La Grazia, otra obra maestra escrita y dirigida por Paolo Sorrentino (La Gran Belleza, Oscar a la Mejor película internacional en 2014; Il divo, Youth, Berlusconi y los otros, La mano de Dios, Parthenope) -película que inauguró la 82 Mostra d’Arte Cinematografica di Venezia (2025), donde el sorprendente y brillante intérprete actor que es Toni Servilio ganó la Copa Volpi al Mejor Actor- es una exploración del deber y la libertad personal encarnados en el personaje de Mariano de Santis, un presidente de la República Italiana que tiene que enfrentarse a dilemas morales y personales.
Mariano de Santis no es un presidente conocido, el personaje – aunque la Constitución italiana quiere que el de Presidente sea un cargo más bien honorífico, sin embargo está encargado de una serie de funciones – entre otras, la posibilidad de disolver el Parlamento, nombrar altos funcionarios, adjudicar condecoraciones, recibir a los representantes diplomáticos, promulgar las leyes, firmar decretos y conceder indultos- pero sobre todo es él quien garantiza la unidad nacional- es fruto de la fantasía de Sorrentino,
Cerca del crepúsculo de su vida, este hombre apodado «hormigón armado» que ha sido uno de los juristas italianos más importantes, autor de un ensayo de más de dos mil páginas sobre el código penal, en cuyas palabras y posturas se confunden los perfiles de distintos presidentes de la República, tanto del presente como del pasado, es un viudo que no ha conseguido superar la pérdida de Aurota, su pareja, católico, demócrata cristiano y amigo del Papa (el actor de Costa de Marfil Rufin Doh Zeyenouin, una bomba, negro con coleta, se desplaza en scooter por los jardines del vaticano, Zero, Quo vado?, Tu la conosci Claudia?).
El Presidente tiene una hija que se llama Dorotea (la actriz Anna Ferzetti, Diamantes, BFF Best Friends Forever, Domani è un’altro giorno), es jurista como él y su confidente en este final de mandato, cada vez más cercano, cuando tiene que enfrentarse al dilema moral de dos peticiones de indulto para dos condenados por homicidio –un hombre que mató a su mujer con una patología neurodegenerativa y una mujer que mató al marido violento mientras dormía- así como las modificaciones que quiere introducir en el borrador de un proyecto de ley sobre la eutanasia.
Dos decisiones que, de manera inexplicable, tienen influencia en su vida privada porque, más allá de sus responsabilidades oficiales, hay una cuestión que no consigue descubrir: la verdad sobre el supuesto engaño de su difunta esposa, una verdad que al parecer conoce solo Coco Valori, extravagante crítica de arte amiga del Presidente desde los bancos de la guardería (Milvia Marigliano, En mi piel, El huésped, Silvio y los otros).
Elegante, melancólica y misteriosa, como misteriosas son siempre las razones personales que pueden tener un peso mayor que el de un código penal aprobado en tiempos de Mussolini, La Grazia (el realizador se permite dejar que el espectador baraje los diferentes sentidos que puede tener la palabra grazia), es una película sobre el tiempo que pasa, la fuerza de los recuerdos y la duda. …Una introspección depurada de la soledad del poder que resulta refrescante (…) devuelve a Paolo Sorrentino a una forma esencial donde los personajes se debaten con sus estados de ánimo, sus emociones, sus contradicciones y sus dudas (ecranlarge.com)
La historia del final del mandato –el semestre blanco- del presidente Mariano de Santis es la de un hombre que ha triunfado –y reconoce que ahora se siente superfluo-, que se enfrenta a la duda que le obliga a salir de su zona de confort, al dilema moral de los que van a ser sus dos últimos actos oficiales, dos cuestiones sobre las que pesan la moral, la religión y las convicciones personales (debate intelectual consigo mismo que aporta el necesario toque contemporáneo al inmovilismo del presidente democristiano). Tiene que tomar una (dos) decisión política, cuando lo suyo ha sido siempre el compromiso.
Un presidente impecable por fuera y dubitativo por dentro (el tipo de político que, según Sorrentino, todavía existe pero cada vez menos), que se atreve a escuchar e interpretar rap en la soledad del salón del Palazzo del Quirinale que abandonara en breve, mientras fuma un cigarrillo clandestino escapando a la vigilancia de Dorotea (Tienes un pulmón solo …).
La Grazia[1] es una oda al amor y a la amistad, un fresco grandioso sobre la estética, la belleza, Roma, la compasión y los restos de la humanidad perdida.
- La Grazia se estrena en Madrid mañana el 1 de abril de 2026




