España Crece: sin músculo público no hay soberanía económica

El año 2026 marca un punto de inflexión silencioso pero decisivo en la economía española. Se apagan los focos de los fondos Next Generation EU y, con ellos, la narrativa de la «recuperación asistida». En su lugar emerge un intento explícito de algo más ambicioso: convertir al Estado en inversor estratégico permanente.

Ese es el sentido profundo del Fondo soberano España Crece, presentado por el Gobierno de Pedro Sánchez como la pieza central de la arquitectura económica post-pandemia.

No estamos ante una prórroga presupuestaria ni ante un nuevo plan de subvenciones. El fondo nace para evitar el precipicio fiscal que deja el final del marco NextGen y, al mismo tiempo, para corregir uno de los déficits históricos del modelo español: la incapacidad de transformar crecimiento coyuntural en potencia productiva sostenida.

Nota inicial · WGS 2026: por qué Dubái y por qué ahora

El World Government Summit 2026 (WGS), celebrado en Dubái, es uno de los foros globales más influyentes donde gobiernos, fondos soberanos, grandes corporaciones tecnológicas y organismos multilaterales discuten —a puerta abierta— cómo se gobierna la próxima década. No es un think tank académico ni una cumbre protocolaria: es un mercado político-financiero de ideas, capital y alianzas estratégicas.

En ese escenario, Pedro Sánchez presentó el plan España Crece como carta de presentación de la nueva arquitectura económica española post-NextGen. La elección del WGS no es neutra: es el lugar donde hoy confluyen los grandes decisores de capital paciente, especialmente de Oriente Medio, con apetito por infraestructuras, energía limpia, tecnología y vivienda a largo plazo.

¿Por qué Dubái?

Hay al menos cuatro razones estructurales para que España haya optado por Dubái —y no Bruselas, Davos o Washington— como escenario de lanzamiento internacional:

  1. Capital soberano disponible
    Dubái es la puerta de entrada a fondos soberanos como Mubadala, Masdar o ADIA, actores con capacidad de coinversión masiva y horizontes de décadas. Justo el tipo de capital que necesita un fondo diseñado para movilizar hasta 120.000 millones de euros.
  2. Alineamiento energético y verde
    La apuesta española por renovables, almacenamiento e hidrógeno verde encaja mejor con la estrategia de transición de los Emiratos que con otros polos financieros aún anclados a fósiles. Presentar el plan allí refuerza la credibilidad verde del proyecto.
  3. Geopolítica post-atlántica
    En un mundo cada vez menos bipolar, Dubái funciona como nodo neutral entre Asia, Europa y África. España se proyecta así no solo como economía europea, sino como plataforma de inversión euro-mediterránea.
  4. Mensaje interno y externo
    Internamente, el gesto comunica ambición: España no espera pasivamente a Bruselas, sale a buscar capital. Externamente, transmite que el país ofrece proyectos estructurados, con Estado inversor y reglas claras, no solo oportunidades coyunturales.

En síntesis, presentar España Crece en el World Government Summit es una declaración de intenciones: España quiere jugar en la liga donde se decide el capital estratégico del siglo veintiuno. No es un gesto simbólico, sino una operación de posicionamiento.

Con este marco, el artículo que sigue no analiza un anuncio más, sino un intento deliberado de redefinir el papel del Estado, del mercado y de España en la economía política global de la próxima década.

España Crece:

Del estímulo al músculo

España llega a 2026 creciendo por encima de la media europea. Pero bajo esa fortaleza late una debilidad conocida: productividad estancada, inversión privada insuficiente en capital avanzado y dependencia excesiva de sectores intensivos en empleo, pero no en tecnología.

Ahí es donde España Crece introduce un cambio de lógica. Los recursos se canalizan a través del Instituto de Crédito Oficial, que deja de actuar como simple agencia financiera para convertirse en un verdadero banco público de inversión. La clave no es el volumen inicial, sino el apalancamiento: capital público como ancla y capital privado como multiplicador, con un objetivo explícito de movilización que multiplica por diez la dotación de partida.

Cuando el mercado empieza a descontar que el Estado deja de ser amortiguador coyuntural para convertirse en inversor estable, el Ibex deja de moverse solo por ciclo y empieza a construir suelo.

Vivienda: política industrial con ladrillos nuevos

Que la vivienda sea el primer destino del fondo no es casualidad. Es el principal cuello de botella social y económico del país. Pero la apuesta va más allá de «construir más»: se trata de reordenar el mercado.

El ICO puede entrar en el capital de promotoras y vehículos de proyecto, asumir riesgo promotor y atraer a grandes inversores institucionales hacia el alquiler asequible de largo plazo. Y, sobre todo, se prioriza la vivienda industrializada: fábricas, módulos, procesos off-site (fuera de la construcción del edificio). Menos retrasos, menos sobrecostes y más empleo industrial estable. Política social, sí; pero también política productiva.

Energía: soberanía verde sin ambigüedades

En el ámbito energético, el fondo traza líneas rojas claras. No habrá dinero público para nucleares ni para fósiles. Es una decisión política que define modelo: toda la potencia financiera se dirige a renovables, redes, almacenamiento e hidrógeno verde.

Esto sitúa a España en una posición nítida dentro de la transición energética europea. Almacenamiento masivo, electrolizadores, economía circular y reciclaje de infraestructuras verdes no son complementos, sino ejes estratégicos. El mensaje al mercado es inequívoco: aquí se invierte en descarbonización real, no en transiciones diluidas.

