El arqueólogo y erudito alemán Johann Joachim Winckelmann llegó a decir que Rafael Mengs era «el más grande artista de su tiempo y de los que vendrán». Fue muy importante la amistad de Mengs con este intelectual, basada en la admiración de ambos por la antigüedad grecorromana y por las obras de los maestros renacentistas y barrocos.
Lamentablemente esta amistad se rompió a raíz de un oscuro episodio sobre el falso fresco «Júpiter y Ganimedes», que Mengs pintó en 1760 y que hizo creer al alemán que se trataba de un hallazgo arqueológico que Winckelmann creyó y del que publicó encendidos elogios. Al descubrir el engaño se deshizo la amistad.
Sus contemporáneos consideraban a Mengs como una persona atormentada y antipática y de un perfeccionismo obsesivo (decía que una obra de arte nunca estaba terminada).
Considerado como uno de los artistas más influyentes de su época, gozó de un gran prestigio en vida, fue uno de los grandes renovadores de la pintura europea y no se entiende cómo desde su muerte en 1779 su nombre quedó en el olvido y su obra prácticamente marginada.
El Museo del Prado le dedicó dos exposiciones en 1928 y en 1979 para conmemorar los centenarios de su nacimiento y de su muerte, pero desde entonces apenas se volvió a hablar del artista.
Ahora, el mismo Museo del Prado le dedica una exposición que abarca una visión completa de la obra de Mengs, con 159 pinturas, grabados, dibujos y obras decorativas de esta figura que fue clave en el nacimiento del Neoclasicismo español entendido como «restablecimiento de las artes».
La exposición está organizada en diez secciones en las que se incluyen también las aportaciones al pensamiento teórico (Mengs escribió dos influyentes ensayos sobre pintura que se publicaron en italiano y en español) de un artista que fue referencia intelectual del arte ilustrado y cuya figura se proyectó en generaciones posteriores hasta Goya.
Hijo de Ismael Mengs, pintor y miniaturista de la corte sajona de Dresde, que le impuso los nombres de Rafael y Antonio debido a su admiración por los artistas renacentistas Rafael Urbino y Antonio Allegri Correggio, Rafael se formó en esta ciudad alemana y en Roma, en el Vaticano, donde recibió las influencias de los maestros renacentistas y barrocos, sobre todo de Rafael y Annibale Carracci, influencias que se proyectan en obras como «La lamentación sobre Cristo muerto» (un cuadro que pesa 334 kilos y mide más de tres metros de altura), que aquí se expone junto a la obra de Rafael «El pasmo de Sicilia», de las mismas dimensiones.
De la influencia romana destacan también el retrato del papa Clemente XIII y las copias de esculturas antiguas que formaron su ideal estético. En Dresde sucedió a su padre como pintor de corte en 1745 gracias a una serie de retratos como el de Augusto III, rey de Polonia y elector de Sajonia.






A su llegada a España Mengs fue nombrado pintor de la corte de Carlos III, quien se convirtió en su mecenas. Vivió aquí de manera intermitente desde 1760 hasta el año de su muerte en 1779.
Las obras de esta época del pintor se han reunido en la sección titulada «Pintor de Su Majestad católica y de la corte de Madrid», donde hay retratos de la familia real y de personajes de la España de la Ilustración.
Consiguió convencer al rey para que no se quemaran los cuadros de las colecciones reales que mostraban desnudos, algo que merecerá siempre nuestro agradecimiento, pues gracias a su intercesión se salvaron cuadros de Tiziano, Durero, Rubens y Velázquez entre otros. Después de los retratos de diferentes miembros de la familia real recibió el encargo de pintar en Italia a la familia de Carlos III, la gran ducal de Florencia y la real de Nápoles.
Desarrolló también una gran obra como muralista en Roma y en Madrid, representada por los frescos del Palacio Real de Madrid y Aranjuez. Después de pintar la bóveda de la iglesia romana de Sant’Eusebio inició el fresco del «Parnaso», también en Roma, calificado por Winckelmann como «la obra más bella de la era moderna». La diferencia entre ambas pinturas está tanto en su concepción artística como en la técnica utilizada para su realización.
Uno de los géneros que destacan en la obra de Rafael Mengs es la pintura religiosa. Pintó muchos cuadros de tamaños diversos destinados a la devoción en recintos privados, en la estela de Guido Reni y de Velázquez, pintor por el que no sentía mucho aprecio.
Estas obras se colocaron en estancias del Palacio Real de Madrid: «La Pasión de Cristo» en el dormitorio de Carlos III, con las tablas de la «Lamentación de Cristo muerto» y «El Padre eterno». El oratorio del rey albergó «La Anunciación» y «La adoración de los pastores», un cuadro en el que Mengs se incluye con un autorretrato.
La exposición se abre y se cierra con otros dos autorretratos, pintados en 1760 y 1773.
- TÍTULO. Antonio Raphael Mengs (1728-1779)
- LUGAR. Museo del Prado. Madrid
- FECHAS. Hasta el 1 de marzo de 2026




