El acuerdo entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur —bloque que integran Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay— suscita en Brasil un análisis crítico que combina esperanza económica, tensiones sectoriales y una percepción de Occidente dividido en el contexto de guerras comerciales y desafíos globales.
Desde Brasil, el periodista Mario Osava detalla en IPS Noticias cómo este tratado se percibe no solo como un pacto de libre comercio, sino como un indicio de reconfiguración geopolítica y económica en un mundo polarizado.
Qué es el acuerdo entre la UE y el Mercosur
El Acuerdo de Asociación UE-Mercosur es un tratado de cooperación política, comercial y de inversión que pretende crear una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, con un mercado combinado de más de setecientos millones de consumidores.
El Consejo de la Unión Europea autorizó recientemente la firma de dos instrumentos jurídicos: el Acuerdo de Asociación (político, sectorial y comercial) y el Acuerdo Interino de Comercio (centrado en la liberalización económica). Estos acuerdos están pendientes de ratificación por los parlamentos nacionales de la UE y del Mercosur para su plena entrada en vigor.
En España, este proceso ha sido objeto de debates largos y documentos publicados, como en 2020 cuando se destacó que el acuerdo no incluía requisitos ambientales vinculantes, lo que generó críticas desde organizaciones sociales y ecologistas.
Visión desde Brasil: oportunidades económicas y división social
En su análisis, Mario Osava describe el acuerdo no solo como un tratado económico, sino que «remienda un Occidente dividido», donde las tensiones comerciales, políticas y estratégicas han impulsado a América Latina a repensar alianzas tradicionales frente a actores como Estados Unidos y China.
Desde Brasil, observadores ven en el acuerdo una oportunidad para diversificar mercados y aumentar el acceso al comercio global. Un sondeo de la Confederación Nacional de la Industria (CNI) de Brasil señala que este tratado podría incrementar el acceso de Brasil al comercio mundial del 8 al 36 por ciento de importaciones.
En el plano político, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva definió la aprobación del acuerdo como «un día histórico para el multilateralismo», destacando el papel de Brasil en la reanudación del diálogo con la UE para salvar puntos muertos de negociación.
No obstante, existe división dentro de Brasil. Sectores como el agroindustrial muestran posiciones encontradas: algunos celebran la ampliación de mercado y la reducción de aranceles, mientras otros temen que las cláusulas de salvaguardia impuestas por la UE limiten la competitividad o generen competencia desigual.
Estas tensiones reflejan una discusión más amplia sobre la relación entre liberalización comercial y protección de sectores vulnerables, una cuestión que también ha generado protestas significativas en Europa, especialmente entre agricultores que temen una competencia que pueda comprometer sistemas productivos locales.
Actualidad: ratificación, desacuerdos y procesos legislativos
Brasil ha enviado el acuerdo al Congreso Nacional para su ratificación, con el objetivo de acelerar el proceso mientras sigue el debate en la Unión Europea ante la posibilidad de aplicación provisional, incluso si el tratado completo no entra en vigor de inmediato.
Mientras tanto, en Europa, el Parlamento Europeo ha remitido el acuerdo al Tribunal de Justicia de la UE (TJUE), lo que podría alargar la entrada en vigor y plantea incertidumbres respecto a cuándo y cómo serán aplicables los compromisos comerciales.
Las protestas con tractores en Berlín y otras manifestaciones reflejan el malestar de agricultores europeos que cuestionan que el acuerdo pueda poner en riesgo sus medios de vida y estándares ambientales.
Desde una perspectiva de derechos del consumidor, estas movilizaciones subrayan la importancia de garantizar que los acuerdos comerciales contemplen salvaguardias sociales y ambientales robustas que no sacrifiquen la sostenibilidad ni la producción local frente a una liberalización que favorezca únicamente a grandes conglomerados.
Claves para los lectores de Aquí Madrid
- Economía y derechos de consumidores: el acceso a un mercado ampliado puede generar productos más competitivos, pero exige mecanismos que protejan empleo, calidad y estándares sociales.
- Sostenibilidad ambiental: la integración comercial debe alinearse con compromisos climáticos para responder a preocupaciones sobre deforestación y emisiones.
- Participación ciudadana: la sociedad civil de ambos bloques, incluidos sindicatos, organizaciones de consumidores y ecologistas, debe ser parte del debate para equilibrar beneficios y riesgos.
- Transparencia legislativa: la ratificación en parlamentos nacionales debe incluir escrutinio público y mecanismos de rendición de cuentas para los ciudadanos.