PERTE, semiconductores y la apuesta por los chips open source

Si España Crece es el brazo financiero del nuevo Estado inversor, los PERTE deberían ser su sistema nervioso industrial. En especial, el PERTE Chip concentra una de las tensiones clave de la política económica post-2026: cómo construir soberanía tecnológica real sin intentar competir en un terreno donde Europa —y España— llegan estructuralmente tarde.

Del PERTE subvención al PERTE capital

El balance inicial del PERTE Chip es elocuente: baja ejecución, complejidad administrativa y dificultades para atraer grandes proyectos industriales clásicos. No por falta de ambición, sino por un error de diseño: intentar impulsar una industria intensiva en capital, riesgo y plazos largos con instrumentos pensados para subvenciones lineales.

Aquí España Crece introduce un giro decisivo. Al permitir operar con equity, préstamos participativos y coinversión, el PERTE deja de ser un programa de ayudas para convertirse en una política industrial de capital paciente. Esto abre la puerta a un posicionamiento más realista dentro de la cadena de valor global de los semiconductores.

La ventana estratégica: Chips open source

España difícilmente competirá en fabs de vanguardia frente a Estados Unidos o Asia. Pero sí puede hacerlo en un terreno menos visible y estratégicamente crítico: arquitecturas abiertas, diseño de chips, integración software-hardware y estándares open source.

Los Chips open source ofrecen una ventaja estructural clara:

  • Menores barreras de entrada en capital.
  • Control del stack tecnológico y reducción de dependencias geopolíticas.
  • Sinergia directa con IA soberana, edge computing y centros de datos europeos.
  • Encaje natural con el modelo europeo de cooperación público-privada.

Aquí el PERTE Chip puede mutar de un proyecto industrial clásico a un PERTE de soberanía computacional, alineado con la IA abierta, los modelos en español y la infraestructura digital estratégica.

España Crece como catalizador del ecosistema abierto

El fondo soberano permite cambiar la escala y el enfoque: no financiar campeones cerrados, sino invertir en ecosistemas. Diseño fabless, spin-offs universitarias, infraestructuras compartidas de prototipado y, clave, compra pública estratégica. El Estado como primer cliente de chips abiertos para defensa, energía, movilidad o administración.

Esta lógica conecta directamente con la IA soberana europea: entrenar modelos sin controlar el hardware subyacente es aceptar una dependencia estructural. Aquí se juega una parte silenciosa, pero decisiva, de la autonomía tecnológica.

Gobernanza: el equilibrio delicado

El corazón político del fondo es el Comité de Inversiones Estratégicas. Su función es alinear inversiones con seguridad económica e interés nacional; su riesgo, la politización. De este equilibrio dependerá que el fondo eleve el crecimiento potencial o se diluya en una suma de decisiones tácticas sin impacto estructural.

Para los mercados, la gobernanza no es un detalle institucional, sino una variable de riesgo: de su calidad dependerá que España Crece sea percibido como palanca de estabilidad o como pasivo contingente.

Dubái, capital y geopolítica

La presentación internacional del fondo en Dubái no fue decorativa. Fue diplomacia financiera en estado puro: atraer capital paciente, verde y de largo plazo. España se ofrece como plataforma europea de inversión en vivienda, energía y tecnología, en un mundo donde el capital ya no fluye solo por rentabilidad, sino por alineamiento estratégico.

Los desafíos críticos: Lo que determinará el éxito

Para que esta arquitectura no colapse, el plan debe abordar cuatro elementos que trascienden la mera disponibilidad de capital:

Sostenibilidad y reglas fiscales

Aunque el fondo nace para paliar el fin de las ayudas europeas, su integración en la contabilidad nacional debe ser quirúrgica. En un contexto de retorno a las reglas fiscales de la UE, la capacidad de apalancamiento (multiplicar por diez la dotación inicial) es vital para no comprometer la calificación crediticia del Estado. El éxito depende de que estas inversiones generen un retorno real que supere el coste de la deuda.

Seguridad jurídica y competencia

La transición de «Estado subvencionador» a «Estado inversor» conlleva riesgos de gobernanza. El Comité de Inversiones Estratégicas debe operar con criterios técnicos para evitar la politización y asegurar que la entrada en el capital de empresas privadas no sea vista por Bruselas como una distorsión de la competencia, sino como una corrección de fallas de mercado.

Agilidad administrativa y gestión de talento

El fracaso relativo de los primeros PERTE se debió a una burocracia pensada para ayudas lineales, no para el capital riesgo. El nuevo modelo de equity y préstamos participativos exige una reforma interna en la administración que permita actuar con la rapidez del sector privado.

Nota sobre capital humano: Ninguna apuesta tecnológica, como los chips open source o la IA soberana, prosperará sin un plan paralelo de formación masiva que garantice el talento necesario para operar estas nuevas industria

Ibex 35, 18.000 puntos como suelo

Leído en clave Ibex, España Crece es una apuesta por cambiar el suelo estructural del mercado español: menos dependencia del ciclo, más peso de sectores intensivos en capital y tecnología, más Estado inversor y menos Estado subvencionador.

No es garantía de éxito. Pero sí una ruptura con el pesimismo fácil que asume que Europa —y España— llegan tarde a todo. Aquí la tesis es otra: sin músculo financiero público no hay soberanía económica posible. Y, al menos esta vez, la respuesta no es resignación, sino arquitectura.

2026 no será el año de los titulares espectaculares. Será el año en que se decida si España convierte la excepcionalidad de los NextGen en estructura permanente o si deja pasar, otra vez, la oportunidad. El juez será el tiempo. El suelo —cada vez más claro— está en juego.

Ver:

DEJA UNA RESPUESTA

Escribe un comentario
Escribe aquí tu nombre