Los hórreos del norte de la península ibérica han sido reconocidos como vehículos de transmisión y expresión simbólica de identidad como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial.
Este reconocimiento, aprobado por el Consejo de Ministros a través de un Real Decreto, pone de relieve no solo las actividades, oficios y conocimientos tradicionales asociados a estas construcciones, sino también un capital inmaterial contemporáneo y complejo que las comunidades han elaborado en torno a ellas.
Los hórreos, presentes especialmente en Galicia y Asturias, existiendo también en León, Cantabria y País Vasco, desempeñan un papel esencial como marcadores culturales y expresiones de identidad colectiva, vinculados a prácticas sociales, saberes transmitidos, memorias compartidas y representaciones.
El objetivo de esta declaración es garantizar la salvaguarda de esta dimensión inmaterial, incorporándola de forma explícita en los procesos de identificación, documentación, estudio y difusión de este patrimonio, reforzando su reconocimiento y asegurando su transmisión intergeneracional.
Estos valores simbólicos configuran un capital cultural que contribuye a la cohesión social y al fortalecimiento de las identidades locales y regionales, manteniéndose vivo gracias a la interacción constante entre las comunidades portadoras y el bien, lo que asegura la continuidad y recreación de sus significados en el tiempo.
Los hórreos gallegos
Los hórreos son arquitecturas populares que se diseñaron para guardar las cosechas y alimentos y ponerlas a salvo de los roedores y alimañas. Su principal seña de identidad es que se levantan sobre pilotes o pies derechos que los aíslan del suelo para favorecer su ventilación interna y evitar el acceso de los animales.
En España, este tipo de construcciones se localizan en la fachada atlántico-cantábrica, sobre todo en las comunidades de Galicia y Asturias, en menor medida en León, Cantabria, Navarra y País Vasco.
En Galicia destacan el de Carnota con sus 35 metros de largo, declarado Monumento Histórico Nacional, así como los de Piornedo en la comarca lucense de Os Ancares, que más bien parecen extraídos de una fábula poblada por gnomos y hadas. O los sorprendentes 34 hórreos de A Merca, en Ourense, el conjunto más grande y uno de los mejor conservados de Galicia. Finalmente, con el mar a sus pies, los bellos hórreos de pedra en Combarro, en plena Rías Baixas, en concreto en la de Pontevedra.

Aunque no hay cifras oficiales se calcula en más de 45.000 hórreos los existentes en España, de ellos más de 30.000 en Galicia y Asturias tiene censados 14.566, León 330 existiendo también en Cantabria, Navarra y País Vasco.
Más allá de la materialidad, los hórreos poseen un valor inmaterial que reside en su función simbólica y social: han sido y siguen siendo lugares de memoria, hitos visuales y espacios cargados de significados asociados a prácticas, relatos y modos de vida tradicionales.
Sin embargo, se han detectado una serie de riesgos para su mantenimiento como pueden ser la desvinculación funcional del hórreo y su homogeneización, la desconexión intergeneracional o la pérdida de los contextos culturales. Por ello, las medidas de salvaguarda se orientan a la preservación de su dimensión simbólica y social, junto con la conservación material y los oficios tradicionales vinculados a ella.
La declaración de los hórreos del norte de la península ibérica como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial ayudará a garantizar su conservación, asegurando que las medidas de protección vayan más allá de su materialidad, asegurando su valor simbólico y de identidad social.




