La urbanización informal, la falta de planificación y la escasa adaptación de la vivienda agravan el impacto de olas de calor, lluvias extremas e inundaciones en América Latina, según una información de IPS firmada por Emilio Godoy.

La crisis climática golpea con más fuerza a los barrios informales

Las barriadas urbanas de América Latina se han convertido en uno de los puntos más vulnerables ante los extremos climáticos. El crecimiento desordenado de las ciudades, la precariedad de muchas viviendas y la falta de zonas verdes aumentan la exposición de millones de personas al calor extremo, las lluvias torrenciales, las inundaciones y los deslizamientos.

La información de IPS sitúa como ejemplo la ciudad mexicana de Tijuana, donde barrios como Camino Verde han crecido sobre cerros y con una urbanización marcada por calles estrechas, viviendas muy próximas entre sí y escasa planificación previa.

Según Hábitat para la Humanidad, en América Latina y el Caribe unos ciento veinte millones de personas viven en asentamientos informales. La región es, además, una de las más urbanizadas del planeta: alrededor del ochenta por ciento de su población reside en centros urbanos, de acuerdo con datos citados por IPS a partir de organismos internacionales.

Vivienda, pobreza y desigualdad climática

Alejandro Arias, gerente de Resiliencia y Recuperación de Vivienda ante Desastres de Hábitat para la Humanidad, explicó a IPS que «muchos de los asentamientos han sido construidos sin planificación previa». Esa ausencia de análisis técnico dificulta anticipar riesgos de inundación, sequía o aumento térmico.

El problema no se limita al emplazamiento. También influyen los materiales de bajo coste, que pueden resistir peor los fenómenos extremos o incrementar la temperatura interior de las viviendas.

En este sentido, la crisis climática actúa como un multiplicador de desigualdad: quienes viven en barrios informales suelen contar con menos recursos para adaptar sus casas, acceder a refrigeración, mejorar el aislamiento o protegerse frente a inundaciones.

Las ciudades concentran emisiones y riesgos

El Banco Interamericano de Desarrollo ha señalado que las ciudades concentran alrededor del setenta por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero de América Latina y el Caribe. A su vez, el sector residencial representa una parte significativa del consumo final de energía.

IPS recoge datos del Reporte Mundial de Ciudades 2026 de ONU Hábitat, según los cuales Brasil encabeza la informalidad habitacional urbana en la región, con veintisiete millones de personas en asentamientos irregulares en 2024. También figuran Perú, México, Ecuador y Argentina entre los países con cifras más elevadas.

Sin embargo, la vivienda sigue ocupando un lugar secundario en muchas políticas climáticas. Según la información de IPS, solo algunas contribuciones nacionales ante el Acuerdo de París mencionan de forma expresa los asentamientos irregulares.

Construcción sostenible, una respuesta todavía insuficiente

Varios gobiernos latinoamericanos han impulsado programas de vivienda masiva o incentivos a la construcción sostenible. IPS menciona iniciativas en México, Brasil, Perú, Colombia y Chile, aunque advierte de que sus resultados ambientales y de resiliencia no siempre aparecen claros o suficientemente documentados.

La construcción sostenible puede reducir emisiones, mejorar el confort térmico, disminuir el consumo de agua y rebajar la generación de residuos. Pero, según los especialistas citados por IPS, su coste inicial más elevado dificulta su incorporación en vivienda social cuando las políticas públicas priorizan el precio inmediato.

La cuestión adquiere relevancia ante la previsión de que el calor extremo y las inundaciones afecten cada vez más a las grandes áreas metropolitanas. En los asentamientos informales, esas amenazas se agravan por la falta de infraestructuras, vegetación urbana, drenaje, aislamiento y servicios básicos.

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