Miguel Anxo Álvarez González
La mejora de la calidad de vida de los mayores es una preocupación cada vez más importante para nuestra sociedad. Todos los organismos e instituciones están promoviendo programas para trabajar en la atención a los mayores.
Esta atención debe dirigirse no sólo al tratamiento de sus enfermedades, sino también a la prevención de éstas y a la promoción de la salud.Por pura y simple reafirmación de justicia social e individual. Nuestros mayores la necesitan y se lo merecen.
Como gerontólogo, el bienestar de las personas mayores constituye un referente de búsqueda permanente en el marco de mi trabajo diario, una labor alimentada por la convicción y la apuesta por colaborar para conseguir la participación social de las personas mayores y contribuir a que tengan el envejecimiento activo necesario para evitar la dependencia en los últimos años de la vida. Ese bienestar nunca será posible si la persona no dispone, en condiciones, de la memoria.
El envejecimiento lleva asociados una serie de cambios tanto a nivel físico como psíquico que producen modificaciones significativas en la vida de las personas. Uno de estos cambios son las alteraciones que se suelen producir en la memoria a partir de la década de los cincuenta.
En estos casos está demostrado lo idóneo de seguir un programa de entrenamiento de memoria en el que se trabajen y ejerciten diferentes funciones cognitivas para que éstas se mantengan «en forma» y permitan al individuo el desarrollo de sus actividades cotidianas con resultados satisfactorios.
Conviene puntualizar que la mayoría de las veces estas pérdidas se producen por falta de atención y/o interés (las llaves que ponen en alerta al cerebro) y por errores de concepto al atribuir las pérdidas de memoria al paso del tiempo o a considerar que el envejecimiento normal origina estas deficiencias.
«Sin la memoria, la vida, no sería posible»
(Tomado de Montejo et al, 1999. Estudio de la eficacia de un programa de entrenamiento de memoria multicéntrico para mayores de 60 años. Revista Española de Geriatría y Gerontología, pp. 199-208).
La memoria constituye un proceso psicológico de primordial importancia. Muchas personas piensan que la memoria es recordar (momentos, conocimientos, experiencias), y en parte, están en lo cierto; sin embargo, no podríamos recordar si no guardamos previamente.
¿Qué es la memoria? Definir la memoria es hacer referencia, principalmente, a su función de almacenamiento y recuperación. La memoria es la capacidad que nos permite «registrar, retener y recordar» los estímulos que entran al cerebro por los sentidos, en ese orden, es decir, no podremos guardar sin un registro previo y no podremos recordar algo que no esté guardado.
Es un proceso cognitivo y complejo situado en el cerebro (la memoria no está en un lugar concreto del cerebro, sino que se distribuye por todas las regiones de éste).
Los seres humanos captamos la información y los estímulos que recibimos del exterior a través de los sentidos; si esos estímulos son relevantes y significativos, podrán ser registrados o codificados (convertidos en códigos); una vez registrados podrán pasar a la memoria (almacenados) y, posteriormente, cuando se necesiten, recordados (evocados).
Pongamos un ejemplo: si le preguntamos a un chino por el camino para ir a una calle y nos contesta en chino, nunca podremos recordar, porque la información es relevante, pero carece de significado.
La memoria no es una función aislada, está estrechamente relacionada con otros procesos cognitivos como la atención, la percepción, el pensamiento, el lenguaje, etc.
Para guardar nueva información y recordarla cuando sea necesario son necesarias tres fases, fases que han de realizarse en este orden, como hemos especificado: registro, retención y evocación o recuperación.
Para que la memoria funcione correctamente son absolutamente necesarios el interés y la atención ¿Por qué? Con la atención y el interés, le estamos diciendo al cerebro lo que es importante para nosotros en ese momento.
A finales de 2021 cayó en mis manos un libro titulado «El bazar de la memoria», escrito por Verónica O’Keane, profesora de psiquiatría y quien ejerce como consultora psiquiátrica en el Trinity College de Dublín. En la página 65 pude leer lo siguiente: «…, lo primero que aprenden los estudiantes de medicina cuando se trata de examinar un estado mental es la llamada orientación espacial, temporal y personal. Si el paciente no está lúcido, orientado en el tiempo, espacio y persona, entenderemos que algo muy grave está teniendo lugar en sus funciones cerebrales, ya sea de manera permanente o temporal…».
Destaco estas líneas para llamar la atención sobre la poderosa importancia que tiene la memoria en la vida de todos nosotros.
Hoy sabemos que la pérdida de la memoria es un proceso en el que intervienen multitud de factores, que interaccionan unos con otros haciendo que la variabilidad del resultado sea distinta para cada persona; sin embargo, podemos intervenir en algunos de esos factores mediante la estimulación cognitiva obteniendo mejoras significativas en todos los casos.
Añada a lo anterior una alimentación sana y equilibrada, reducir o eliminar el consumo de tóxicos (tabaco y alcohol), practicar actividad física, resumiendo: actividad física, psicológica y social.
- Miguel Anxo Álvarez es Gerontólogo, miembro del Grupo Senior de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología y de la Sociedad Galega de Xerontoloxía e Xeriatría. En su dilatada formación académica, destacan: Especialista en Nutrición y Dietética en Medicina Familiar y Comunitaria, Especialista en Psicopatología y Salud, Especialista en Estrés, Envejecimiento y Neurodegeneración. Colabora de forma habitual con diversas instituciones tanto públicas como privadas.
- Artículo remitido por José Antonio Sierra




