Julio Collado Nieto

Sostiene Pereira que hay cifras que no se leen, se escuchan. Crujen como la madera vieja de un caserón deshabitado. Hay una pregunta acuciante que ya no admite evasivas: ¿Tiene soluciones la demografía en Ávila y, por extensión, en la España vacía, esas amplias regiones de España que se han visto afectadas por movimientos migratorios de gran calado desde las zonas rurales hasta las grandes ciudades?

Cuando el Instituto Nacional de Estadística estima que en 2025 hubo 884 nacimientos frente a 2102 defunciones en la provincia abulense, lo que está describiendo es un desajuste estructural: casi 2,5 decesos por cada recién nacido y un saldo natural de -1218 personas. Treinta y siete años consecutivos en números rojos. Casi 12.000 defunciones más que nacimientos en la última década.

No se puede contemplar ese boquete demográfico como si fuera una tormenta pasajera. Es una grieta que atraviesa generaciones. Y, sin embargo, también hay matices: los nacimientos crecieron un 3,5 por ciento en 2025, segundo año consecutivo al alza.

En Castilla y León el aumento fue del 0,9 por ciento, en línea con la tendencia nacional. Las defunciones subieron un 1,4 por ciento en la Comunidad, por debajo del 2,5 estatal. Datos tibios, sí, pero que demuestran que las inercias no son inmutables.

Ahora bien, quizá la cuestión de fondo no sea solo demográfica, sino política. Tras cuarenta años de gobiernos conservadores en las principales instituciones de la provincia y de la Comunidad de CyL, cabe preguntarse, con serenidad y sin dogmatismos, si las recetas aplicadas mecánicamente y año tras año, han dado el resultado esperado.

Si después de tantos años, el crecimiento vegetativo sigue en caída libre, ¿no es razonable abrir un debate sereno, profundo y transversal en las Cortes castellanas sobre este problema tan vital? ¿No ha llegado la hora de nuevas propuestas, más creativas y menos manidas ante el fracaso de las aplicadas hasta ahora?

No se trata de convertir la demografía en arma arrojadiza sino de asumir que repetir fórmulas fracasadas solo refleja resignación y no precisamente cristiana, porque ha producido una brutal desigualdad entre ciudades, comarcas y pueblos.

Es hora ya de abandonar el catálogo de medidas simbólicas y de cantos a un pasado demasiado pasado, para apostar por una política audaz de atracción y de evitar la sangría de la emigración joven y bien formada: cabeceras de comarca vivas, bien comunicadas con sus pueblos, entre sí y con la capital; dotadas de Servicios Públicos potentes; incentivos fiscales para teletrabajadores, suelo industrial para empresas tecnológicas y agroalimentarias, programas de retorno con compromisos de empleo y vivienda; y un mejor diseño de la formación profesional y universitaria.

También hace falta creatividad social: Espacios compartidos para profesionales independientes, emprendedores y pequeñas empresas en edificios históricos, residencias artísticas donde la cultura sea motor económico, cooperativas innovadoras que aúnen tradición y tecnología. Es decir, convertir la calidad de vida en producto estratégico y duradero, no en eslogan turístico de fin de semana.

La inmigración, que está amortiguando el descenso poblacional y manteniendo el bienestar social y económico a través de los cuidados, la ganadería, la hostelería y la construcción en toda la España vacía y en este páramo castellanoleonés, merece una política activa de bienvenida, integración y arraigo.

No basta con que lleguen familias; hay que ofrecerles horizonte vital y un ambiente amable contrarrestando las políticas xenófobas de la extrema derecha.

Cada aula rural abierta, gracias a los nuevos vecinos y a nuevas culturas, es una victoria silenciosa contra el vacío. Cada «viejito» en entretenida conversación con su cuidadora en un banco, a la solana de cualquier pueblo, es un guiño a la vida. Y una plantación de fresas, donde se oyen varias lenguas y todos se entienden, es el mejor canto a la convivencia que nos aleja de los patriotismos que nos dividen y enfrentan.

En fin, la provincia de Ávila, CyL y la España vacía o vaciada, que cada cual la nombre según su leal entender, necesita menos autocomplacencia, menos quejas y más liderazgo transformador.

La demografía, síntoma del escaso desarrollo industrial y de una economía que no sirve a los más desprotegidos, no es un destino escrito en las piedras de la muralla ni en las cimas de Gredos o en las llanuras mesetarias, sino el resultado de decisiones políticas y económicas diseñadas por los mismos de siempre.

Por eso, ante el desafío de las cunas vacías y de los cementerios llenos, lo sensato no es la inercia de perseverar en lo conocido sino atreverse a ensayar nuevos caminos.

  1. Julio Collado Nieto es maestro jubilado, escritor de libros infantiles, coordinador de Campañas escolares de animación lectora, articulista del Diario de Ávila, colaborador de La 8Ávila CYLTelevisión, en ViveRadio y es monitor del taller Lectura, escucha y memoria de la Fundación Ávila en el Placio de Los Serrano. Ha colaborado y colabora actualmente en varias revistas y en antologías poéticas y de relatos.
  2. Artículo difundido por José Antonio Sierra Lumbreras

DEJA UNA RESPUESTA

Escribe un comentario
Escribe aquí tu nombre