La Argentina insumisa

Los argentinos que hace veinticinco años padecimos la crisis del 2001, asistimos al enojo de una sociedad cuando a la pobreza y el desempleo generado en la década del noventa por el neoliberalismo, con privatizaciones y destrucción del aparato productivo, insólitamente se le sumaba el congelamiento de los depósitos bancarios.

En efecto, la gente ya no podía disponer de sus ahorros en pesos, tampoco de sus propios dólares que fueron pesificados a la fuerza. Los salarios se pagaban con bonos que nadie quería y surgía un mercado negro. A muchos jubilados les robaban los ahorros de toda una vida, y por más que se pretenda maquillar aquello, lo cierto es que todos perdimos.

La gente salía a la calle con cacerolas, renegaba de los políticos y los bancos, acusándolos de delincuentes. Fueron días de caos, con muertos, hordas que destruían negocios, asaltaban supermercados, pero algunos en vez de alimentos preferían llevarse televisores. Yo vi las calles céntricas de Buenos Aires totalmente liberadas frente a actos vandálicos.

Entonces, tras la renuncia del presidente, se peleaban por el poder, y en once días hubo cinco presidentes, del partido peronista. Durante varios meses, los políticos se cuidaron mucho de aparecer en lugares públicos, pues cuando los identificaban la gente los insultaba. La frase más difundida: ¡Que se vayan todos! Y salvo el presidente, no sé si alguno se fue.

Con información privilegiada, bancos y empresas, el mes anterior sacaron los dólares del país a través del Aeropuerto de Ezeiza con destino a Estados Unidos, y los camiones de caudales se habrían contado por cientos. Supe de gente que se suicidó y de hospitales que organizaron grupos de psicoterapia para tratar los innumerables casos de depresión, pues a muchos les robaron la vida… Los jóvenes suelen desconocer esta triste historia y, la política manipula el olvido planificado.

También recuerdo que a mediados de los noventa, estallaron los peores escándalos de corrupción del ejecutivo, pero un sector importante de la sociedad percibía que la economía crecía (paridad del dólar con el peso), y no había una indignación generalizada frente a algo que moralmente no se podía ignorar, sin embargo, luego el presidente fue reelecto de manera contundente. De ahí que se considere que la sociedad tolera la corrupción si tiene dinero y trabajo. De todas maneras, el poder busca la sumisión voluntaria, y siempre hay gente predispuesta a obedecer.

Hoy existe una fatiga social que no la ve quien no quiere verla. En efecto, la pérdida del nivel adquisitivo genera empobrecimiento progresivo, mientras los entendidos sostienen que «el mercado lo regula todo» y que la política es un mal a erradicar.

Para Loris Zanata: «Desde la Casa Blanca hasta la Casa Rosada, es moneda corriente la idea de que la democracia es un vestigio incompatible con la libertad y la eficiencia. ¿La igualdad? ¡Homologación y conformismo! ¿La democracia? ¡Mediocridad y masificación!”. Pues bien, así estamos, allá y aquí, salvando las diferencias.

Según un reciente informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), en el primer semestre de 2026, el gobierno nacional hizo otro ajuste presupuestario en salud (hospitales), educación, investigación, ayudas sociales (comedores comunitarios) y obra pública, de cerca del 35 por ciento global en relación al mismo período de 2023, mientras la SIDE (Secretaría de Inteligencia del Estado) habría aumentado su presupuesto en un 17 por ciento. Es evidente que se necesita privilegiar la «inteligencia» por encima de las necesidades básicas.

No pocas veces hubo un despertar social ante las injusticias o ciertos mandatos que generaron resistencia, y toma diferentes formas. Bástenos las cartas de lectores de los periódicos. Una lectora recordaba que ante las carencias del pasado había futuro, pero algo se rompió, la pobreza se convirtió en abandono, surgieron comedores comunitarios, apareció la droga, el desempleo se propagó, la niñez creció sin promesas, y los dueños del poder siguen siendo los mismos, en tanto a las clases dirigentes les falta grandeza… Las marchas de los jubilados reclamando sus derechos se mantienen semanalmente desde hace décadas ante los distintos gobiernos, pero de forma infructuosa, y la biología se encarga de renovar a los manifestantes.

Como país de inmigración fundamentalmente europea, el argentino siempre se identificó más con Europa que con los Estados Unidos, un vínculo histórico que pretende ser modificado por políticas entreguistas en connivencia con el poder económico, que nos obliga a depender de las «relaciones carnales».

En fin, el éxito o el fracaso de una nación depende, en gran medida, de sus instituciones y de la ciudadanía, por eso los ciudadanos con conciencia moral no podemos claudicar.

DEJA UNA RESPUESTA

Escribe un comentario
Escribe aquí tu nombre