«La tarta del Presidente», una fábula infantil inteligente y universal

«La tarta del Presidente» («Mamlaket al-qasab »), primera película iraquí que ha encontrado un hueco en la restringida lista de los filmes que aspiran al Oscar a la Mejor Película Internacional de 2025, es una deliciosa fábula sobre la pequeña Lamia -una niña de nueve años que tiene como compañero de juegos un gallo a quien llama Hindi- a quien su maestro encarga la confección de una tarta para el presidente Sadam Hussein en el día de su cumpleaños.

Ganadora de la Cámara de Oro a la mejor ópera prima y el Premio del Público en la Quincena de Cineastas del Festival de Cannes 2025, «La tarta del Presidente» es una sátira sombría que denuncia la dictadura en el «Irak de los años noventa»: aunque no se precisa exactamente el año está claro que ya han tenido lugar la Guerra del Golfo y la inolvidable «Tempestad del desierto».

Lo que si conocemos es la fecha: el 26 de abril, dos días antes del cumpleaños de Saddam Hussein cuando, a pesar de la represión generalizada y la miseria imperante en todo el país –con excepción de las élites del entorno presidencial que se han preocupado de exportar todas las riquezas del país y colocarlas en cuentas, fondos y bancos exteriores- el Presidente ordena que todo el pueblo se sume a la celebración de la fecha con la mayor pompa posible, y muy especialmente los niños de la escuelas.

La conmovedora anécdota es absolutamente verídica, forma parte de los recuerdos de infancia del realizador Hasan Hadi («Ebb & Flow» ): «Todos los años era lo mismo en la escuela. El profesor llegaba, metía nuestros nombres en una caja e iba sacando los nombres de los elegidos. Una vez me tocó llevar las flores, para alivio de mis padres ya que no costaban poco. Algunos escapaban gracias a la corrupción. El niño decía al profesor: mi padre te arregló la bici…mi padre te hizo unos pantalones nuevos…» .

En un país donde el maestro puede sumarse a la infinita lista de los corruptos sorteando un pastel relleno de crema, es la pequeña Lamia quien resulta «agraciada» con el encargo de confeccionar «la tarta del presidente» que, a mayor gloria del dictador, será el maestro quien disfrute lo que considera «el mejor invento del ser humano» .

Y en este punto comienza la aventura de Lamia –una huérfana que vive con su abuela Bibi (Waheed Thabet Khreibat), anciana y enferma, en una casa de ramas y paja en una zona pantanosa, quien diariamente asiste a la escuela remando sola en la barcaza familiar -para conseguir, sin dinero y en periodo de hambruna, los ingredientes –harina, azúcar, huevos, leche y levadura- que le van a permitir confeccionar el pastel que celebre el aniversario del Presidente, para lo cual deberá echar mano tanto de su inteligencia como de su imaginación.

Con su compañero de escuela Said (Sajad Mohamad Qasemen), la pequeña Lamia –interpretada por una deliciosa preadolescente Baneen Ahmad Nayyef – protagoniza toda una odisea recorriendo Bagdad y viviendo una serie de peripecias, imprevistos y dramas, en busca de los ingredientes: los niños nos irán descubriendo el absurdo y la crueldad del día a día de sus compatriotas, pertenecientes a distintos estratos sociales, mientras recorren una comisaría de policía, un hospital, una mezquita, varios negocios de comerciantes y, sobre todo, las calles de la ciudad en unos años difíciles para la mayoría de la población, como el padre de Said que se encuentra en la cárcel.

«La tarta del Presidente» es una película inolvidable. Con la excusa del encargo de confeccionar una tarta, nos va contando muchas cosas sobre el Irak de aquellos años y sobre una población que a duras penas conseguía malvivir afectada por las sanciones occidentales, una población afectada por la precariedad e incluso la miseria, obligada a rendir un culto sin fisuras a un tirano apoyado en instituciones gangrenadas por la corrupción, donde había que sobornar desde el médico hasta el policía y donde los maestros chantajeaban a sus alumnos.

Una población educada en un patriarcado y una misoginia brutal, en la que los hombres eran «propietarios» de los cuerpos de las mujeres y los niños. Un país al borde del caos donde la gente, que a duras penas consigue alimentarse, continúa celebrando el cumpleaños del dictador.

Y todo sobre el fondo de los repetidos bombardeos estadounidenses y las penurias generalizadas. Una especie de road-trip alimenticio que es también un viaje iniciático que conduce a la pérdida de la inocencia.

El realizador de este delicioso cuento de supervivencia, comedia dramática –amarga y dulce- sobre la que planean los ataques militares y la sombra de la muerte visto a través de los ojos de la infancia, ha tenido el buen gusto de aderezarlo, pese a las inevitables gotas de crueldad que acompañan cualquier aprendizaje a vivir, con una poesía casi desesperada y un humor de los que despiertan sonrisas. Salimos del cine con el corazón encogido y la certeza de haber visto una película de las que «entran pocas en la docena».

  • «La tarta del presidente» , altamente recomendable para espectadores adolescentes, estará en la cartelera madrileña a partir de mañana, viernes 6 de febrero de 2025.
Mercedes Arancibia
Periodista, libertaria, atea y sentimental. Llevo más de medio siglo trabajando en prensa escrita, RNE y TVE; ahora en publicaciones digitales. He sido redactora, corresponsal, enviada especial, guionista, presentadora y hasta ahora, la única mujer que había dirigido un diario de ámbito nacional (Liberación). En lo que se está dando en llamar “los otros protagonistas de la transición” (que se materializará en un congreso en febrero de 2017), es un honor haber participado en el equipo de la revista B.I.C.I.C.L.E.T.A (Boletín informativo del colectivo internacionalista de comunicaciones libertarias y ecologistas de trabajadores anarcosindicalistas). Cenetista, Socia fundadora de la Unió de Periodistes del País Valencià, que presidí hasta 1984, y Socia Honoraria de Reporteros sin Fronteras.

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