
Si usted mira el mapa del mundo colgado en su despacho, quítelo. Ya no sirve. Durante décadas nos contaron que la globalización era una autopista libre donde ganaba el más rápido. Hoy, esa autopista tiene dueño, peajes y controles policiales. Y el sheriff ya no es el «tío amable» de América: es un Estados Unidos que ha decidido que el mundo es suyo o no es de nadie.
En este escenario de «conmigo o contra mí», se negoció en los despachos de Bruselas y Nueva Delhi una póliza de supervivencia: el Tratado de Libre Comercio India-UE (FTA) y la hoja de ruta energética GOA 2026. , que se rubricó este 27 de enero 2026. No son simples acuerdos comerciales; son un intento desesperado de no acabar siendo vasallos digitales y energéticos del nuevo Washington.
El contexto: un Washington que ya no negocia, impone
Para entender por qué Europa e India se dan la mano, primero hay que mirar al «elefante en la habitación»: Estados Unidos ha cambiado.
La «OPA» energética sobre el planeta
Washington ya no necesita el petróleo de nadie; ahora es el mayor exportador de crudo y gas del mundo. Esto le ha permitido cambiar su política exterior:
- La OPA hostil. EEUU está ejecutando una maniobra de asfixia y control sobre los grandes depósitos fósiles ajenos, como Venezuela e Irán. Ya no son solo sanciones: es una «Oferta Pública de Adquisición» geopolítica. El mensaje es claro: «O tu petróleo fluye bajo mis condiciones y precios, o no sale».
- El grifo del gas. Europa lo vivió en sus propias carnes. Cortado el gas ruso, nos hemos enchufado al GNL (gas natural licuado) estadounidense, pagando la «tarifa de la libertad» a precio de oro.
La soberanía digital: el nuevo colonialismo
Si el petróleo es la sangre, los datos son el oxígeno. Y aquí EEUU ha impuesto una soberanía digital de facto. Sus nubes —Amazon, Microsoft, Google— guardan los secretos de Estado, las cuentas bancarias y las fotos de nuestros hijos. Europa e India se han dado cuenta de que viven en una casa alquilada digitalmente, donde el casero puede cambiar la cerradura cuando quiera.
El Tratado India-UE: la tercera vía
Aquí es donde el tratado rompe el guion que Washington quería escribir. Estados Unidos aspiraba a un mundo dividido en dos bloques estancos: el suyo y el de China. Europa e India han dicho: «Nos negamos».
¿Por qué este tratado enfada al sheriff?
Porque crea un bloque intermedio.
- India no se pliega. Compra armas a Rusia, tecnología a Europa y vende servicios a EEUU. Se niega a ser la «sucursal anti-China» que Washington deseaba. Con este tratado, India busca tecnología europea para convertirse en una potencia industrial propia (Make in India), no en una maquila de Occidente.
- Europa busca aire. La UE sabe que, si se desacopla de China —como exige EEUU— y no cuenta con India, su industria muere. Necesita un mercado de 1400 millones de personas para sus coches y su maquinaria, y un socio que, aunque complejo, comparte una base democrática mínima.
Propósitos y beneficios para la Unión Europea
Conseguir un De-risking frente a China: reducir la dependencia estructural de Pekín, viendo en la India un mercado alternativo de 1400 millones de personas y una plataforma industrial complementaria.
Poder normativo: exportar estándares laborales, medioambientales y digitales al Indo-Pacífico.
Acceso a mercados protegidos: reducción de aranceles en automoción, maquinaria, farmacéutica y energías limpias.
Propósitos y beneficios para la India
Legitimidad geoeconómica: acceder sin someterse, consolidándose como proveedor industrial alternativo a China.
Inversión y tecnología: atraer capital europeo y transferencia de conocimiento en sectores de alta tecnología bajo la iniciativa Make in India.
Consecuencias del tratado para España
España se enfrenta a una auténtica «prueba de estrés», con desafíos y oportunidades:
- Riesgos industriales y agrarios. La manufactura india de bajo coste puede presionar sectores españoles de valor medio-bajo. También se prevén tensiones en el sector agroalimentario por diferencias de estándares y precios.
