Nos damos cita en el Museo Thyssen a las 21:00 horas porque de 21:23 horas, los sábados, el museo nos espera con entrada gratuita, gracias a la colaboración de Turismo del Ayuntamiento de Madrid y el patrocinio de UBER, permitiendo la visita a la colección Carmen Thyssen de manera gratuita.

A esta buena noticia se suma la presentación de una muestra excepcional: Hammershøi, el ojo que escucha, del 17 de febrero al 31 de mayo, primera gran retrospectiva dedicada al maestro danés Vilhelm Hammershøi (1864-1916).

Se han reunido noventa óleos y dibujos del artista y de algunos de sus contemporáneos, ofreciendo un panorama de este pintor, considerado uno de los artistas daneses mas destacado de fin del siglo diecinueve, comienzos del siglo veinte y dándonos una visión de su época con la consolidación de las vanguardias mundiales.

Nacido en Copenhague, la ciudad de las torres y las dulces sirenas, trabajó casi siempre en su ciudad natal, no necesitaba viajar para encontrar sus temas ,generalmente interiores y algunos paisajes. Nació en el seno de una familia acomodada ya que su padre era un rico comerciante, desde niño tuvo inclinación a la pintura y comenzó a tomar clases a los ocho años. Su camino ya estaba marcado y joven ingresa en la Academia de Bellas Artes de Copenhague.

A los veintisiete años se casa con Ida, hermana de un amigo, quien será la compañera y modelo durante su vida.

La Historia del arte dinamarqués tiene orígenes remotos, recuerdo el Carro solar de Trundholm, del milenio II a C., un hito que corresponde a la edad de bronce y tiene relación con la mitología nórdica, se encuentra en el Museo Nacional de Dinamarca y recuerdo el asombro que me causó aquella pureza de líneas y el concepto de una yegua transportando el sol, un animal terrestre llevando el astro celestial con ruedas enormes, símbolos del movimiento solar.

Cuando se funda en Dinamarca la Academia Real de Bellas Artes, la mirada que había estado dirigida solo hacia el exterior, hacia Alemania y Países Bajos, inicia una tradición artística orientada hacia su propia historia y tradiciones.

Los artistas daneses se incorporarán a la nueva era del nacionalismo romántico, conocida como la Edad de oro danesa. Si bien esta Edad de oro tiene antecedentes en el mundo nórdico y luego en los numerosos frescos de la Edad Media, es a partir del siglo diecineueve cuando los artistas descubren su paisaje y la luz particular del norte, asimismo, enaltecen su hogar, sus interiores y descubren el «intimismo».

Son varios los artistas representativos de ese período, incluyendo los artistas del movimiento Skagen y Funen. Se destaca el escritor Hans Christian Anderson y el escultor Edvard Eriksen, quien esculpió la famosa Sirenita de Copenhague, en 1913.

En el siglo veinte las nuevas corrientes vanguardistas invaden Europa. En ese momento la figura de Hammershøe cobra interés, pero aunque alcanza éxito en su carrera, es un solitario, las vanguardias no lo asimilan y a su muerte cae en el olvido. Es a partir de la década del ochenta cuando se lo reconoce con muestras en el Museo Guggenheim de Nueva York, en Paris, y en otros países de Europa. En 1997, en Dinamarca, se emite una estampilla con su imagen.

Por qué ese redescubrimiento…

Son muchos los aspectos que atraen, por una parte, cierta actualidad en el manejo de la luz, por otra parte, sus temas: el paisaje danés, los interiores y, asimismo, la ambigüedad de sus cuadros que, como dice la guía del museo Thyssen, «mantiene abierta múltiples vías de interpretación que en las últimas décadas se ha enriquecido gracias a la búsqueda de conexiones con otros artistas europeos y a la contextualización con sus contemporáneos daneses».

Y no solo daneses, se puede relacionar con los maestros del pasado, sus raíces nórdicas, y los maestros del siglo diecinueve y veinte. En sus cuadros vive la tradición y la historia del arte danés, pero como diría Frank Sinatra: «a mi manera», o la manera de nuestro artista.

Por qué el subtítulo «El ojo que escucha»

El Museo Thyssen remite a la relación metafórica entre su pintura, el silencio, la aparente calma que trasmite y el interés del artista por la música. Añadiría que todo ojo de un pintor canta y escucha, percibe el susurro y la tempestad, intuye los sonidos de los colores y los ruidos de las líneas y los volúmenes.

En el caso de Hammershøe, se escucha el silencio y la vibración de la luz, se escucha el murmullo de la casa y la respiración del habitante. Es un ojo muy sensible y cauto. Es un ojo que nos invita a ver, escuchar y pensar.

La exposición está dividida por temas

1. Obertura

El pintor no duda de su camino y como diría Picasso: «Yo no busco, encuentro». Hammershøe ha encontrado en su ámbito cercano los temas y la paleta que configuran su estilo. Sus estudios académicos le dan base en el oficio, pero los obras que presenta en los salones oficiales de la Academia danesa no siempre son aceptadas, lo cual lo lleva a fundar un salón independiente, la Fire Udstiling, en 1891, donde expone las obras que se encuentran muestran hoy en el Thyssen.

2. Retratos y figuras

Los retratos son gran parte de su obra. Amigos, músicos, artistas, posan para él, mientras plasma fondos neutros, que no distraigan del sujeto. Nos presenta imágenes suspendidas en el tiempo.

Cabe destacar que toda su obra tiene un rasgo de atemporalidad ya sea por el manejo de la luz, por la evanescencia de sus figuras o la soledad de sus ambientes.

3. Ida, su mujer

Ida Isted era la hermana de uno de sus compañeros de estudio, con ella se casa y es una presencia constante en su pintura, a veces idealizada, otras emocional.

En general trata a la figura con cierto hieratismo similar a los frescos y pinturas egipcias, ese hieratismo afirma la distancia y la atemporalidad.

4. Interiores

Los cuadros de interiores lo hicieron un pintor exitoso. Tal vez, porque el público danés encontraba en estos cuadros un espejo, una identificación con sus vidas.

Se observan dos tipos de interiores: el interior con figuras y el interior vacío.

Lo extraño es que el artista llego a decir: «Siempre he pensado que había mucha belleza en un cuarto así, aunque no hubiese gente en el, quizás precisamente cuando no había nadie».

Este comentario nos hace pensar que el espacio vacío con presencia humana era un ámbito interrelacionado o tal vez invadido, pero que el cuarto solo, podía evocar la presencia humana pero también tenía en si mismo sentido, el sentido de la soledad, de que algo existe mas allá de lo humano.

5. Paisajes rítmicos

Son aquellos espacios fuera de los interiores del ámbito doméstico, son espacios rurales y a veces urbanos en donde no aparecen personas, desde una perspectiva elevada, a distancia. También pintó granjas o bien el paisaje plano de Dinamarca, envuelto en un áurea de soledad.

Aunque viajó por Europa, su tema era su país natal.

6. Años finales

Cuando se muda en 1908 a un nuevo estudio, retoma la figura humana en gran formato, a veces en tamaño natural, en distintas situaciones, con una representación más dinámica del cuerpo.

Después de quince años sin autorretratarse vuelve a hacerlo en 1911. Su muerte llega en 1916, en su ciudad natal.

Sus cuadros nos dejan la sensación de algo simbólico, atemporal, en paz. La luz se vuelve evanescente, irreal, hay un juego entre la imagen y lo que sugiere, un juego difuso, sin limites. El ojo escucha el silencio.

Viene a mi mente el poema de Góngora:

A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.

DEJA UNA RESPUESTA

Escribe un comentario
Escribe aquí tu nombre