Islandia decidirá en referéndum a finales del mes de agosto de 2026, en concreto el sábado 29, sobre la reanudación de las negociaciones de adhesión con la Unión Europea (UE).
En la consulta no se les preguntará a los islandeses si quieren unirse o no a la UE, sino si quieren que su gobierno reanude las conversaciones de adhesión con el bloque europeo.
Si el voto es afirmativo, se celebrará una segunda votación para convertir oficialmente a Islandia en el 28 miembro de la UE. No obstante, las negociaciones para lograr un acuerdo para su entrada en la institución europea probablemente tomarían dos años, en caso de un voto inicial del sí.
Aunque aun quedan más de dos meses para ir a las urnas, los islandeses están en un punto muerto en este referéndum. Según una encuesta reciente del Ministerio de Relaciones Exteriores, el 42% está a favor de reabrir las conversaciones de adhesión mientras el 39% se opone.
Las diferencias se han acortado en los últimos años. Una encuesta de Gallup de 2025 mostraba que el 44% de la población estaba a favor y el 36% se oponía y, tiempo atrás, en 2022, el porcentaje era del 47% a favor y el 33% en contra. Actualmente, hay escasa diferencia entre partidarios y detractores.
La campaña del referéndum aún no ha empezado, pero la mayoría de los analistas están de acuerdo en que la decisión dependerá sobre los derechos de pesca, su futura soberanía y la adopción de la moneda común, el euro, frente a la corona islandesa (la inflación supera el cinco por ciento).

En especial, los derechos de pesca y la cuestión del acceso a las aguas territoriales ocuparán el gran asunto destacado en los debates y condicionará la futura votación del reinicio de las conversaciones de adhesión a la UE.
La pesca, además de ser una de las mayores exportaciones del país, también está profundamente arraigada en la cultura e identidad nacional. Los pescadores y comunidades pesqueras han considerado durante mucho tiempo el control sobre su industria como una piedra angular de la independencia y el éxito económico de Islandia.
Islandia, en el Atlántico Norte, que apenas supera los 400.000 habitantes, un poco más grande que Irlanda, quiere proteger sus vastas aguas de pesca de 200 millas recordando además la llamada guerra del bacalao (1972-1976) ante el Reino Unido. Su industria pesquera sigue representando casi la mitad de los bienes que exporta el país.
Los partidarios de la adhesión en la UE ven en la incertidumbre económica mundial una oportunidad para avanzar en su entrada en el club europeo, a pesar de las actuales difíciles circunstancias. Una gran cantidad de islandeses subraya la seguridad económica y estabilidad que la UE ofrece a sus estados miembros.
También valoran la seguridad internacional y sería una oportunidad para una mejor integración en Europa, mientras los contrarios inciden en el impacto potencial en la pesca, agricultura y soberanía del país.
Durante muchos años, la UE fue un socio fiable y los debates se mantuvieron principalmente en términos económicos pero en la actual coyuntura mundial esto ha cambiado.
En defensa, el país es miembro de la OTAN (aunque no tiene ejército) desde que se fundó la alianza militar occidental. No obstante, las amenazas de Estados Unidos de adquirir por la fuerza a un aliado cercano e histórico vecino de Islandia, Groenlandia, ha influido en sus habitantes.
No hay que olvidar que Islandia, como actualmente Groenlandia y las islas Feroe, hasta 1918 perteneció al reino de Dinamarca.
El futuro referéndum será seguido de cerca por Washington, Moscú, Londres y Bruselas.
De momento, Islandia está siendo golpeada con bulos, desinformación y retórica nacionalista importada del método de Nigel Farage y Reform (en alusión al líder que inició el Brexit y la formación ultraderechista inglesa) que ya se ha manifestado sobre la consulta: “Les deseamos lo mejor, permanecer fuera de la UE”.
También el referéndum será un objetivo de Rusia para lograr un voto antieuropeo y es que la invasión de Ucrania en 2022 ha dejado preocupación en el país a pesar de estar muy alejado de la zona de conflicto.
Negociaciones con la UE
El gobierno de coalición islandés, que dirige Kristún Frostadóttir, formado por los partidos de izquierda, la Alianza Socialdemócrata y el Partido Popular, y el partido proReforma Liberal Europea de centroderecha, reactivó la consulta fijándola para agosto.
Previamente en mayo el Parlamento islandés dio el visto bueno a la consulta por 34 votos a favor (la coalición gobernante controla 36 escaños), 8 en contra y 14 abstenciones.
La integración de Islandia en la Unión Europea sería bastante fácil en muchas áreas. No hay ninguna de las preocupaciones como en otros países del Este sobre corrupción o retroceso democrático y tienen un sistema laboral avanzado.
Actualmente Islandia se encuentra en la zona Schengen que han abolido los controles fronterizos. Del mismo modo, también forma parte del mercado único como miembro del Espacio Económico Europeo (EEE), junto con Noruega y Liechtenstein, lo que significa que se alinea con muchas leyes y regulaciones de la UE.
Su solicitud inicial para la adhesión a la UE fue en 2009 poco después de la crisis financiera internacional que había golpeado al país y llevó al colapso de los tres mayores bancos.
En 2010 el Consejo Europeo acordó abrir las conversaciones de adhesión y las negociaciones se movieron con rapidez, dada la consonancia entre sus leyes y las europeas que se sincronizaron en muchos aspectos.
El pacto en las negociaciones con la UE tiene un acuerdo total en 11 capítulos, mientras el avance alcanza a 27 del total de 33 del futuro acuerdo, que habría que cerrar si los islandeses aprueban este primer referéndum.
Pero a finales de 2013, Reikiavík a través de un gobierno conservador y euroescéptico optó por una larga pausa en el acuerdo con la UE.