- Oportunidad como hub logístico. Madrid puede reforzarse como nodo corporativo y financiero, puerta de entrada de inversiones indias con vocación europea hacia África y Latinoamérica.
- Liderazgo en energía verde. El know-how español en renovables e hidrógeno es altamente exportable ante el interés indio por descarbonizar su infraestructura.
GOA 2026: «adición» frente a la «dieta» occidental
Si el tratado es la política, la India Energy Week (GOA 2026) ha puesto los ladrillos de la realidad. Mientras Occidente —presionado por la agenda climática y los intereses financieros verdes— impone una «dieta» de renovables estrictas, India ha lanzado la doctrina de la «adición energética».
La metáfora del bufé libre
Imaginen que la transición energética es una cena:
- Modelo occidental (impuesto): «Retira el plato de carne (petróleo y gas) inmediatamente y come solo ensalada (solar y eólica)». Si te quedas con hambre o se va la luz, mala suerte.
- Modelo indio («adición»): «No quito el plato de carne porque lo necesito para andar. Pongo la ensalada al lado». India suma nuevas energías sin matar las viejas.
Ejemplos concretos de rebeldía estratégica
Soberanía logística (la flota propia). India no se fía de las rutas controladas por la US Navy. Por eso, su gigante estatal ONGC ha firmado con MOL para construir y operar su propia flota de buques gigantes de etano (VLEC), la mayor del mundo. Mensaje: «Yo traigo mi energía en mis propios barcos».
El «hackeo» de los biocombustibles. El 19 por ciento de la gasolina india ya es etanol. Un golpe directo a la dependencia del crudo dolarizado: su agricultura se convierte en pozos de petróleo.
Nuclear «a la carta». Mientras en Europa debatimos cierres, la Ley SHANTI permite reciclar viejas térmicas de carbón para instalar reactores SMR, aprovechando la red existente. Pragmatismo puro: no se quita un plato para poner otro; se mantienen ambos para que la industria no pase hambre.
España en el fuego cruzado: ¿víctima o jugador?
España ocupa una posición delicada, atrapada entre la espada regulatoria de Bruselas y la pared del pragmatismo indio.
El contraste es brutal. Mientras España debate fechas de cierre nuclear, India legisla para alcanzar 100 GW nucleares en 2047 mediante SMR sobre infraestructuras existentes. Ellos aseguran carga base; nosotros corremos el riesgo de apagar la vieja energía antes de tener garantizada la nueva, perdiendo competitividad industrial.
En el campo ocurre algo similar. India ha logrado que el 19,05 por ciento de su gasolina sea etanol, blindando su economía frente al dólar y el petróleo. España dispone de una potente industria de biocombustibles, pero corre el riesgo de la pasividad estratégica. Si no vinculamos la I+D a los nuevos mandatos de combustibles sostenibles de aviación (SAF), acabaremos comprando la tecnología a quienes ya aplican IA al «mantenimiento 4.0» de sus refinerías.
El equilibrio del «puente de plata»: riesgos y poder
Este nuevo orden no es un cheque en blanco. La apertura de mercados puede tensionar sectores tradicionales de valor medio-bajo. Pero ahí reside la oportunidad: España puede usar su soberanía hídrica y su liderazgo en hidrógeno verde —tecnologías que India necesita para alcanzar costes objetivo de 1,5 dólares/kg— como moneda de cambio estratégica. Así, deja de ser pieza pasiva para convertirse en el «puente de plata»: un nodo financiero y logístico desde Madrid que permita a las empresas indias saltar hacia Latinoamérica, esquivando los peajes del sheriff en Miami.
Conclusión: el fin del «mundo a sus pies»
Lo visto en Goa y en la letra pequeña del tratado revela grietas en el proyecto estadounidense de un «nuevo mundo a sus pies». India ha decidido ser un polo propio y Europa, consciente de su debilidad industrial y digital, se ha agarrado a ella.
Para el lector de Aquí Madrid, la lección es clara: se acabó la globalización naíf. Hoy, cada barril de petróleo, cada chip, cada reactor SMR y cada tratado comercial es una trinchera. Y España debe decidir, con urgencia, si quiere ser trinchera, víctima… o puente.



