J. Benito Fernández publica «Non creo en mais vida ca esta»

Entre biografía y autoficción

Los lectores de la misma generación de J. Benito Fernández (Tomiño, 1956), hijos de clase obrera que crecieron durante la posguerra, leerán esta novela en parte biográfica («Non creo en mais vida ca esta». Galaxia) con la sensación de estar rescatando sus propias memorias.

Hayan nacido en un medio rural o en una ciudad, se identificarán con lo que se cuenta a lo largo de este recorrido por la vida de quien experimentó la circunstancia de crecer en ambos ámbitos.

El escritor los sitúa en los escenarios de las aldeas gallegas de Campio y Remedio y en un centro urbano del cinturón de Madrid al que llama Valdecuervo.

Esta especie de biografía, con algún elemento de autoficción, Benito Fernández la escribió originalmente en castellano y Galaxia publica esta primera edición en traducción al gallego de Perfecto Conde.

En efecto, los coetáneos del autor de estas memorias educaron su infancia con los mismos manuales (sobre todo la Enciclopedia Álvarez), leyeron los mismos tebeos (El guerrero del antifaz, Roberto Alcázar y Pedrín, El Capitán Trueno), vieron los mismos programas de televisión (Rin-Tin-Tin, Historias para no dormir), admiraron a los mismos héroes del deporte (Bahamontes, Timoner) e hicieron las mismas colecciones de cromos. Y durante la adolescencia leyeron las mismas revistas («Mundo Joven», «Disco Express») y oyeron la misma música pop: Pekenikes, Módulos y el rock de Iron Butterfly, Hendrix y Led Zeppelin.

Tomando como hilo conductor la agonía de su padre en un hospital de Madrid (cada capítulo comienza y termina evocando los días en los que espera un fatal desenlace), J. Benito Fernández se vale de este episodio para rescatar los momentos y las experiencias que compartió con su progenitor, a través de las que accede a otros recuerdos, a la manera de la famosa Magdalena de Proust.

Es curiosa también la utilización de sonidos como recurso para estimular la memoria y rescatar otros recuerdos, algunos muy presentes y otros que ya creía olvidados.

Los años de la infancia son los que ocupan la mayor parte de las doscientas páginas de este libro. Una infancia vivida entre abuelos, padres, tíos y vecinos en una sociedad rural herida por la emigración y las dificultades económicas.

Fueron estas circunstancias las que obligaron a su padre a buscar trabajo en Madrid, a la familia a iniciar una nueva vida lejos de los orígenes rurales y al niño a adaptarse a la condición urbana, más inhóspita que la del paraíso perdido de aquellos años.

Sólo volverá a él durante las vacaciones o para asistir a acontecimientos familiares, sin perder del todo el contacto con aquel mundo, que ahora recrea con nostalgia. La novela es un homenaje a este mundo desarraigado de sus raíces, al mundo de la inmigración exterior e interior.

Asombra la precisión de Benito Fernández en relación con los nombres, los lugares y las circunstancias que recoge en estas memorias, que interpretaríamos como ciertas si tuviésemos en cuenta que desde el primer capítulo promete no mentir.

El taller de carpintería de su padre, las tiendas de ultramarinos, la cantina, los espacios de la casa familiar, los personajes con nombres de otra época (el ladrón Veremundo, el borracho Ruzo, el ciego Porfirio), los apodos de los vecinos, las romerías y las verbenas animadas por orquestas como Los Magos de España, cuyo vocalista era novio de una de sus tías… y, en el cambio de vida, el asombro del niño a su llegada a Madrid: el tráfico de la Gran Vía, iluminada y llena de carteles de cine y publicidad, los baños en la piscina, la vida en el barrio, el colegio, los nuevos vecinos…. desfilan a lo largo de estas páginas en forma de recuerdos impregnados de nostalgia.

Para suplir el contacto con la naturaleza evoca las excursiones al río Alberche y al Manzanares, y se asombra de las nevadas y del frío del invierno, tan diferente al de Galicia.

El recuerdo de la represión durante el franquismo es otro de los recuerdos presentes en la memoria de aquellos primeros años: los falangistas del pueblo, la lista de los caídos en la fachada de la iglesia, el referéndum franquista, el miedo a hablar de la guerra civil.

No podían faltar los episodios que determinaron la forja del escritor, quien nació en una casa en la que no había libros: los manuales escolares de literatura que fomentaban la lectura de los clásicos del Siglo de Oro junto a las obras de los Hermanos Álvarez Quintero, Pemán o José María Gabriel y Galán mientras ignoraban a García Lorca, Antonio Machado o Miguel Hernández. Y el posterior descubrimiento de los autores de la literatura europea y americana. Para recrear todos estos recuerdos el escritor utiliza un lenguaje poético con el que mitifica aquella atmósfera.

La parte dedicada a la adolescencia aborda las primeras discotecas, el primer amor, el descubrimiento del sexo y las escuchas clandestinas del «Je t’aime moi non plus» de Jane Birkin y Serge Gainsbourgh. Y las nuevas amistades, algunas víctimas de drogas y accidentes de tráfico.

Benito Fernández cuenta aquí su primer trabajo como montador en TVE, donde después hizo una larga carrera de periodista en «Informe Semanal» y en la sección de cultura de los Servicios Informativos. No está su última etapa, la de biógrafo de personajes como Leopoldo María Panero, Rafael Sánchez Ferlosio o Juan Benet. Esta parte final habrá de quedar para otro volumen porque este termina con la muerte de Franco, los primeros años de la transición política y la militancia del autor en la izquierda maoísta.

Llama la atención la dedicatoria de estas memorias «A quien más dolor me causa», idéntica a la que Gonzalo Torrente Ballester incluye en el primer volumen de «Los gozos y las sombras» en referencia a su hijo Gonzalo Torrente Malvido, de quien Benito Fernández prepara una biografía. Tal vez se trate de un homenaje al autor de «La saga/fuga de JB», que también escribió unas memorias de infancia y adolescencia que tituló «Dafne y ensueños».

Francisco R. Pastoriza
Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural Asignaturas: Información Cultural, Comunicación e Información Audiovisual y Fotografía informativa. Autor de "Qué es la fotografía" (Lunwerg), Periodismo Cultural (Síntesis. Madrid 2006), Cultura y TV. Una relación de conflicto (Gedisa. Barcelona, 2003) La mirada en el cristal. La información en TV (Fragua. Madrid, 2003) Perversiones televisivas (IORTV. Madrid, 1997). Investigación “La presencia de la cultura en los telediarios de la televisión pública de ámbito nacional durante el año 2006” (revista Sistema, enero 2008).

DEJA UNA RESPUESTA

Escribe un comentario
Escribe aquí tu nombre