rienda suelta a su vocación de escribir tras renunciar a los valores religiosos y sociales inculcados en su adolescencia y a las utopías del comunismo adquiridas en sus años universitarios.
En esta obra, en la que Goytisolo refleja la situación política de España en los últimos años sesenta y los primeros setenta del siglo localizada, localizada en Barcelona, el Maresme y la Costa Brava, se ponen de manifiesto las transformaciones de la sociedad española a través de la mirada de un hombre que durante su adolescencia fue testigo de la entrada de las tropas nacionales en Cataluña y que cuenta sus experiencias en un colegio religioso en el que lo importante era la asistencia a misa y a los oficios de la Pascua y de Todos los Santos y la confesión y comunión semanales.
El protagonista es consciente de que la represión de la sociedad española de la posguerra invade todos los ámbitos de la vida, y a través de la memoria va describiendo sus actividades cotidianas en las fiestas del barrio, en los cines, en la experiencia del primer amor y el primer sexo… en fin, esas cosas que no se aprendían en la universidad ni en la familia.
En la universidad adquiere su formación política y se identifica con el comunismo a través de las conversaciones con sus compañeros y camaradas sobre la revolución, que culminan con su implicación en las actividades del Partido.
Es en esos años cuando toma conciencia de la existencia de una dictadura que encarcela y tortura, de una burocracia asfixiante, de una burguesía ávida de enriquecerse y ajena a los intereses de la clase obrera, de un nacionalismo «no como aspiración real sino como instrumento de negociación con Madrid, como chantaje o espantajo, mediatizando así un ideal previamente hipostasiado en beneficio exclusivo de los intereses que representaban» (p.241).
Y también el posterior desencanto de su militancia en el Partido Comunista («una organización de excitante carácter mistérico» p.470) y de unos militantes que veían «El acorazado Potemkin» con el fervor de una ceremonia religiosa.
A los cincuenta años de su publicación, Recuento sigue manteniendo la frescura de una narrativa que rompía los cánones de la caducada estética socialrrealista.
Luis Goytisolo escribió sobre el futuro inquietante de la literatura en su ensayo Naturaleza de la novela (Anagrama), donde afirma que el declive de la novela coincide con el auge de los productos audiovisuales de la televisión, las consolas de videojuegos, el ordenador y los teléfonos móviles.
Para Goytisolo sólo merecen el nombre de novela aquellos escritos que tengan una cierta calidad literaria y para este escritor ya no existe esta literatura, sustituida en la actualidad por una literatura de consumo que propicia la infantilización y el adocenamiento del gusto.
Según Goytisolo, la novela ha dejado de renovarse, de abrir nuevos caminos, y no hace sino repetir las mismas fórmulas con más o menos talento.
Para los apocalípticos de la literatura la crisis de la novela está a punto de terminar con la desaparición de un género cuyos orígenes sitúa en la epopeya clásica, el Cantar de Roldán y el Mio Cid, que pasa por la Divina Comedia, El Decamerón y La Celestina y desemboca en el Quijote como punto de partida de un nuevo género que se consolidó en el diecinueve con autores como Goethe, Stendhal, Balzac, Flaubert y Dickens, que alcanzó un gran nivel con la literatura rusa (Tolstoi, Dostoievski) y norteamericana (Melville, Henry James) y que llegó a su punto culminante en la primera mitad del siglo veinte con Proust, Joyce, Thomas Mann, Kafka, Musil y la generación perdida americana (Fitzgerald, Dos Passos, Hemingway y sobre todo Faulkner).
A partir de este punto, nada. La novela iniciaría un declive que en la actualidad la estaría llevando a su extinción como género: «Una vocación de novelista difícilmente va a surgir en quien se ha formado en un medio donde la cultura y los conocimientos adquiridos y el empleo del tiempo libre poco o nada tengan que ver con la creación literaria» (p.174).



